Santa Cruz: Buscan proteger áreas de posibles proyectos mineros

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Patrimonios, demoliciones, especulaciones: La Cueva de las Manos y su entorno ampliado viajan a la Unesco, mientras en Rosario les dan el gusto a los especuladores y en Barrio Norte hay temores.


Por Sergio Kiernan

Hay un patrimonio literalmente único en nuestro país, uno que la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos que preside Teresa de Anchorena acaba de proponer como universal. Hace miles de años -literalmente, miles- pobladores originales de esta América comenzaron a pintar en cuevas, aleros y murallones del hoy llamado río Pinturas, en Santa Cruz. El sitio más conocido es la Cueva de las Manos, que es monumento histórico nacional desde 1993 y está inscripta en el registro de Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1999. Lo que acaba de proponer la Comisión es una inscripción definitiva y ampliada, que tome la cuenca del río Pinturas y cree un verdadero parque arqueológico protegido a nivel internacional.

Esta cuenca es, desde el punto de vista histórico, de lejos el lugar más importante de la Patagonia, uno de los mejores de las Américas y uno de rango a nivel mundial. Una razón de este valor es que el conjunto está muy bien conservado, en parte por su aislamiento en el noroeste santacruceño. Otra razón es la profusión de figuras: el área es una serie de galerías de arte del Holoceno temprano. El motivo más difundido es de los negativos de manos, esas pinturas que consisten en el delineado con colores de una mano abierta. Pero también hay marcas de manos y escenas con animales y humanos, muchas con figuras dinámicas de primer nivel. También es llamativa la paleta de pigmentos que usaban los autores.

Las escenas de caza fueron pintadas a través de varias eras y muestran diversas técnicas de nuestros ancestros, como emboscadas, acorralamientos o persecuciones. Estas últimas, las de persecuciones de animales, son únicas en el país. También hay figuras de otros animales, como lagartos, representaciones de pisadas de presas importantes como el ñandú y un amplio repertorio de ornamentos y orlas geométricas y puntiformes.

Pero la novedad de esta propuesta es tomar una idea de la provincia de Santa Cruz y extender la protección a este tesoro nacional mucho más allá de la Cueva famosa. Es que ese sitio es una parte de una red de lugares donde los aborígenes se asentaban o al menos paraban por temporadas, y pintaban. Dentro de esta red se pueden discernir usos diferentes, como los que descubrieron los arqueólogos Carlos Gradin y Ana Aguerre, que identificaron sitios donde se hacían campamentos grandes, entre grupos diversos, y otros donde se pintaba casi por gusto, o por ritual. También hay lugares de ocupación más o menos permanentes, como el Alero Cárdenas y el Alero Charcamata, que muestran pinturas rupestres de diversas eras.

Cualquiera que vea estos patrimonios entiende enseguida por qué hay que protegerlo, con lo que queda la pregunta de de qué hay que protegerlo. Y la respuesta es, de la única actividad indiferente al aislamiento y las distancias, a la falta de agua y de caminos, la minería. La provincia de Santa Cruz declaró en 2015 que la cuenca del río Pinturas es un Paisaje Cultural y Natural. Esa ley 3394 crea áreas de protección, zonas de amortiguación y pasajes de transición, de modo que nada dañino se acerque a los bienes que hay que proteger. El pedido de inclusión de este paisaje que se presentó esta semana ante el organismo cultural de las Naciones Unidas es una manera de reforzar por mucho este tipo de protección. Por algo el pedido fue compartido entre la Comisión, el     Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, el Ministerio de Cultura y la Secretaría de Estado de Cultura de Santa Cruz.

En Rosario

Un lector atento manda una noticia que demuestra que la especulación inmobiliaria es un curro nacional, federal, imparable. En este caso, se están cargando un muy lindo edificio a la francesa en la calle Corrientes 726 de Rosario, Santa Fe. El edificio fue defendido con protestas vecinales, un petitorio con cinco mil firmas y un abrazo solidario, pero no hubo caso. Y eso que el dueño que encargó la destrucción de una pieza patrimonial es una institución pública, la Bolsa de Comercio.

Para mayor vergüenza, esta institución se tomó el largo trabajo de lograr que el Concejo Deliberante local descatalogara el edificio a demoler. Desde 2008, el edificio tenía un grado de protección 2B, para “edificios o conjunto de edificios autónomos sujetos a preservación de las envolventes, previéndose la revalorización de las fachadas por medio de intervenciones mixtas, restauración de elementos ornamentales o compositivos, transformación de carpinterías y ampliación de vanos e incorporación de nuevos elementos”. La Intendencia Municipal convalidó la destrucción del edificio con dos argumentos truchísimos: que era un edificio repetido y no único en su tipología, y que había sido modificado.

Esto es un conveniente y lucrativo pensamiento de laboratorio, porque el edificio podrá no ser una obra maestra y estar modificado, pero comparado a lo que se va a construir es una joya cultural. Pero el subsecretario de Planeamiento Javier Fedele respaldó la descatalogación y en apenas diez días el trámite salió de comisiones y fue votado por el oficialismo local y por los macristas, talvez felices de la chance de imitar a sus mentores porteños.

La Bolsa, en sus comunicaciones institucionales, no mencionó nada de esto y se concentró en resaltar que va a levantar un edificio “verde y sustentable”, con jardines verticales y una terraza con vegetación. Esto es una ventaja, porque así no se tendrá que sufrir el aburrimiento del diseño moderno de la nueva sede.

Un Kalnay

En la esquina de Aráoz y Santa Fe hubo por muchos años una estación de servicio de la Shell, y desde hace varios años hay un lote vacío. Hubo repetidos proyectos inmobiliarios por la ubicación y el tamaño del lote, y porque la zonificación permite torres de alta catadura. Pero los vecinos están muy alarmados por dos problemas sobre los que no consiguen respuestas claras: la existencia de tanques enterrados bajo el lote y la posible demolición de un edificio firmado por los Kalnay justo al lado.

El primer tema es alarmante porque la estación cerró por un accidente grave que pudo ser terrible, y no hay manera de saber si se retiraron los tanques de combustible subterráneos. Ni siquiera se sabe qué medidas se tomaron para garantizar la limpieza de un terreno saturado de combustibles por los años. El segundo tema abarca al edificio justo al lado del lote, por Aráoz, un Kalnay pequeño y obviamente anterior a 1940, que tiene la desgracia de dar por dos lados (un lateral y los fondos) a la futura torrezota. Los vecinos se ven venir una demolición y uno sospecha que, a lo sumo, la blandura de nuestra legislación permitirá salvar una fachada integrada a algo feo, mal diseñado, aburrido. Es el caso del edificio de Salguero casi Libertador, una torre gris que se va a comer dos bellas casas.

Habrá que estar atentos a ver qué se especula y qué se permite.

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