Hubo un antes y un después para la empresa Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio (YMAD) en la última década. Mientras Bajo La Alumbrera se encontraba en producción, tanto el Estado nacional, como la Provincia de Catamarca y la Universidad de Tucumán, los miembros de la empresa, los ingresos de recursos eran millonarios y se respiraba un clima de prosperidad y buenos resultados sin precedentes.


El problema sobrevino cuando Minera Alumbrera, socia de YMAD en la Unión Transitoria de Empresas (UTE), empezó su proceso de cierre de mina. En el segundo semestre del año pasado, Alumbrera anunció un impasse de dos años en la operación prevista de explotación subterránea, luego de haber agotado el proyecto a cielo abierto. O sea, recién en 2021 la minera estará en condiciones de definir cómo sigue su actividad en la provincia.

A partir de entonces, a YMAD se le presentaba el desafío de sobrevivir con lo único que le quedaba en producción: Farallón Negro, la mina subterránea de oro y plata ubicada en Belén y que ya lleva más de 35 años de explotación. No es poca cosa, pero nada comparable con la abundancia a la que estaba acostumbrada con Alumbrera.

Pero la transición fue mucha más compleja. A las siempre cambiantes condiciones internacionales del negocio minero, se sumaron cambios políticos en Argentina: de la relación de máxima tensión que había entre el kirchnerismo y las empresas mineras, se pasó a un modelo de mejores vínculos con el macrismo, algo que sin embargo no alcanzó para recuperar los volúmenes de inversión y actividad de otros tiempos. El país, con su crisis y su falta de horizonte, dejó de ser atractivo y confiable para los inversores. Para todos, no solo los mineros.

La excepción fue el “boom” del litio en la zona de la Puna, pero se trata de una actividad con baja inversión –en comparación con la minería a gran escala- y con escasa ocupación de mano de obra. Y aparte es un rubro en el que YMAD no tiene ninguna participación.

Con nuevo gobierno sobrevino también el cambio en la conducción de YMAD. Macri designó a Santiago Albarracín, quien entre sus primeras acciones denunció a la anterior gestión por maniobras fraudulentas y se abrió una causa que luego fue ampliada por la diputada Elisa Carrió, cuyas derivaciones aún son impensadas.

Y desde allí la empresa se volvió un ente hermético, aislado de la provincia y de los ciudadanos. Sus actividades dejaron de ser transparentes y lo poco que trasciende no le es favorable.

En ese contexto se inscriben las reacciones gremiales por el ajuste de personal que viene haciendo a partir de la gestión Albarracín.

Ayer, como informó este diario, el delegado de la Asociación Sindical del Personal Jerárquico y Profesional, Edgardo Ariza, denunció que hubo al menos una decena de despidos en la empresa, tanto en la sede de Catamarca Capital, como en Farallón Negro y en la sede porteña. Todos ellos, por cierto, técnicos y profesionales.

“Hoy asistimos al desmantelamiento y liquidación de la empresa por foráneos que persiguiendo la rentabilidad empresarial que no saben alcanzar con políticas de producción, recurren a lo más fácil, el ajuste de la planta de personal”, expresó un documento del gremio firmado por Ariza.

No es nuevo el temor por la situación de la empresa. En octubre pasado, el secretario general de AOMA, Héctor Laplace, había anticipado que la entidad envió una CD al directorio de YMAD debido a la baja producción y el consecuente riesgo de las fuentes laborales.

Laplace dijo que la intimación fue para conseguir una reunión informativa, “porque de ninguna manera los trabajadores queremos ser partícipes de un posible vaciamiento o desfalco de la empresa. Los niveles de producción que están teniendo son paupérrimos. A pesar de la situación con el dólar, creemos que la empresa no alcanzó los niveles de subsistencia”.

Despidos, falta de información, sospechas de baja producción, mala relación con los gremios del sector, tales son las características de la gestión de Cambiemos al frente de YMAD. Una empresa esencialmente catamarqueña que nunca estuvo tan distanciada de la provincia que le da sustento

El Ancasti