Otra vez los glaciares

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Artículo de opinión de Ricardo Olivera


Hace poco se quejaba de que, en lugar de discutir la paritaria docente, se estaba discutiendo si Roberto Baradel, el pelilargo y desaliñado dirigente sindical de los maestros de la provincia de Buenos Aires, tenía título. Marta Maffei, quien organizara la recordada Carpa Blanca en la Plaza de Mayo en 1997, durante la administración del Presidente Carlos Menem, disparó el tema en 2008 proponiendo desde su banca de diputada nacional una ley de protección de glaciares. A Cristina Kirchner, Presidente nacida en Buenos Aires pero educada en el poder desde la provincia de la mina Cerro Vanguardia, Santa Cruz, no le tembló el pulso para firmar el veto. En el segundo intento, ahora por los legisladores Miguel Bonasso y Daniel Filmus en 2010, acobardada por la derrota electoral de 2009 prefirió ser práctica: ‘Que se jueguen los senadores y diputados de las 11 provincias de la cordillera, yo no arriesgo más capital político‘. Filmus, que peleaba la vicepresidencia de un segundo mandato de Cristina, levantó la bandera ecológica sin la vergüenza de pertenecer a la Capital Federal, el distrito más contaminado del país. Así quedó sancionada la única ley de glaciares que hay en el mundo, se la reglamentó al año siguiente pero hasta hoy no se puso en práctica por no completarse el inventario de las masas de hielo. San Juan sí lo hizo pero el resto del país no.

El francés Alexis de Tocqueville, llegado a América para estudiar una nueva forma de gobierno, la democracia, advirtió en su famoso escrito el peligro que viaja como maleta junto a las bondades del sistema: al solo valer la aritmética sin importar el conocimiento que los votantes sepan de lo que se trata, se pueden convalidar graves errores difíciles de enmendar. Una vez expresadas las mayorías y minorías circunstanciales pasará algún tiempo hasta que la situación cambie y ese tiempo puede prolongar el daño y a veces la injusticia. La moda y el esnobismo suelen afectar también las ideas y la mezcla explosiva de esa irracionalidad con la pasión quitan perspectiva a los hechos y a las necesidades de una sociedad. Es la tormenta perfecta que se desató en nuestra espalda para detener durante ya casi siete años la inversión en exploración en toda la extensión de nuestra cordillera de los Andes. Se puede disentir en las cifras, pero todas las cuentas coinciden cerca de los U$S 20.000 millones, unos 8.000 en la provincia de San Juan. ¿Es sólo una cuestión de plata? Por supuesto que no. En toda actividad humana es preciso cruzar los costos con los beneficios, porque se engaña quien supone que pueda haber acciones de las que dan razón a la vida que no modifiquen en alguna medida al planeta. Si los costos fueran mayores que los beneficios tanto para el planeta como para los seres humanos, sería absurdo intentar algo por el sólo hecho de que alguien lo desee. Si, por el contrario, considerando que algún costo deberá existir, estos fueran infinitamente menores a las bondades del resultado, se deberá seguir adelante aventando las críticas o las posiciones de sectores o personas. Ni la voracidad del viejo capitalismo ni el esnobismo de la nueva izquierda fundambientalista. En eso consiste la tarea de los estadistas, clase cada vez menos presente en nuestro mundo tanto como el sentido común o la sensatez.

Para colmo, la ambición ideológica de los propulsores de esta ley, no se conformó con legislar sobre lo que desconocían, abarcó también un área indefinida llamada ‘periglacial‘ dentro de la cual tampoco se debería desarrollar actividades industriales. Esa tierra congelada que algunos suponen podría llegar hasta la provincia de Buenos Aires en Argentina o abarcar toda la superficie de Canadá, también ha sido descripta como tan ambigua que podría caber a una maceta depositada en un freezer. El absurdo es también una forma científica de hacer una demostración. Otra, también evidente son las comparaciones. ¿En qué ha afectado la explotación minera al clima de Bolivia, Perú, Chile, Canadá, Rusia (allí acaban de decidir trasladar un pueblo entero de localización para extender una mina subterránea de hierro) o Estados Unidos? ¿En qué ha menguado la belleza de sus paisajes naturales, muchos de los cuales visitamos cada vez que podemos? Mientras, hemos podido disfrutar la corriente eléctrica que transporta el cobre o construir rascacielos con acero o fundir aleaciones con estaño. La orfebrería, clase más alta del diseño humano, nos ha permitido desde la contemplación de la simple belleza hasta la adoración de objetos sagrados como el Arca de la Alianza que nos afanamos en buscar. Esta ley cuya aplicación estricta podría impedir cualquier actividad humana en toda la Patagonia, ha chocado con la realidad cuando los científicos comenzaron a inventariar la totalidad de los suelos que cumplen las condiciones del segundo párrafo del segundo artículo: ‘se entiende por ambiente periglacial a toda el área de suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico‘.

Hacen bien el gobierno nacional y los provinciales en corregir lo que está mal hecho y que no responde siquiera a programas de las grandes fuerzas políticas, al oficialismo actual o a la oposición, sino a un reducido grupo que pudo presionar en un momento muy breve de ausencia de liderazgo, recordemos que Cristina vetó el primer intento. Décadas de trabajo genuino y bien pago, exportaciones que el país necesita y desarrollo industrial accesorio están esperando. Que así sea

Diario de Cuyo