Deporte y política: jugar en equipo de manera polifónica

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Artículo de Ricardo E. Lagorio,  Embajador de la República Argentina ante la Federación de Rusia


Cada cuatro años tiene lugar -parafraseando a Osvaldo Soriano- el evento deportivo más largo del mundo: el Mundial de fútbol. Y este año le corresponde a la Federación de Rusia ser el huésped de este acontecimiento único en lo deportivo y en lo social. Y como embajador argentino, más allá del honor y de la alegría de encontrarme en Moscú, me acerco al fútbol no solamente como hincha, sino también percibiendo sustantivos puntos de contacto entre diplomacia y fútbol. Ambos trabajamos sobre una materia análoga -mundo y pelota, redondos- basados en una similar estrategia: jugar en equipo de manera polifónica, cumplir las reglas de juego y patear para adelante.

El Mundial de Rusia de 2018 va a ser un gran evento que vamos a poder disfrutar en paz, tranquilidad y con un ambiente por demás afable, en un imponente marco de logística tecnológica de última generación y, por sobre todo, acompañado por la enorme calidez y empatía de nuestros anfitriones: el pueblo y la nación rusos.

La Copa del Mundo este año se va a jugar en el país geográficamente más grande del mundo, en 12 estadios distribuidos en 11 estupendas ciudades rusas. Nuestra selección nacional lo hará, en la primera fase, en Moscú, Nizhni-Novgorod y San Petersburgo. Pero allí no va a terminar: nos pueden esperar Sochi y Kazan.

Por ello es que la embajada argentina en Moscú y la cancillería argentina hemos diseñado un esquema logístico y funcional de acompañamiento, protección e información para los más de 30.000 conciudadanos que van a venir a ver el Mundial. Vamos a tener una oficina consular conjunta con nuestro socio estratégico del Mercosur Brasil en la ciudad de San Petersburgo durante todo el mundial.

Hemos visitado todas las sedes en donde juega y podría jugar la Argentina y hemos contactado a autoridades para acordar la necesaria logística y la presencia consular. A tal fin, vamos a desplazar a dos funcionarios diplomáticos a cada una de las sedes en donde juegue nuestra selección para que, 48 horas antes y después del partido, estén a disposición de nuestros compatriotas.

También hemos habilitado varias líneas telefónicas disponibles las 24 horas por cualquier emergencia que surja a nuestros connacionales.

Estas medidas y acciones concretas responden a la principal y primaria función de toda embajada argentina: defender y atender los intereses de nuestros compatriotas. Por eso es que el mensaje que queremos transmitir es de confianza y tranquilidad.

Casi veinte horas de vuelo separan la Argentina de Rusia. Pero esa distancia es meramente geográfica, yo diría virtual. Pese a tener hábitos y costumbres distintos, producto de geografía, cultura e historia diferentes, nos une una particular empatía y afinidad que trasciende esa inicial distancia. La República Argentina acogió generosamente a unos trescientos mil inmigrantes de origen eslavo que aportaron, con su laboriosidad e ingenio, al desarrollo y progreso de nuestra nación. Además, nos une el insuperable puente de la cultura, de lo cual dan testimonio el Teatro Colón y los teatros Bolshoi y Mariinsky; Gergiev y Barenboim; Nuréyev, Pávlova y Plisétskaya y Bocca y Herrera; Dostoievski, Tolstoi y Pushkin y Borges, Cortázar y Storni; Rimsky-Kórsakov, Stravinsky, Chaikovsky, Rachmaninoff, Shostakovich y Ginastera y Piazzolla son solo algunos ejemplos de ello.

Los argentinos que vengan a ver y acompañar a nuestra selección van a disfrutar de un clima, temporal y emotivo, muy cálido. Las relaciones entre la República Argentina y la Federación de Rusia son excelentes. Desde 2015 tenemos una relación denominada “asociación estratégica integral” y que como tal trasciende los gobiernos y se proyecta a futuro. En este contexto, durante la visita oficial a Rusia en enero último, los presidentes Macri y Putin delinearon una moderna agenda bilateral de acuerdo con parámetros del siglo XXI: energías renovables y no renovables, minería, economía digital, agroindustria, biotecnología e industrias medicinales, infraestructura y logística, y ferrocarriles, áreas en las que hay posibilidades concretas de inversiones y joint-ventures.

Para terminar, quiero citar a Albert Camus, gran escritor y amante del fútbol -jugaba de arquero-, quien afirmó: “Lo que conozco sobre moral se lo debo al fútbol”.

La Nación