Mil incógnitas: La caída de la economía y la suerte de la ex presidenta despiertan especulaciones oficiales.

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Mauricio Macri arrancó su gobierno ilusionando a la sociedad con lo mejor de los dos mundos. Una propuesta para expulsar el populismo –y al peronismo– de la faz de la Argentina y otra para asegurar que ningún derecho obtenido iba a ser vulnerado.


A la clase media le ofreció el vellocino de oro: poder comprar dólares con pocas restricciones. Al sector agropecuario le completó el triunfo de la 125 con la quita de las retenciones, la baja gradual en la soja y una promesa: la Sociedad Rural pondría finalmente al ministro del área. También cobró la minería, más amiga del lobby solitario que del corte de rutas. A los sectores más bajos con planes sociales, les sumó las asignaciones familiares.

Al grupo Clarín le dinamitó la Ley de Medios K con un par de decretos, y le permitió acceder a nuevos negocios como la compra de Nextel y la absorción de Telecom. Hacia el interior del país ofreció un ambicioso plan de obra pública. Hacia el sector más liberal les ofertó gradualismo, el gasto aumentaría menos que los ingresos y les ofrendaba “inflation targeting”, la inflación iría descendiendo según objetivos y para el lejano 2018 hasta podía ser de un dígito.

Todos contentos. Por todo esto y más, Macri escalaba en las encuestas aun entre los votantes de Daniel Scioli, superando el trauma de no tener mayorías parlamentarias. Se iniciaba la era de la CEOcracia. El triunfo electoral de 2017 contra Cristina Kirchner parecía encomiar el rumbo. También comenzaba a brillar con luz propia María Eugenia Vidal, lo que confirmaba que ahora sí lo importante es el proyecto. Revolución reformista y veinte años de macrismo era el futuro brillante.

El efecto secundario de la oferta all inclusive fue la escalada inédita de endeudamiento externo privado internacional. Los mercados financieros internacionales se dejaban cautivar por la magia de Luis Caputo, titular del novel Ministerio de Finanzas.

¿Qué pasó? En la secuencia central de Matrix, Morpheus le ofrece a Neo elegir entre la pastilla azul y la roja. La azul le permitirá olvidar todo lo sucedido y permanecer en la realidad de la matriz, pero que la pastilla roja lo liberaría de la máquina generadora de ilusiones y lo conduciría al mundo real, tierra arrasada. Neo acepta la azul y se inicia la trama. ¿Fue el conflicto por el cambio de la ley previsional en diciembre de 2017 la pastilla azul del macrismo, o tal vez la corrida cambiaria del último abril? Si el Presidente pudiera retroceder en el tiempo, ¿realmente iniciaría su gestión con el dantesco ajuste fiscal que hoy se presenta como inevitable? ¿Hubiese comenzado con el virtual congelamiento de sueldos que hoy se aplica en el sector estatal nacional y que tiene paralizadas a las universidades públicas? Difícil saberlo, pero ¿tenía poder político o acaso la voluntad de acelerar los enfrentamientos con el mundo K que acababan de dejar el poder? ¿Siempre Cristina?

Lejos de evitar opinar sobre causas judiciales en curso, el Presidente se expresó ante la CNN: “Muchos dicen que no me conviene que Cristina Kirchner vaya presa… Pero yo no hago lo que me conviene a mí, sino lo que le conviene al país”, fueron sus palabras. Es una discusión encarnizada en el oficialismo cuál sería el impacto de la aplicación de una prisión preventiva a Cristina Kirchner.

Macri luego matizaba sus dichos: “Que (lo que) conviene es que haya un sistema judicial independiente; que no esté manipulado para que sucedan o no las cosas”. Desde la famosa servilleta de Carlos Vladimiro Corach nadie en Argentina cree seriamente en un Poder Judicial independiente, si no, tampoco existirían los “operadores judiciales” como dejan ver los analistas con información privilegiada.

El deseo del Gobierno y del grupo más radicalizado de Cambiemos que manifestó el 21A es que Cristina vaya presa y si es posible, sea inhabilitada de por vida. La casuística argentina muestra que se puede ser candidato aun en prisión, como comentó Jorge Fontevecchia en su artículo del 12 de agosto. Por otra parte, ¿cómo sería la Argentina con Cristina en prisión?, ¿habría, como amenaza la militancia K, movilizaciones multitudinarias permanentes?, ¿llamaría la CGT o al menos Moyano, nuevamente aliado de la ex presidenta, a un paro general por tiempo indeterminado?

Resuenan los rumores de una posible integración de dirigentes del Peronismo Federal al gobierno nacional con entrega de ministerios incluido. Sin embargo, es poco imaginable la especie para un Mauricio Macri que ni siquiera integró a la UCR o la propia Elisa Carrió a su gabinete. ¿Se reeditarían las tensiones de los años 70? Es muy probable que, en ese caso extremo, suba fuerte en las encuestas. Es parte del ADN argentino ponerse del lado del que se visualiza más débil. Pasó con el conflicto con el campo, pasó con el conflicto con Clarín, ambos contra (justamente) Cristina en el gobierno. Ahora, ¿cómo visualizarían los benditos mercados, un país en llamas? ¿O tal vez no pasaría absolutamente nada?

Sería un laboratorio experimental muy arriesgado para tomar esa determinación pensando con frivolidad en las encuestas actuales. ¿Apocalípticos o integrados?

La posible prisión de Cristina aún tiene que pasar por la barrera del Senado para una potencial suspensión de funciones según el artículo 70° de la CN. Miguel Angel Pichetto es el hombre que guarda esa llave maestra y fue explícito en la sesión en que se trató el allanamiento de los domicilios de la ex presidenta. Frente al argumento de Cristina que intentan apartarla de su candidatura de 2019, Pichetto planteó: “No hay ninguna conspiración. Eso es una estupidez. Quédese tranquila: va a poder ser candidata”. La dos veces presidenta lanzó artillería pesada: “Si me partiera un rayo, algunos igual no llegarían nunca a presidente por el voto popular”, haciendo referencia al escaso peso electoral del senador rionegrino, uno de los principales cuadros políticos del peronismo, pero sin territorio. Los principales medios hicieron hincapié en este intercambio discursivo que obligaba a Gabriela Michetti a advertirles –sin éxito– que se dirigieran a ella. Sin embargo, pocos analistas destacaron que, un rato después de la trifulca, el bloque K y el peronista “racional” votaban juntos la Ley de Extinción de Dominio con cambios sobre el proyecto oficialista y que debe volver a Diputados, y de ser aprobada probablemente merezca un veto presidencial.

El problema es que, si la “tormenta” se transforma en un tifón –algunos analistas económicos ya deslizan la malévola palabra default– resuenan los rumores de una posible integración de dirigentes del Peronismo Federal al gobierno nacional con entrega de ministerios incluido.

Sin embargo, es poco imaginable la especie para un Mauricio Macri que ni siquiera integró a la UCR o la propia Elisa Carrió a su gabinete. Por el otro lado, es difícil imaginar a los dirigentes del peronismo subiéndose a un barco con serias dificultades para llegar al puerto, para no hablar sobre cómo serían recibidos en el mundo PRO.

Carlos De Angelis

Sociólogo (@cfdeangelis).

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