La expulsión de Juan Aranguren del Ministerio de Energía y Minería volvió nuevamente a poner en la palestra que no existe política de Estado para desarrollar esta industria.


De la promisoria creación de un ministerio específico a esta variable que desliza que la minería irá al Ministerio de Producción será un retroceso y marcaría el fin que la industria minera sea desarrollada en su magnitud.

La única ventaja es que el flamante Ministro de Producción Dante Sica es un asesor de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM) y que desde esta relación se puedan llegar a obtener ventajas comparativas o no pasar a segundo plano.

Estar en un área como Producción no es algo malo. Sucede que el cambio de estatus puede dar señales de debilidades, o, lo que es peor es el de no saber para que haber generado expectativas que hoy no se pueden cumplir, esencialmente, por los problemas macroecónomicos que presenta el país.

Aranguren había logrado triplicar la planta de funcionarios buscando, eso dicen y se justifican, jerarquizar el área.

Lo concreto es que la realidad, como dato cierto, daría la sensación que la eyección impensada del Ministro que no confiaba en el país , podría llegar a ser una señal de cambio.

Dante Sica le ha facturado bastante a las empresas mineras por los trabajos encomendados, y salvo que era un usuario permanente de los que desinformaban de la época de Jorge Mayoral, es un Ministro que sabe las potencialidades del sector.

Es de esperar que con datos más fehacientes sume políticas para que la minería contribuya a la necesidad de captar inversores y generar nuevas fuentes de trabajo genuino.

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