Mercados: ¿por qué pasa lo que pasa?

0
88

Algo apesadumbrado, un funcionario reflexionaba anoche sobre la mala hora que le toca vivir al Gobierno en cuanto a la situación financiera y económica del país. Sin perder la esperanza de que el futuro desde el cuarto trimestre será venturoso y evidenciará una recuperación de las variables que hoy le son esquivas al Gobierno, el hombre se muestra algo enojado con el presente.


Y, sin caer en confusiones, cree que el momento actual tiene bastante de injusticia. Al insistirse sobre cuál es el análisis de fondo por el que se cree en el oficialismo que el país está sufriendo esta nueva oleada de la crisis internacional, finalmente el funcionario se sincera. “Estamos sufriendo los efectos de mostrar déficit fiscal y de la balanza comercial, del gradualismo fallido, de la equivocación por fijar metas inflacionarias demasiado optimistas, del desequilibrio en la balanza de pagos, la posible recesión y la falta de una oposición racional. Pero lo más importante es que estamos meados por un elefante”. El lamento tiene su lugar en algunas bibliotecas económicas. Algunos técnicos denominan el “efecto elefante” al momento en que un gobernante sólo recibe malas noticias de variables económicas exógenas o que no puede dominar. Duro y sintético, el funcionario hace referencia a que gran parte de lo que le sucede al país es fruto de una especie de mala suerte a partir de la suma de factores imposibles de prever y de manejar; y que, todos juntos, hablan de una especie de tormenta perfecta.

El hombre habla específicamente de la sequía que le hizo perder al país, según números oficiales, no menos de u$s5.000 millones este año. De un precio de la soja (principal producto exportador y, en consecuencia, fuente de dólares sanos) a u$s316 la tonelada, cuando al final del Gobierno de Cristina de Kirchner navegaba en los u$s410. Ni hablar de la comparación con 2008, cuando la batalla con el campo fue por cómo se distribuirían los ingresos de la soja, a más de u$s650 la tonelada. El funcionario menciona, además, un precio del petróleo cercano hoy a los u$s73,5 el barril (el valor más alto desde 2014), luego que en octubre del año pasado se decidió liberar el precio interno de las naftas para lograr un “mercado normalizado”. La historia muestra que esa decisión fue uno de los principales efectos inflacionarios del primer trimestre del año. Finalmente, se menciona como último eslabón del “efecto elefante” al hecho de haber sido Argentina ascendida a mercado emergente el jueves de la semana pasada, un día antes que Trump comezó a desplegar su guerra comercial con China. Esta decisión, cuyas características fueron comentadas ayer en estas columnas, desató una furia de los inversores internacionales contra los mercados emergentes, a horas de haber comenzado el país a militar en esa liga. En definitiva, Trump dejó a Mauricio Macri sin luna de miel.

El análisis del momento de mala fortuna del Gobierno, que como todo período negativo pasa con el tiempo, puede tener su lógica. Pero la mala hora actual puede ser asumida sólo al “efecto elefante”? Moody’s da una pista. En su informe del miércoles, y al analizar la crisis financiera internacional de esa jornada, menciona que Argentina ocupa un listado algo deprimente: el de los mercados más castigados por las ventas de los operadores, compartiendo cartel con Ghana, Turquía, Mongolia, Pakistán, Sri Lanka y Zambia. Por el contrario, Moody’s menciona como mercados que pudieron mostrarse con cierta fortaleza ante la complicada hora a Indonesia, Malasia, Sudáfrica y dos vecinos: Chile y Colombia. Lo que muestra la calificadora es que pese a los esfuerzos de las últimas decisiones del Gobierno, comenzando por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y del favor de MSCI de ascender al país al grupo de emergentes, Argentina no puede salir del listado de mercados poco recomendables para inversores extranjeros. Y como consecuencia, cada vez que hay crisis de confianza a nivel mundial, provocadas por la motivación que sea, los bonos de deuda soberana y las acciones de sus compañías son de los primeros papeles en ser vendidos. Aún a pérdida.

Para el Gobierno, todo se solucionará con el tiempo, al ritmo del cumplimiento de lo pactado con el FMI, la mejora de las variables críticas (especialmente los déficits comercial y fiscal), una baja gradual en la inflación y la certeza de que el programa financiero internacional está cubierto. Sin embargo, no deja de preocupar en los escritorios oficiales de alto nivel de decisión por qué luego de la firma del acuerdo con el FMI las dudas no se despejan, y la Argentina no sale del listado de países poco “market friendly” en el top ranking de activos a vender. Un alto exfuncionarios de la primera etapa del Gobierno actual, un empresario que figura en el top 10 de los más importantes del país y un CEO de un banco privado que trabaja desde hace décadas entre los primeros cinco en captación de depósitos tienen una visión original. Según los tres actores que militan en el “círculo rojo”, haber acelerado el acuerdo con el Fondo (aunque no hubiera otra alternativa y sea el último remedio para evitar males mayores) mostró fronteras afuera a un país más vulnerable de lo que parecía a mediados de la corrida cambiaria y mucho más expuesto a las crisis de confianza de lo que se mostraba hasta el primer trimestre del año. Se interpretó, siguiendo esta visión, que en realidad el país no estaba en condiciones de continuar peleando la batalla contra los operadores que querían salir del mercado local con las armas que aportaban las reservas internacionales; y que se había llegado al momento de llamar “al séptimo de caballería” (según la definición del banquero), quizá antes de tiempo. En otras palabras, y aunque ahora el recurso del FMI se lo considere como la salida imprescindible, el llamado al organismo volvió a colocar al país en el listado de Zambia, Ghana y Pakistán. Y lo peor para el ego de Cambiemos: ubicó el riesgo-país en el mismo nivel de octubre de 2015, cuando gobernaba Cristina de Kirchner en tiempos del cepo. Una situación que excede, y mucho, el análisis del “efecto elefante”

Ámbito