El sector oficial ha protagonizado en 2018 una nueva fiebre del oro, en cuya vanguardia se encuentran Rusia, Turquía y Kazajistán, los tres países que más metal han adquirido a lo largo del año. Muchos otros bancos centrales, como los de la India, Polonia o Hungría, que llevaban años sin acudir al mercado, han reanudado también sus compras de oro. Esta tendencia constituye, según los analistas, uno de los factores clave que van a permitir al metal alcanzar un precio de hasta 1.400 dólares la onza.


por José Ángel Pedraza

Según un informe de TD Securities, si los bancos centrales del mundo continúan incrementando sus adquisiciones oficiales de oro, el precio del metal podría verse impulsado por encima de los 1.400 dólares la onza para el año 2020.

El banco canadiense es bastante optimista respecto al precio del oro, con una estimación de precio de 1.350 dólares la onza para finales de este año, que subirá hasta 1.400 en 2020.

“Creemos que, a corto plazo, la cotización del oro se va a mantener en un margen muy estrecho, mientras se consolida la bajada del dólar; sigue la incertidumbre en torno a la política monetaria estadounidense, aunque todo apunta a que será algo menos restrictiva que antes; y continúan las amenazas sobre la economía y las divisas de China y de los países emergentes. Los factores que han lastrado la evolución del oro durante buena parte del año pasado y que lo mantienen cotizando en este estrecho margen se van a ir disipando lentamente, lo que permitirá al precio acercarse a los 1.400 dólares en 2020”, señala el informe de TD Securities.

Uno de los factores en que se va a apoyar esta subida es el incremento en las compras de oro por parte de los bancos centrales, cuyas reservas en este metal han crecido un 13% (alrededor de 3.900 toneladas) desde los mínimos que se registraron en el año 2009 y se espera que aumenten en otras 800 toneladas en los próximos dos años.

Para el banco canadiense, el oro no tiene riesgo de contraparte ni constituye una obligación de nadie, razones por las que los bancos centrales de todo el mundo están interesados en aumentar sus reservas de oro, en un entorno global multipolar que ya no está dominado por el dólar estadounidense y en el que China está dejando notar también su influencia.

“Una de las razones clave por las que los bancos centrales están comprando oro es su deseo de diversificar sus reservas en divisas y reducir su dependencia del dólar estadounidense, que todavía representa alrededor del 60% de estas reservas globales. Estados Unidos va a tener que compartir su estatus de superpotencia con China y, posiblemente, con la India dentro de un tiempo. La confianza, la capacidad de preservar la riqueza y su aceptación universal convierten al oro en un activo idóneo para las reservas”, señala el informe de TD Securities.

En la actualidad, el oro representa alrededor de una décima parte de las reservas globales en divisas, aunque desde el banco canadiense consideran que existe mucho margen de crecimiento: “China, Rusia, la India, México y otras economías emergentes apenas cuentan con una pequeña parte de sus reservas en oro, una proporción mucho menor que en el caso de los Estados Unidos, Alemania, Italia o Francia”.

Según los últimos datos publicados por el Consejo Mundial del Oro, China cuenta con un 2,3% de sus reservas en oro, frente al 17,6% de Rusia, el 5,9% de la India o el 2,7% de México.

Por el contrario, el oro supone el 73,9% de las reservas en divisas de Estados Unidos, el 69,2% de las de Alemania, el 65,5% de las de Italia y el 59% de las de Francia.

Además de las compras continuadas por parte de Rusia, Turquía y Kazajistán, otros bancos centrales han vuelto a acudir al mercado, como Egipto, Polonia, Hungría, la India, Indonesia, Tailandia y Filipinas.

Sin embargo, la mayor novedad de los últimos meses ha sido el regreso de China al mercado internacional del oro: “China anunció un incremento de 9,95 toneladas en sus reservas por primera vez desde mediados de 2015. Hasta ahora, las reservas de oro de China eran muy reducidas y apenas representaban un 2% del total de sus reservas en divisas. Muchos creen que está intentando aumentar sus reservas hasta los niveles de Estados Unidos, Alemania, Francia o Italia, en donde el oro representa más del 60% del total de reservas”, apunta Melek en el informe.

El efecto que este aumento de las compras por parte de los bancos centrales puede provocar en el mercado es una reducción del suministro físico disponible de oro, lo que, unido a factores como la depreciación del dólar y la ralentización del crecimiento económico en Estados Unidos, puede amenazar la rentabilidad de las bolsas y beneficiar al oro y la plata, cuyos precios se espera que crezcan al unísono.

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