¿Por qué la minería chilena puede ser una palanca de innovación de clase mundial?

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La revolución tecnológica que experimenta el mundo nos obliga a cuestionarnos como país. ¿Queremos ser espectadores y simples usuarios de los desarrollos que suceden en otras partes del mundo?¿O queremos avanzar en el tipo de relación que tenemos con el cambio tecnológico, hacia niveles de capacidades que nos permitan la adaptación, mejoras radicales y creación de nuevas tecnologías?


Estas preguntas, por lo demás, tienen implicancias profundas en nuestros niveles de desarrollo potenciales: un país con capacidades tecnológicas y de innovación básicas permanece en niveles de desarrollo básicos.

Buenos augurios para el cobre

La revolución tecnológica, por otra parte, anuncia excelentes noticias para la minería del cobre, la principal industria de nuestro país: la electrificación, las energías renovables, la digitalización impulsarán el consumo del metal rojo.

Los autos eléctricos, calculan algunos, incrementarán el consumo de nuestro principal producto en 1,5 millones de toneladas, y el Banco de Montreal anunció hace unos días que la producción de energía renovable requerirá tres veces esa cantidad de cobre al 2025. Los aumentos de consumo previstos solo en estas dos áreas… ¡superan la producción anual de cobre de Chile!

Chile produjo hasta hace pocos años el 36%, y hoy alrededor de 27% del cobre mundial. Tenemos el 30% de los recursos disponibles de cobre, y nuestro stock de capacidades en minería es gigante en comparación con otras áreas. Mantener la participación de mercado en torno a 30% es crítico, porque nos ayudará a capturar las positivas perspectivas de la demanda. Por el contrario, seguir descendiendo debilita un motor clave de nuestro desarrollo.

Lo que necesitamos

Sin embargo, mantener nuestra participación en la producción de cobre mundial no es fácil. Requerimos inversión, habilitación social de proyectos, productividad, y avances sustantivos en la mitigación de los impactos ambientales.

También necesitamos aumentar la tasa de éxito en la exploración, abordar la explotación tanto de minas más profundas como en zonas menos accesibles. Necesitamos crear condiciones más seguras para operar en entornos más exigentes, reducir el consumo de energía y agua y procesar minerales más complejos. Necesitamos crear sistemas de trazabilidad de la producción para consumidores cada vez más exigentes, especialmente en materia de sustentabilidad.

Requerimos también avanzar en nuevos modelos de explotación que desplieguen el potencial no solo de grandes yacimientos sino, por ejemplo, yacimientos más pequeños y distribuidos.

Por otro lado, no existe en Chile una actividad del tamaño y la importancia mundial de la minería. ¿No son estos desafíos precisamente un espacio privilegiado para el emprendimiento y la innovación? ¿No es la minería el espacio perfecto para cruzar la revolución tecnológica mundial con los desafíos y particularidades de nuestra actividad productiva? ¿No es la minería, entonces, una puerta privilegiada para salir del lugar de espectadores y avanzar hacia el protagonismo de la revolución tecnológica?

Mauro Valdés

Máster en Derecho de la Universidad de Hamburgo, Alemania

http://claseejecutiva.emol.com/