Después de la tragedia de Brumadinho es fuerte la tentación de quedarse callado, no seguir luchando por lo que uno cree, dejar que nos gane el desánimo y dejarse llevar por la “corriente”. En el camino quedarían las esperanzas y oportunidades de muchos argentinos y mendocinos que esperan su oportunidad de un empleo que los dignifique, que les permita darle seguridad a sus hijos y agregarle valor a la sociedad, pero quién se atrevería a juzgarnos por eso…


Seria muy fácil caer en el lugar común de meter a todos en la misma bolsa y hacer leña del árbol caído… pero desgraciadamente o gracias a Dios muchos de los que elegimos estar en este lugar no lo hicimos buscando la comodidad, lo hicimos con la convicción de que las cosas se pueden transformar en base al esfuerzo, a la honestidad y a la buena fe. Así que es desde ese lugar que vamos a repasar lo que ha pasado en Brumadinho y como nos afecta en Mendoza y Argentina, aún a riesgo de recibir innúmerables críticas.

Primero, lo que sucedió en Brumadinho no puede calificarse como accidente, una presa no revienta por que si, se diseñan para soportar las condiciones mas adversas imaginadas por los más pesimistas de los ingenieros, o sea que acá algo falló, o el diseño, o la ejecución o el mantenimiento. Ninguna de las 3 cosas califica como accidente y los responsables deberán rendir cuentas ante la justicia por eso, tanto por las muertes, como por los daños ambientales y por los daños económicos. El “tronar del escarmiento” ya se siente y la empresa y sus ejecutivos ya están sufriendo las consecuencias.

Lo terrible de este accidente es su brutal costo en vidas humanas que desgraciadamente superará la centena, la mayoría de ellos trabajadores de la empresa que se encontraban en el sitio y que de alguna manera confiaban en que se los estaba cuidando.

Desde el punto de vista ambiental, lo que existe es el impacto físico de un alud de 12 hm3 (Potrerillos tiene 500 hm3) de barro INERTE que se derramaron en el valle afectando 125 ha de bosque. No hay contaminación química por el simple hecho de que la separación del hierro no es un proceso químico, es un proceso físico. Fue un alud con las brutales consecuencias que eso tiene. Es remediable, costará mucho dinero y llevará mucho tiempo. pero no se trata de un daño irreversible desde el ounto de vusta ambiental. Evidentemente los criterios con los que se diseñó esta mina hace 40 años probablemente hoy no serían los mismos.

En comparación con las más 50,000 ha que se deforestaron en el amazonas entre los meses de marzo y abril del 2018 o de los 6,000 muertos en accidentes de transito que ese país tiene por año, esta tragedia toma una dimensión diferente. ¿Es justificable?, de ninguna manera. La minería Brasilera tiene estadísticas pobres en términos de seguridad e indudablemente tienen mucho que mejorar y no es el espejo en el que debemos reflejarnos.

Como afecta esto a la minería en Argentina y en Mendoza?

De alguna manera ratifica de forma amarga y brutal el camino elegido por el sector en Argentina que es de elevar los estándares ambientales y sociales del sector minero aunque eso eleve los costos y es un tema en el que estado y empresas trabajan, no siempre en perfecta sintonía, a través de diversas iniciativas.

Debemos asegurarnos que los procesos de cierre de minas con los consiguientes mantenimientos de los diques de colas sean garantizados en todos los emprendimientos y existan las adecuadas garantías para esto. Esto ya fué reflejado en el nuevo Pacto Federal Minero, fué tratado especialmente en el Espacio de Diálogo para el desarrollo de la minería en Mendoza e incluído en la Propuesta de Política de Desarrollo.

En Mendoza además contamos con un equipo perteneciente a la UNCuyo (FCAI) que se ha especializado en el tema trabajando codo a codo con la Subsecretaria de Energía y Minería e incluso las propuestas de modificación de la ley 7722 lo incluyen.

Este desastre no tiene nada que ver con Mendoza, este tipo de explotación no podría realizarse aqui por múltiples motivos, el primero y principal es que no tenemos ese tipo de explotaciones por su magnitud, y procesos de producción. Segundo lugar, por que a pesar de todo lo que podemos decir de nuestro estado, se viene trabajando con seriedad en la mejora de los controles y procesos. Seguramente escucharemos a algún trasnochado mencionar a Hierro Indio (mina de hierro) como la maldición de la que se salvó la provincia gracias a la 7722 y de que esto ratifica la validez de la ley. Esta Ley no hubiera evitado un evento de esta naturaleza y su vigencia solo continúa retrasando el desarrollo de la provincia sin proteger realmente el agua.

Respecto a Vale y la Mina de Potasio Rio Colorado, es un tema sobre el que se viene trabajando hace mucho y nones eate evento el que haga cambiar la estrategia implementada.

No caigamos en el facilismo de correr para el lado en que sopla circunstancialmente el viento. El mundo necesita materias primas para seguir desarrollándose, Argentina y Mendoza necesitan los trabajos que este sector puede brindar y tenemos las herramientas tecnológicas para poder desarrollarlo en forma segura y sustentable.

El sector minero viene evolucionando a pasos agigantados pero desgraciadamente un sector de esta magnitud y que es activo desde hace mas de 3000 años en el planeta seguirá dándonos malas noticias de vez en cuando. Deberemos volver a revisar y reforzar procedimientos y controles pero no debemos resignarnos a no crecer por miedo o incompetencia.

A los hipócritas les dejo la tarea de llenar páginas hablando de la maldición de la minería desde sus celulares y notebooks bajo sus aires acondicionados en este caluroso verano mendocino. Todo producido con acero, cobre, aluminio, litio, carbón y un larguísimo etc.

Emilio Guiñazú Fader