Una grave debilidad del programa con el FMI

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El extraordinario y bien venido auxilio del FMI a la Argentina (50.000 millones de dólares, 11 veces la cuota, el monto más elevado en la historia del organismo) es un triunfo del presidente Macri. Conlleva compromisos fiscales, de reforzamiento institucional y metas cuantitativas de expansión del crédito al gobierno (cero emisión para el estado) reservas, ingresos y gastos del gobierno propuestos por nuestros funcionarios.


No conocemos los mecanismos para precisar la expansión de la base monetaria. Otra novedad es el mantenimiento de los fondos para programas sociales y la provisión de incrementarlos de ser necesario por la situación de los más desamparados.

Los fondos aportados cubrirían el déficit del Tesoro de 2018/19 y darán soporte a expectativas que nutrirán decisiones y la opinión pública.

Nos resulta aventurada la determinación de flotar el tipo de cambio. ¿Cómo dominarán la inflación sin asegurar el sendero de la cotización del dólar en el futuro? Conocemos documentos del FMI que especifican las condiciones necesarias para que una moneda flote libremente. El peso no las cumple. Entre ellas, porque nuestra unidad de cuenta es el dólar. Una prueba: los activos financieros denominados en divisas más que cuadruplican a los denominados en pesos. Otra: las devaluaciones se traducen rápidamente en inflación. El BCRA mantiene sus activos cobrables en dólares y debe pesos, arbitraje que le proporciona enormes ganancias a lo largo de la historia, empobreciendo a los que poseen los pesos. En contraste, los bancos centrales que verdaderamente flotan carecen de reservas en monedas extranjeras, con la posible excepción de Japón. Si la flotación libre consiste en que la autoridad ni compre ni venda divisas ¿para qué las reservas?

El FMI entregará dólares para cambiar por pesos y pagar el déficit fiscal, una significativa venta de divisas que contradice la “flotación libre”. Contrastando este programa, en otros recientes con distintos países el FMI ha valorizado la ventaja de mantener una cotización fija del dólar. Indudablemente, la decisión de flotar ha sido de nuestros funcionarios.

La reciente corrida cambiaria confirma los costos de una política monetaria que carece de ancla cambiaria. La falla de no ofrecer condiciones claras para que los inversores puedan mudar de pesos a dólares, y viceversa. Ese error resultó en una apreciación innecesaria del peso, en la primera etapa del gobierno, y la brusca devaluación con la corrida que derrumbó las infundadas “metas de inflación”. Fallas atenuadas oportunamente con el acierto de haber ofrecido 5.000 millones de dólares a 25 pesos a quienes quisieran comprarlos, calmando a los mercados mientras se mantuvo la oferta. Aunque los incendios no debieran ocurrir, es prudente tener bomberos y seguros. ¿En el futuro, cómo ajustarán los vuelcos de la demanda entre pesos y dólares, ofertas o demandas excedentes de pesos? Toda actividad cuenta con stocks y mecanismos para atender esos desequilibrios. Las reservas del BCRA debieran desempeñar esa función. Nuestra historia es testigo: la sociedad argentina no tolera fuertes apreciaciones o devaluaciones de peso respecto del dólar. La Argentina es suficientemente riesgosa como para apostar inversiones privadas y un gobierno a la validez de la flotación cambiaria en nuestro país.

En diversas notas en Ámbito señalé los peligros de las políticas monetarias y cambiarias sin reglas coherentes, auditores externos ni responsables internos. Este programa suple muy parcialmente ese resguardo. El término en ingles es “accountability”, hacerse efectivamente responsable de los desvíos, actos, decisiones y su impacto en las cuentas. En contraste, en nuestro medio, muchos creen estar justificados cuando incumplen sus obligaciones y promesas. Esa falencia permea las actuaciones de funcionarios y muchos particulares desde hace demasiadas décadas. Es una causa principal de nuestro retraso, fracasos y descontentos. En cualquier país, los derechos son tan débiles como la ausencia de sanciones y agentes efectivos para hacer cumplir compromisos, leyes y normas. La consecuencia es la corrupción del subdesarrollo, descontentos que nunca se resuelven.

Los 13 ceros eliminados de nuestros sucesivos signos monetarios son una prueba viviente de esa ausencia de “accountability”. Décadas defraudando a los argentinos sin consecuencias para los funcionarios de los poderes respectivos. Los 26 pesos por dólar de hoy serían 260.000.000.000.000 en los billetes que circulaban en 1969. Obviamente, los precios en dólares han sido más estables que en pesos. Por eso, las transacciones que no son habituales para cada individuo, como inmobiliarias, se cotizan en dólares. Medimos activos y patrimonios en dólares. El peso sólo se utiliza en transacciones corrientes porque normas gubernamentales y sistemas de pagos vienen entorpeciendo hacerlo en otras monedas. ¿A los capitales que necesitamos atraer del exterior, les ofreceremos rendimientos en pesos o en dólares?

La Convertibilidad contuvo la inflación durante una década sin emisión monetaria. Algunos insisten que la caída del sistema prueba su inviabilidad. Respondo: sin reglas sostenidas ni agentes responsables, ninguna convivencia y sistema son viables.

Enrique Blasco Garma

Miembro del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso

Ámbito Financiero