El año que culmina puso en la escena mundial del desarrollo minero a la provincia del Chubut. La inexplicable presencia de una ley que prohíbe el desembarco de la actividad minera metalífera encierra una atención especial desde el mundo inversor.


Desde marzo de 2003 nadie puede explicarle a los capitales de riesgo las causas reales de tal decisión que nació en la ciudad de Esquel allá por el año 2002 y se consumó en diciembre del 2003.

Desde hace 15 años han persistido muchas las idas y vueltas. Si bien hay que reconocer que durante el presente año se logró poner en la agenda política el debate, que fue mísero por cierto, se avanzó en la presencia de la problemática minera como una de las variables necesarias para sostener la viabilidad económica de la provincia desde una nueva perspectiva de actores que generen riqueza.

Quizás aquí encierra el secreto desde donde abordar la adversidad de una provincia complicada desde lo estructural.

A esta altura podemos detectar que a los apresurados se los carcomió la ansiedad y la mala imagen de apresurados para tratar un tema. Hubo gremios que se estrellaron con la torpeza de creerse aceptados e influyentes y fueron cacheteados por la realidad. Aquí habría que detenerse a señalar que las acciones díscolas de un gremio de supervisores solo contribuyeron al arrebato organizado y a la confusión. Cabe preguntarse ¿de qué sirvieron las tan mentadas bolsas de trabajo? ¿Con qué propósito se involucró a diputados provinciales y un periplo a Buenos Aires fallido que terminó en bochorno?

Así fue reflejado por los medios, no fue cuestión de corridillos.

Si esta buena idea que quiso plasmar el gremio de los jerárquicos mineros se hubiera  encaminado en forma oficial con cámaras empresarias, universidades, entidades intermedias y comunas ¿no hubiera sido más razonable?

Esto y otras histeriqueadas, con mucho olor a conveniencias y cuestiones de vedettismo, que fueran protagonizadas por un grupo de académicos que atacó a otros científicos podemos afirmar que no sirven para nada. La consecuencia de esas cuestiones aisladas de los promineros que no son chubutenses, restaron.

Prueba de ello es que el gobernador Mariano Arcioni que había aceptado debatir el tema, después cambio de rumbo 180 grados y puso la proa a lo previsible y manejable políticamente para un año electoral que le permitirá acceder a la reelección sino no afloran mayores embrollos.

Arcioni optó por escuchar a Daniel Taito y Cia, quien le vociferaba al oído desde el mes de agosto la inconveniencia electoral de poner en agenda electoral y legislativa la zonificación minera. El cuestionado y judicializado Taito sabe que posee influencia sobre el gobierno. Lo tuvo en las dos etapas de Mario Das Neves, luego lo marginó y reclutó el ex gobernador Martín Buzzi y desde hace un año volvió a desplegar alas políticas de gran influencia, dentro y fuera del peronismo chubutense.

Taito es sin duda un hueso duro de roer y sus definiciones como publicista, así como estratega, ayudó mucho al poder de turno. Posee peso y poder. Ah, un dato no menor, no le seduce demasiado el tema minero dentro de una agenda no manejable.

También es muy cierto que la Política Minera desarrollada por Dante Sica a través de su delfín Mariano Lamothe no ayudó en nada.

Lamothe al llegar a la Subsecretaría de Minería intentó jugar el mismo rol lobista que su antecesor, Mario Capello y no le fue muy bien. Casi que fue expulsado desde la provincia ante las palabras del gobernador que insinuó que tanto él como su jefa, Carolina Sánchez, jugaban abiertamente contra los intereses de la provincia. Esto fue planteado desde Chubut a las máximas autoridades nacionales.

En este tema intervino el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que procuró interponer paños fríos. A quien se le acredita haber solicitados a los funcionarios del área “por favor disimulen” para no mostrar sus objetivos.

Lo más destacado y sobresaliente de este año lo constituyeron las ganas que le pusieron los integrantes de la Cámara Minera de Chubut, quienes no se achicaron ante los arrebatos de la clase política ni de los antimineros. Le pusieron pasión y presión social para demostrar que ahora, hay más contrincantes dentro del ring.

Durante mucho tiempo el centro del escenario fue colmado por las voces antimineras. En este 2018 se logró emparejar y darse cuenta que con mínimos argumentos se puede armar una contraposición. Solo falta más táctica y estrategia, no obstante fue muy loable haber constituido masa crítica para sostener el Si a la Minería.

Por eso en esta etapa hay que empezar a reconocer que se puede acercar a un Chubut con Minería. Sin antinomias ni falsos argumentos.

Hay que buscar consensos para encaminar y sostener el debate que contribuya a dar mayores certezas, comprender la necesidad de escuchar al otro.

Es válido aquí que se recuerde que en el año 2012 desde el mismo sector empresarial minero se volteó el proyecto de Marco Regulatorio Minero, una Ley que reabría el camino a la minería metalífera, y que más allá de su potencial imperfección, era por la positiva.

En el mismo sentido de los planteado por los académicos nacionales, los miembros del CONICET local y por la Asociación Obrera Minera Argentina, desde un principio se debió abordar este debate con el aporte de quienes más conocen la actividad, a favor o en contra.

Esto sigue faltando y por lo cual hay que seguir exigiendo. Comunidad, científicos, gremios legales, entidades intermedias, cámaras, y toda representación social genuina, pueden y

deben aportar.

Por último, se debe poner de relieve la convicción y la garra de los jefes comunales de la Meseta Central. Verdaderos traccionadores hacia la necesidad de viabilizar el desarrollo minero en la zona rural chubutense. Ellos más que ninguna otra institución son el reflejo del sentir de la gente. Poseen consignas claves como Trabajar es dignidad o fuentes de trabajo registrados. Emponderan a toda una zona que sólo es ayudada en cuentagotas con subsidios que sólo buscan el sometimiento a un puntero.

La minería les posibilita romper con muchos años de balanzas y realidades adversas.

Por eso no hay dudas que el posicionamiento de los jefes comunales fue clave y lo seguirá siendo durante este año electoral.

Aunque ningún candidato lo lleve en su agenda de promesas, la minería está instalada.in duda que forma parte de los desafíos de una provincia para sumarla como factor de desarrollo.

Pasará la contienda electoral, o sobre ella misma, la minería tendrá un espacio recuperado para poder ser debatida, dialogada y repensada. Todo para poderla sumar a la nueva matriz económica de una provincia que necesita dar respuesta a su pueblo.

Prensa Geominera