Que el proceso minero en la provincia está bien encaminado y tiene reglas de organización que antes no existían es un hecho palpable.


La recuperación de Cerro Atajo y de otros yacimientos ha creado condiciones para que las empresas trabajen con tranquilidad y, codo a codo, con el gobierno.

De esta forma, el lunes pasado, la gobernadora presidió el acto de la apertura de sobres del concurso público “mejora de oferta para la prospección y exploración de las áreas de Valle Ancho e Interceptor”.

De esta manera, con sus reservas de oro, cobre y plata, Tinogasta se suma al proceso minero y alienta esperanzas de que, en pocos años, sea benefactor de los beneficios de la minería, los que se traducen en obras y puestos de trabajo si los dineros públicos son bien empleados. A este presente de ordenamiento general, hay que sumarle las explotaciones de litio en la puna catamarqueña y, posiblemente, la puesta en marcha de Agua Rica en un acuerdo entre Alumbrera y Yamana a partes iguales.

Por último está CAMYEN, la empresa que sepultó a ese nido de corrupción que era SOMICA –los actores de otra época todavía le deben explicaciones a la Justicia- y que pudo arreglar con el gobierno nacional la explotación de Minas Capillitas.

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