Buenos Aires: El obispo Hugo Salaberry les prometió a los empleados hablar con Michetti por Fanazul

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Los trabajadores desempleados son 220. Los 39 restantes, o son de planta permanente o bien son ex delegados protegidos por una medida cautelar. Ahora se abre esta posibilidad pero el escepticismo continúa


Alejandro Troman, ex delegado de Fanazul, adelantó que “el obispo de la diócesis de Azul, Hugo Salaberry, intercedería ante la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti para intentar reabrir la fábrica”.

“Nos pidió que le detalláramos qué hace la empresa, los detalles técnicos…, y bueno, es otra alternativa. Hemos hablado con tanta gente…, pero es una alternativa”, añadió.

De todos modos advirtió que “hay una decisión muy firme de parte del gobierno nacional. De hecho hubo una reunión en la que pudimos exponer nuestra parte y se pudo refutar punto por punto qué es lo que decía Fanazul. Les demostramos que no estaba dando pérdidas. Pero, una vez que terminó de exponer uno de mis compañeros punto por punto, el ingeniero Luis Rivas dijo que la decisión ya estaba tomada”.

Fanazul es una fábrica que se encuentra situada a 35 kilómetros de Azul, provee materiales para la defensa nacional e insumos para la minería como explosivos de alta calidad. Es la única fábrica que tiene una planta de proyectiles de alto calibre que abastece a las fuerzas armadas.

“Hace dos años que estamos viendo que el Estado Nacional no se ha dedicado a producir y no nos envían la materia prima necesaria, y, cuando lo han hecho, lo hicieron para abastecer al mercado en muy baja proporción”, dijo Troman, tras lo cual sostuvo que “dependemos directamente del Estado Nacional, por lo tanto hoy no tenemos trabajo. Se está implementando la misma política que en los Noventa basada en reducir el gasto público y tener un Estado mínimo”.

Cierre y consecuencias

Quien hoy está tomando las decisiones empresariales es el interventor, ingeniero Luis Rivas. “No ve que Fanazul tiene más de 70 años y está inserto en un proyecto de soberanía nacional”, añadió Troman.

Empleaba a 259 trabajadores que cobran unos 30 mil pesos mensuales cumpliendo un régimen laboral de 6 horas diarias.

De esa plantilla, hoy quedaron sin trabajo unos 220 empleados que aportan al mercado interno unos 8 millones mensuales. Por lo tanto no la pueden cerrar”, reprochó.

Para Troman, “se han ensañado con Azul siendo que es la fábrica más vieja. Ahora, los únicos que están yendo a trabajar son los compañeros que van a hacer mantenimiento, la gran mayoría son de planta permanente, y los ex delegados porque están cubiertos por un amparo judicial y no los pueden echar”.

El resto figuran como contratados desde hace varios años y nunca los normalizaron, “pero, en vez de reparar la situación, este Gobierno nos cerró la fábrica”.

El último sueldo que cobraron fue el de diciembre y a partir de ahí, nunca más. “Voy sobreviviendo día a día. El Municipio nos dio un subsidio por alquiler y ahora hay que buscar trabajo pero Azul está muerto. Lo del frigorífico fue una puesta en escena. Cuando Bertellys habló de esa posibilidad, salieron del mismo frigorífico a desmentirlo. Fue un absurdo”, dijo Troman.

Apuntó además que “en Luz Azul entraron tres y echaron tres. Es decir, quieren desinflar el conflicto. El mercado de Azul y regional se perdió 8,5 millones de pesos y eso va a traer problemas de desempleo en cadena. Van a hundir el mercado interno. Pero ellos avanzan y no sabemos aún por qué cierran”.

Ahora, con el compromiso expresado por el obispo Salaberry se les abre una cierta esperanza aunque Troman no cree que exista alguna esperanza de que reabran la fábrica. “Pero si es una instancia más, bienvenida sea”, deseó.

El Popular