Esteban Simkovic e Isidro Montero residen actualmente en Sierras Bayas y recuerdan los viejos tiempos de la fábrica San Martín.


Isidro Montero.

Esteban Simkovic tiene 91 años, nació en Eslovaquia y en 1936 se radicó en Sierras Bayas junto con su familia; trabajó 40 años como obrero en la industria del cemento, 34 de ellos en la fábrica San Martín.

Isidro Montero tiene 93 años y es segunda generación de obreros de la fábrica San Martín sierrabayense -donde trabajó 43 años-, antecedido por su padre y luego continuado por su hijo Oscar.

Simkovic y Montero actualmente continúan viviendo en Sierras Bayas y recuerdan los viejos tiempos de la fábrica San Martín y de la localidad serrana.

Isidro Montero

“Yo soy hijo de inmigrantes españoles, Pedro y Santiaga, nacido en Sierras Bayas. Yo ingresé a la fábrica con 22 años, en el año 1948, y allí trabajé 43 años. Entré como aprendiz, luego estuve en la cantera y después fui mecánico. En esa época había que saber trabajar, ya que hacíamos trabajo pesado. Como jugaba al fútbol, integré el famoso equipo de San Martín de la década de 1950, nos cuidaban un poco. Sólo trabajábamos de turno si había que hacer una reparación, y el domingo lo teníamos libre, por lo que podíamos jugar al fútbol.

“La fábrica empezó con poco, con dos hornos, y después se fue agrandando; cuando yo entré ya había cinco hornos. Era lindo trabajar allí”.

“En ese tipo la vida en el pueblo era mejor que ahora, la gente era más dada, ahora la vida es más cerrada; antes nos conocíamos todos. Yo vivía con mis padres. Luego compré un terreno en el barrio Pueblo Nuevo, donde construí mi casita, junto con mi esposa y mis hijos, y que es donde continúo viviendo hoy. En esa época no había agua en el barrio y para construir debíamos ir a buscarla a la cantera, en cual me ayudaban mis hijos que la acarreaban. Era todo muy sacrificado”.

“Yo era fullback y fui a jugar al fútbol a Olimpo de Bahía Blanca. Me vinieron a buscar y enviaron una avioneta que aterrizó en el pueblo. Pero como mi futura esposa estaba en Sierras Bayas, después de un año me volví”.

“Antes, en Sierras Bayas estaban las caleras, pero lo principal era la fábrica, casi todo giraba alrededor de ella. Era un lugar pintoresco, porque la usina de electricidad estaba en la fábrica, y a la noche estaba toda iluminada”.

“En esa época la zona de Villa Arrieta no existía, hasta allí sólo estaban los chalets de la fábrica, después el pueblo se fue agrandando”.

Esteban Simkovic

“Entré en la fábrica San Martín de Sierras Bayas en 1953. Trabajé seis años en Calera Avellaneda y 34 años en la fábrica San Martín de Sierras Bayas), o sea que trabajé cuarenta años con el cemento, pero siempre en la parte mecánica. Tengo algunas distinciones, hice una máquina para rectificar los rolos del horno. El horno tiene un anillo de 4 metros, que gira sobre ruedas, las cuales se gastan, y para repararlo se rectificaban los rolos (porque se hacían como una cuna, con la forma del anillo grande) con el horno en marcha. Fue una máquina que ideó el ingeniero Mikkelsen y la hice yo, con algunos aportes míos. Esa máquina se publicó en una revista de Estados Unidos, como un ejemplo de innovación en la industria.

“Yo vine de Eslovaquia a los 8 años. La escuela secundaria la hice en la Escuela de Artes y Oficios, pero cuando yo tendría 7 años descubrí que golpeando la lima contra una piedra hacía chispas y miraba… y a mí siempre me interesaron esos temas prácticos…

“Yo vivía en Sierras Bayas con mi padres, pero trabajé seis años en Calera Avellaneda. Calera Avellaneda era un ejemplo para aprender muchas cosas. Pero me tiraba el Club San Martín… Allá estaba bien, pero me vine acá porque me iba a casar, y no tenía casa. En San Martín me tomaron prueba una semana y entré, fue uno de los primeros empleados calificados. Yo cuando entré en la fábrica lo hice como tornero y luego me pasaron al sector del horno.

“Yo fui felicitado por el presidente de la Compañía Argentina de Cemento Portland, que me felicitó personalmente por un trabajo. Hice una tesis sobre un eje de 1.200 kilos que se rompía, y se la mandé al ingeniero De Souza… Suponete que este eje se rompe… el ingeniero de planta no se dio cuenta, y yo dije tiene este defecto… De Souza me dijo lo voy a presentar en la oficina, me felicitó, me llamó e hicieron un informe y ahí es donde me mandaron las felicitaciones; yo simplemente girando ese eje 90 grados le cambiaba la mala posición, que era lo que provocaba el problema.

“Yo de la Sierras Bayas antigua tengo muchos recuerdos… En 1936, de la zona de arriba de la sierra venían los carros, que transportarían 2 toneladas, con 3 o 6 caballos en yunta, frenándolos…. Se rajaban las casas de las explosiones de la minería, era terrible lo que era… Por los cuatro hornos de cal de la parte céntrica, los días que había humedad junto con el humo de los hornos, prácticamente el pueblo desaparecía, no veía nada, y la gente vivía igual…”.

“Era pintoresco ver a los carritos tirados a caballo entrar a la fábrica. El trabajo en la fábrica era todo con carros, carritos de dos ruedas había como 10 o 15, tipo chatitas y tenía dos camiones Ford del año treintaipico… todo era en base de carros el transporte. A la fábrica se entraba en bicicletas, en carros, en autos, a pie… era un torrente de gente, llegaron a trabajar hasta cerca de 1.000 personas en la fábrica.

“En tiempo se usaba un sistema de identificación de chapitas, yo era el 284… Teníamos una grande que cuando entrábamos la dejábamos en la chapería y la retirábamos cuando nos íbamos, ahí era el control. Después teníamos otra chapita más chica para sacar herramientas, había un depósito para herramientas y retirábamos un martillo o una llave…

“En esa época se sacaba toda la producción por tren, y había una familia Salazar que llevaba producción en camioncito al Ferrocarril Provincial, pero la mayoría era por carro. En esa época el cemento se vendía en bolsas de papel pero también en bolsas de algodón, las que se arreglaban en una embolsadora, donde había mujeres que las cosían. A granel se comenzó embolsar después de la Segunda Guerra Mundial”.

El Popular