Especies minerales argentinas, artículo de Ricardo Alonso

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La muerte de la Dra. Hebe Dina Gay, ocurrida en Córdoba el 25 de junio de 2018, sorprendió al mundo académico de la mineralogía.


La Dra. Gay era una reconocida experta internacional en el campo de los minerales transparentes. Una nueva especie de fosfato hidratado de sodio, manganeso y hierro fue bautizado en su nombre: Gayita. La Dra. Gay formó a decenas de discípulos, entre ellos los pioneros de la mineralogía de la Universidad Nacional de Salta. Fue profesora emérita de la Universidad de Córdoba y miembro de la Academia Nacional de Ciencias. Tenía 91 años y sus cenizas serán esparcidas en las sierras cordobesas. Esta nota es un sentido homenaje a su rico y profundo legado.

Reinos y clases (naturales)

Se sabe que desde muy temprano el hombre se dio cuenta de que la naturaleza contaba al menos con tres grandes reinos: animal, vegetal y mineral. Los dos primeros tenían “vida” y se diferenciaban en que mientras los vegetales estaban fijos, los animales tenían movilidad.

Además, animales y plantas cumplían un ciclo vital; esto es, nacían, crecían, se reproducían y finalmente morían. La clasificación de plantas y animales recorrió un largo camino desde la antigedad y alcanzó su momento de esplendor con el sabio sueco Carl Linneo quien estableció una taxonomía en base al sistema binomial en donde cada ser vivo se designa con un nombre de género y especie.

Las modernas clasificaciones agrupan a los seres vivos en cinco reinos: Plantas, Animal, Hongos, Protista y Monera. Los objetos inanimados, esto es minerales y rocas, también tuvieron intentos de clasificación desde la antigedad.

Teofrasto en Grecia o Plinio en Roma avanzaron en la idea de distinguir los metales, de los no metales, las rocas, las gemas, las sales, los betunes y otros misceláneos. Siglos más tarde Avicena, San Alberto Magno, Isidoro de Sevilla, Hildegarda de Bingen, Bernard de Palissy, entre otros, progresaron en el estudio y clasificación de los minerales. El gran salto cualitativo en la clasificación de los minerales se dio a mediados del siglo XVI con Georgius Agricola. Este sabio alemán escribió dos tratados que sentaron las bases del conocimiento moderno en torno a los minerales: De Re Metallica y De Natura Fossilium.

Como en todos los campos de la ciencia, el conocimiento de los minerales se expandió en los últimos 500 años hasta hacerse inabarcable en la actualidad. Algunos hitos lo constituyen las obras de Abraham G. Werner en la famosa Academia de Minas de Freiberg (Alemania), de Lomonosov en Rusia y de Dana en los Estados Unidos.

Cientos de intentos de clasificación se llevaron a cabo durante los siglos XVIII y XIX que recurrían a las formas de los cristales, los colores, los sabores, las durezas, los pesos, las reacciones químicas frente a los ácidos y a la llama del mechero, su origen genético, y todo aquello que sirviera para diferenciarlos a los unos de los otros y agruparlos según características comunes.

Los minerales clasificados

En 1801, René J. Hauy presentó una clasificación química basada en el tipo de metales o cationes, J. Jacob Berzelius en 1814 sobre los aniones y, Gustav Rose, propuso cuatro clases en 1838 y 1852 sobre la base de la química y la morfología. Linneo, Mohs y Breithaupt apostaron a una clasificación de los minerales siguiendo las ideas de la nomenclatura de plantas y animales. Los intentos de clasificación, principalmente en base a la química del mineral y a partir del descubrimiento de los rayos X con la estructura cristalina fina, siguieron a lo largo del siglo XX, hasta que finalmente la Asociación Mineralógica Internacional (IMA), aceptó la clasificación alfanumérica de 10 clases sobre una base químico-estructural que fuera propuesta originalmente por el alemán Hugo Strunz (1941, 1994), y por Hugo Strunz y Ernest H. Nickel (2001), en las famosas “Tablas Mineralógicas”.

Dichas clases comprenden: 1) Elementos (elementos químicos libres como el oro o el diamante que no es otra cosa que carbono), 2) Sulfuros, 3) Haluros, 4) Óxidos, 5) Carbonatos, 6) Boratos, 7) Sulfatos, 8) Fosfatos, 9) Silicatos y 10) Compuestos orgánicos. La clasificación es mucho más compleja ya que incluye a las sulfosales, hidróxidos, nitratos, cromatos, wolframatos, molibdatos, arseniatos, vanadatos, y además divisiones, subdivisiones, grupos y familias.

En nuestro país

En Argentina tenemos algunos intentos aislados como los “Rudimentos de Mineralogía” que publicó en 1869 el italiano Juan Ramorino quien seguía las ideas del francés Armand Dufrenoy.

Sin embargo la verdadera escuela de mineralogía nace con la creación por Sarmiento de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. Entre los primeros sabios centro – europeos contratados por Germán Burmeister llegó Alfred Stelzner quien permaneció tres años en el país y dejó una obra monumental, piedra basal de las ciencias geológicas argentinas.

Stelzner logró identificar 30 especies minerales. Le sucedió Luis Brackebusch quien recorrió el interior andino de la Argentina, desde Córdoba hasta Jujuy. En base a los minerales recolectados y los atesorados en el museo de Córdoba publicó en 1879 “Las especies minerales de la República Argentina” con la descripción de 107 minerales.

Un segundo intento de ordenamiento y clasificación de los minerales argentinos corresponde al alemán Guillermo Bodenbender, quien publicó en 1899 su obra “Los minerales: su composición y análisis con especialidad de los existentes en la República Argentina”, donde incluyó 150 minerales ordenados según la sistemática de Naumann-Zirkel.

.Un avance notable se dio en 1948 con la publicación en Jujuy de “Las especies minerales de la República Argentina” por parte de los doctores Federico Ahlfeld y Victorio Angelelli, que describieron 253 especies. Ahlfeld fue un gran científico alemán que desarrolló toda su obra en Bolivia donde está considerado como el padre de la geología y mineralogía de ese país. Trabajó algunos años en Jujuy dejando aportes muy importantes sobre depósitos minerales del norte argentino.

En su honor la Asociación Mineralógica Argentina creó el premio Federico Ahlfeld. La obra fue retomada en 1983 por los doctores Victorio Angelelli, Milka Brodtkorb, Carlos Gordillo y Hebe Dina Gay, con la descripción de 466 minerales, entre ellos muchos radiactivos. En 1994 se publicó un anexo que incluía otras 150 especies. Entre 2002 y 2007, la Dra. Milka Brodtkorb y un gran número de colaboradores publicaron tres tomos que incluían 700 especies minerales.

Finalmente en 2014, coincidente con el “Año Internacional de la Cristalografía” se publicó el “Compendio de las Especies Minerales de la República Argentina”, en un solo volumen de 754 páginas, actualizado con nuevas especies minerales, bajo la dirección de la Dra. Milka Brodtkorb y la colaboración de S. Lagorio, C. Latorre, P. Leal, T. Montenegro, O. Morello, N. Pezzutti, S. Tourn y M.E. Vattuone. La obra está ordenada según las 10 clases de Strunz y Nickel (2001) y sus correspondientes divisiones y subdivisiones. Todos los años se descubren nuevos minerales en la Argentina, ya sea nuevos para el país y en el mejor de los casos nuevos para la ciencia.

A nivel mundial se incorporan a razón de 60 a 80 especies por año. Según las últimas estimaciones, se han descripto oficialmente en el planeta unas 5100 especies minerales, de las cuales unas 750 se conocen en nuestro país. La Argentina aportó medio centenar de especies minerales a la ciencia mundial desde el año 1828 en que se descubrió la mendozita, un sulfato hidratado de sodio y aluminio, y octubre de 2017 en que se descubrió la omariniíta, un sulfuro de cobre, hierro, zinc y germanio, en Capillitas (Catamarca) y dedicado como homenaje póstumo al Prof. Dr. Ricardo H. Omarini (1946-2015). Así, se han descubierto 8 minerales en el siglo XIX, 23 minerales en el siglo XX, y 16 minerales en lo que va del siglo XXI. Los mejores y más modernos temas en las universidades argentinas y en el Conicet, están incrementando año tras año el hallazgo de nuevas especies minerales en el país.

El Tribuno