Empresarios arrepentidos: ¿empresas cerradas?

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Por Marcelo Paladino.-


Las grandes transformaciones sociales o políticas comienzan generalmente de una manera simple y pequeña. La Argentina tiene un histórico problema de corrupción sistémica, que ha ido erosionando los valores de la sociedad y su poco rechazo a la misma, pero unos simples cuadernos entregados por un conflicto familiar ha desatado un tsunami muy particular: ha puesto a relevantes empresarios en el centro del problema de un entramado horrible de corrupción.

Esto implica que nombres propios, familias, empresas, sociedades, etc. se asocian a hechos graves y nefastos, que no serán nunca motivo de orgullo, aunque se pretendan simplificar con excusas como presiones, riesgos, etc.: el delito es siempre una decisión personal, que en este caso asocia a organizaciones, familias, amigos y sociedad toda, generando una sensación de enorme injusticia en todos ellos y es un hecho que no se justifica con la teoría del mal menor. Si bien dolorosa, no deja de ser esta una explicitación positiva.

Pero, ¿hasta dónde impactarán estas denuncias? ¿Pueden afectar la continuidad de los negocios?.

Para el lector ansioso, adelanto la respuesta: la organización puede continuar, como lo han demostrado los resonantes casos de Siemens o de IBM en Argentina. Pero es importante decir que hay al menos tres condiciones son necesarias para ello.

1 – Aceptar que lo hecho es negativo y que por consiguiente tendrá un fuerte impacto negativo: sentido de la realidad

En primer lugar, hay y habrá impactos negativos en las organizaciones involucradas. Desde el contexto, por la pérdida de imagen o de credibilidad, natural en todos estos casos. Y desde el interior de esas organizaciones, aceptar que habrá decenas y decenas de personas defraudadas, que sentirán la inseguridad del futuro y la vergüenza de sentirse asociadas a prácticas que seguramente no comparten pero que agradecerán saber que a lo mejor hay otra oportunidad. Pero que otro tanto serán personas que sentirán el alivio de poder volver a la normalidad.

A esta realidad negativa se le contrapone el que la experiencia muestra que pasado el baño de realidad las organizaciones están dispuestas a trabajar para cambiar, siempre que…

2 – Las personas involucradas se hagan responsables, más aún, sinceramente responsables: sentido de la justicia

El primer paso para regenerar la confianza en y hacia las empresas afectadas es que los empresarios y directivos involucrados se hagan sinceramente responsables de lo acontecido, asumiendo todas las consecuencias. En algún caso será dar un paso al costado para no interferir en el proceso de recreación de la confianza. En otros, será demostrar que se está dispuesto a reparar lo hecho, incluyendo la reparación del daño económico -valga decir que es el menos reparado en Argentina-: si no se repara no hay verdadera justicia. Estas dos actitudes generan fuertes incentivos para que las organizaciones afectadas se revitalicen, y son sólo el punto de partida, indispensable, para la recuperación.

3 – Acciones para la recuperación: la importancia de la integridad

Habiendo aceptado con sinceridad el error cometido y demostrando que se quiere reparar, queda accionar sobre las organizaciones. En primer lugar se debe replantear la relación de las familias dueñas y/o accionistas con la empresa, no debiendo dudar de cambiar los ejes de poder si fuese el caso; esto es, dejar el poder cuando sea necesario. Tiene su lógica: los que la llevan a la crisis de confianza y de valores difícilmente la saquen de la crisis de confianza y de valores.

En segundo lugar, generar transparencia y regenerar confianza a través de nuevos directorios.

Y tercero, definir una política de resarcimiento personal y desde la empresa, para que la justicia sea plena, que será una de las primeras tareas del directorio.

Cuarto: explicitar el pacto de valores sobre el cual se relanza la empresa, asociado a una política de transparencia y de comunicación que aleje a la empresa y a sus directivos de futuros problemas.

Dicho esto, podemos concluir que no estamos ni por asomo ante un escenario de cierres de empresas, salvo que esa sea la querencia de sus dueños o accionistas. Reafirmo esto para destacar que la campaña de alguna dirigencia empresaria acerca de que “si bien es bueno luchar contra la corrupción, puede traer problemas económicos….”. Una vez más sería intentar imponer una idea por la doctrina del mal menor y no hacerse cargo. Pero sobre todo, intentar salir de la crisis de valores y de confianza sin preocuparse por recuperar valores ni confianza, tapando lo pasado.

En síntesis, más que temor, me invade la ansiedad de estar ante una gran oportunidad de replantear la manera de hacer negocios, cuyo sentido es el de crear valor económico, social y moral, a través de personas íntegras que son capaces de limitar sus decisiones a los valores personales y organizacionales.

*Profesor Titular Empresa, Sociedad y Economía, IAE Business School – Universidad Austral.

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