Cara a Cara con Raúl Macaroff: “Al aumento de tarifas le faltó una mirada mucho más humana”

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Hoy está estrenando sus flamantes 63 años. Una síntesis sobre su personalidad indica que se fue cimentando sus conocimientos para explicar lo que muchas veces resulta difícil explicar.


Por Kelo Molas

Junto a su señora Cristina Véliz desde hace 25 años, muestra su preocupación por la crisis económica que golpea al país.

Es autor del trabajo “Análisis de temas con alto impacto laboral y productivo en Catamarca: industria, minería y servicios a gran escala” en el marco del Consejo Político Económico y Social de Catamarca (COPE). Una importante experiencia docente, más jefaturas en trabajos políticos, sumadas a un largo currículum vitae, avalan su pensamiento.

El elegido para el Cara a cara de este domingo es el contador público nacional Raúl Eduardo Macaroff.

-La síntesis no admite discusión a la hora de reflejar la situación del país en este presente: la economía, preocupación nacional.

-Claro que es una preocupación nacional. Estamos atravesando una crisis, evidentemente. Es una crisis que comenzó con la devaluación del peso y continúa con los coletazos propios de un cambio en la estructura económica del país. Nosotros veníamos con un dólar muy retrasado, lo que implica que hay sectores que se ven desfavorecidos y otros favorecidos. En general, ningún país puede progresar con un dólar barato, teniendo en cuenta que el dólar es la moneda de cambio en el mundo. Y no puede progresar con un dólar barato porque, lógicamente, deja de ser competitivo. Al valer más de lo que vale en otros lugares del mundo, los costos locales –en dólares- son muy altos. Entonces, no se puede competir. Ahora bien: ¿Adónde afecta? Afecta, por un lado, a los sectores de exportación, y por otro lado a la producción local, porque la mercadería del mundo es barata en Argentina. En esas condiciones, hay que entrar a intervenir fuertemente en la economía con restricciones y limitaciones, que tienen  las filtraciones lógicas en un sistema de control. Siempre que hay un sistema de control hay filtraciones y, a su vez, siempre hay corrupciones. Esos dos elementos van minando la política de control necesaria para poder sostener un país con un dólar barato. La forma más fácil de controlar es evitar las distorsiones.

-Respecto del dólar: ¿la suba casi diaria tiene un techo? Algunos pronostican que en los próximos días subirá a 35 pesos.

-El dólar cumple dos funciones: primero, es una moneda de cambio en el mundo, pero en nuestro país es un bien de cambio. Quiere decir que es algo que uno compra y vende, una mercadería que gusta ser tenida –o quiere ser tenida-, a veces ni siquiera por una necesidad específica, sino simplemente para tener un resguardo de la inflación, por ejemplo. El argentino aprecia el dólar. El precio de las cosas es el punto de encuentro entre la oferta y la demanda. Si pongo algo muy caro, probablemente no tenga demanda y el precio que puse deja de ser un precio de mercado porque no hay quien compre. Queda claro entonces que si hay alguien que me compra, es un precio justo. El precio es único, ni bajo ni alto. Es el punto en el que se ponen de acuerdo las partes. Eso es la economía pura, la economía de libros. En la economía real pasa por ahí que somos más de 35 millones de personas que no pensamos exactamente lo mismo, a diferencia de lo que dicen los libros: que todos pensamos igual.

-¿Cómo es eso de que el dólar en la Argentina “es un bien de cambio”?

-Digo que es un bien de cambio porque el dólar en la Argentina subirá en la medida en que lo queramos tener, que haya más gente que lo quiera tener. Pero si tenemos que darle un precio al dólar, independientemente de las expectativas de la necesidad o la apetencia por tenerlo –ya dijimos que el dólar es apreciado por el argentino- diríamos que el dólar tiene que tener un valor que nivele la inflación: todos los bienes deberían aumentar como aumenta el índice general de precios. Se debe hacer un cálculo de a cuánto estuvo el dólar cuando estaba controlado y cuánto fue la inflación desde aquella época hasta ahora, para saber cuánto se depreció la moneda o apreciado el dólar. Creo que a fines de año, según los cálculos, el dólar debería estar alrededor de  30 pesos. Esto es una estimación personal.

-Se nota un estado de desconcierto en quienes tienen la responsabilidad de fijar las pautas económicas del actual gobierno. ¿Es así?

-Totalmente. Hay un desconcierto porque, entiendo, se están aplicando políticas técnicamente correctas, pero muy sometidas a la ortodoxia de los libros, a la ortodoxia de la economía. A esto lo manifesté recientemente en un escrito cuando se dio el aumento de las tarifas. Llevar las tarifas al costo real en todo el país, suponiendo que la secretaría de Energía sepa a ciencia cierta cuál es el costo real, evidentemente iba a generar un impacto gravísimo. No solamente porque iba aumentar el costo de la energía y el gas, sino porque estamos en un país muy distorsionado, tanto en materia de obras energéticas como de provisión de energía, de sistema de distribución, entre otras cosas. Hay que tener en cuenta que la distribución de la energía fue provincializada primero y luego privatizada. Cada provincia adoptó una mecánica, una forma de distribuir esa energía con su sello propio. Fueron contratos que se fueron parchando con el tiempo. Quiero decir que el panorama en el país es muy disperso.

-¿Debe inferirse que la aplicación del aumento de las tarifas falló en su aplicación?

-Está claro que el mapa energético en el país no daba para un aumento generalizado. Lo primero que se tendría que haber hecho es agarrar los subsidios, separarlos, ponerlos a un costado y entonces decidir: el costo de la energía es este para todo el país, porque no es lo mismo aumentar un 50 o un 60 % en Catamarca que en Buenos Aires. No es lo mismo el mil por ciento de cien que el mil por ciento de diez, ¿está claro? Y eso es lo que estaba sucediendo: en Buenos Aires se estaba pagando diez, y en el interior aumentaron el mismo porcentaje. Fue un golpe muy duro y de manera especial para el interior del país, partiendo de la base de que el interior tiene los niveles de ingreso más bajos, por lo que indudablemente aquí se sintió más. Aquí es donde creo yo se tendría que haber cotejado la teoría del libro con la realidad del momento e intentar encontrar un mecanismo de coparticipación del impacto. Cuando digo “coparticipación del impacto” me estoy refiriendo a más del 40% en algunos casos que tiene la tarifa en cuanto a componentes no energéticos: IVA, ingresos brutos, tasas municipales, tasas del ENRE y el mismo VAD (Valor Agregado de Distribución), que es el costo que paga nuestra empresa de energía (EC Sapem).Ese 25 % es exclusivamente local. Quiero decir que no se trata de echar culpas al otro, en todo esto hay culpas compartidas, simplemente porque no aumentó el mil por ciento el costo de distribución, como se quiere hacer pensar entre nosotros. Los sueldos de los empleados de EC Sapem no aumentaron tampoco el mil por ciento. Que digan que quieren tapar el agujero que les representa el no pago de la luz por parte del Estado, de la Administración Pública, de la Policía, de la Justicia y de las escuelas, es otra cosa. Insisto: el tema del aumento de tarifas se tendría que haber manejado entre la realidad y la teoría de una manera más humana, con un criterio más humano. Y me estoy refiriendo no solamente a la secretaría de Energía de la Nación, sino también a la Municipalidad, con la tasa de alumbrado público que está cobrando a la Provincia a través del VAD; también en la tasa del ENRE. Reitero: tendría que haber sido todo lo que se hizo con una mirada más humana y pensar que no podemos cargar todo sobre los consumidores finales. Además, se debió aplicar la decisión en forma progresiva, para evitar el fuerte impacto que provocó.

-¿Por qué Catamarca fue perdiendo, con los años, herramientas como los diferimientos impositivos o la promoción industrial?

-No me gusta la palabra fracaso, pero por ahí es necesario pronunciarla para sentir el cachetazo y reaccionar. Pero fracasó la promoción industrial, fracasaron los diferimientos impositivos, fracasó la minería y es bueno saber por qué. Pero no sirve de nada el saber por qué si no sabemos para qué. El peor de los fracasos es no saber qué hacer con el fracaso. Hay que resolver qué hacemos, buscar ideas, algo hay que hacer. El tema de los diferimientos impositivos: solamente hay que ir por la ruta y ver ese panorama que realmente da mucha pena: desaparecieron los olivos. Me refiero a los olivares y también a algunos citrus. ¿Qué hicimos? Algo no hicimos bien. Y parece que no hay solución, que las cosas irán de peor en peor. No va a venir una varita mágica y lo va a solucionar todo. ¿Qué hacemos con las plantas industriales? Está bien: hubo errores, pero ya está, ahora hay que ver cómo se arreglan las cosas. Hay que ir en busca de la recuperación de la promoción industrial, volver a tener los beneficios impositivos. ¿A quién le fueron a preguntar sobre el tema? Al secretario de Hacienda de la Nación, cuya función es recaudar impuesto y no dar beneficios. Hay que ir al ministerio de Producción de la Nación a plantear los reclamos. Otra cuestión: cuando se dio la promoción industrial, no estábamos preparados. No teníamos plan de desarrollo provincial, no teníamos profesionales como ingenieros agrónomos, ni hablar de ingenieros industriales. Ni los contadores estábamos preparados, tuvimos que ir aprendiendo sobre la marcha. La universidad falló rotundamente: en 30 o 40 años nunca puso la materia Desarrollo Económico o Industrial, o Beneficios Impositivos, cuando era el pan nuestro el único instrumento que se podía utilizar para el desarrollo, algo que no fuera solo la Administración Pública.

-¿La minería no nos dejó nada? ¿O lo que nos dejó no lo supimos aprovechar?

-Con la minería pasó lo que ocurre cuando una persona muy necesitada gana la lotería: empieza a hacer gastos con la idea de “ahora me doy a dar el gusto” y se olvida del futuro. En realidad se pierde de vista que eso debería ser la fuente de su próximo recurso y no su único recurso. La minería tendría que haber sido la semilla de los recursos fiscales posteriores en actividades renovables, porque la actividad no renovable, como la minería, algún día se termina. No se cimentaron las bases de un desarrollo en actividades renovables.

Preparado para saber

A la hora del quién es quién, Raúl Macaroff exhibió un extenso abanico de antecedentes que apuntalan sus conocimientos.

Veamos: estudios secundarios en la escuela de comercio “Jorge Newbery” de Catamarca. Contador Público Nacional (Universidad Nacional de Catamarca), posgrado de Estrategia y Administración Agropecuaria (Universidad de Belgrano).

Fue asesor contable de la subsecretaría y ministerio de Obras y Servicios Públicos, gerente económico-financiero de la dirección de Energía Catamarca; director de Rentas de la municipalidad de la Capital. Realizó publicaciones y trabajos sobre, entre otras cosas, “Promoción Industrial en la Provincia de Catamarca” (declarado de interés provincial por decreto del Poder Ejecutivo en 1994) y “Cancelación anticipada de Diferimientos Impositivos (Paradigma de la obediencia debida)”.

Fue expositor en la campaña olivícola 2006/07, coautor del libro “Diferimientos Impositivos y Transformación Social – El Caso Valle Viejo y Capayán”. Obtuvo la medalla de oro en la categoría B de Obras de Ciencias Humanísticas en la Tercera Feria Regional del Libro.

Elaboró el proyecto de ley para la Recuperación y Reactivación de Explotaciones Agropecuarias en Estado de Riego o Abandono.

Fue representante provincial en el Foro para la Actividad Económica y el empleo Regional y miembro titular del Consejo Asesor para el Desarrollo Económico de Catamarca. Y la nómina sigue, y razones de espacio nos impiden poner todo.

El sometimiento del Estado a la política conservadora

Le preguntamos a nuestro entrevistado cuánto de federal tiene el sistema de coparticipación federal y si no considera que el centralismo porteño es cada vez más grande. Macaroff respondió: “Veamos. Si nos llevamos por el porcentaje que le toca a Catamarca, que está en el orden del 2.3 al 2.5, diríamos que tiene un criterio federal porque Catamarca no aporta ese porcentaje a la recaudación nacional. O sea que estamos recibiendo, históricamente, más de lo que la provincia aportó. Se tendría que analizar también el aporte de la minería, pero ahora estamos hablando de impuestos. Digamos que el aporte de la minería fue mucho mayor en el marco de la balanza comercial, es decir lo que la Argentina exporta. Y a esto nosotros nunca lo hemos puesto en la mesa de discusión para negociar lo que también nos corresponde. Porque esa riqueza es catamarqueña…o era. Entonces, volviendo a la pregunta, desde el punto de vista de los porcentajes, es federal; podemos decir que a nosotros nos conviene y probablemente Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires protesten porque consideren que esos índices de distribución les devuelven menos de lo que aportan como fuente generadora de impuestos nacionales. Cuando hablamos de coparticipación federal estamos hablando de los impuestos nacionales que cobra la Nación y luego distribuye, en teoría, un 50% para la provincia y el otro 50% para la Nación. Señalo en teoría porque creo que nunca fue así: 50 y 50; entiendo que ahora en menos de un 40 % de lo que se distribuye a las provincias. El problema está en qué hace la Nación con su parte, adónde distribuye la Nación su porcentaje. Porque en lo que se refiere al porcentaje coparticipable estamos contentos, pero el tema son los fondos nacionales que se aplican a obras, adónde se invierten. Y es aquí donde vemos que el centralismo porteño, o al menos los sectores de poder geoeconómicos de la Argentina, siguen manteniendo la mayor disposición de los fondos en obras, lo que posteriormente se refleja en un mayor o menor desarrollo. Esa distorsión todavía no ha sido corregida”.

Más adelante, le interrogamos si todo lo señalado va atado con la cuestión electoral. La respuesta fue: “Va todo atado a lo electoral. Lo mismo que está pasando con la atención al conurbano bonaerense con fondos nacionales para captar voluntades, viene pasando en Catamarca hace más de 40 años con el subdesarrollo al que nos han impuesto con el sometimiento a un poder hegemónico que es el Estado. Los diferentes partidos políticos que pasaron, por lo menos en los últimos 40 años, gobernaron bajo un solo pensamiento hegemónico, filosófico y teórico que ha fijado la médula de la política catamarqueña: el conservadurismo. Y no veo a futuro que pueda cambiar el perfil conservador de la política provincial. ¿Conservadores de qué? Conservadores de la hegemonía sobre el sector público como centro de poder. Y esto, a no dudarlo, va en detrimento del desarrollo. Lo sufrimos todos: los catamarqueños capitalinos y los del interior provincial. Y lo sufre aún más todavía el que produce. Si pensamos que la producción primaria está en el interior y en teoría la producción manufacturera debería concentrarse en la ciudad, la realidad es que ambas están sufriendo la falta de desarrollo. Y lo vemos hoy en cómo están las fábricas y el campo, por ejemplo. ¿Por qué? Porque no se ha podido generar un ámbito de poder alternativo al conservadurismo del Estado. No se pudo o no se quiso porque, insisto, ha sido sometido el Estado a la política conservadora. Si se le pregunta a los políticos catamarqueños qué es lo más importante de Catamarca de 40 años a esta parte, todos van a terminar respondiendo, de una u otra manera –siempre y cuando sean sinceros- que pagar el sueldo a fin de mes. Nosotros no tenemos un ministro de Economía, tenemos un ministro de Hacienda. Y la hacienda está representada por los bienes que tiene el Estado. Está claro: cuidemos la hacienda primero, la economía, que es todo lo demás, ya veremos. Tenemos un ministerio de Producción casi desaparecido, sin fuerzas, sin poder de decisión ni menos político. Pasaron más de 4 décadas y estamos igual”.

El Esquiú