Working inside gold mine tunnel. Gold mining.

Después de varios años de descenso ininterrumpido de los costes de producción, en 2017 comenzaron a aumentar de nuevo y en 2018 lo han vuelto a hacer, impulsados por los gastos laborales, el precio del petróleo y la energía eléctrica.


por José Ángel Pedraza

Los costes de producción son uno de los caballos de batalla de la industria minera, que tiene que buscar un delicado equilibrio entre el precio de la mano de obra, energía y suministros, por un lado, y el precio del oro en el mercado, por otro.

Después de varios años de reducción de estos costes, los empresarios mineros vieron cómo volvían a crecer en 2017, una tendencia que ha continuado en 2018.

Según los datos recogidos en el informe Gold Focus 2019, de la consultora británica Metals Focus, el año pasado crecieron los costes totales en efectivo (TCC, por sus siglas en inglés) un 5%, hasta los 681 dólares la onza y los costes todo incluido (AISC) un 3%, hasta los 909 dólares la onza.

Los primeros (Total Cash Costs) incluyen únicamente los costes de extracción, procesado y refinado del oro. Los All-In Sustaining Costs añaden también los costes de venta, administración, exploración, gastos de capital y, en suma, todos los costes variables de producir oro durante toda la vida útil de la mina.

Las cifras globales revelan que los costes totales en efectivo (TCC) crecieron un 5% en 2018, hasta los 681 dólares la onza, mientras que los costes todo incluido (AISC) se elevaron un 3% hasta los 909 dólares la onza.

En Norteamérica, los costes TCC crecieron un 10%, hasta los 678 dólares la onza, mientras que los costes AISC alcanzaron un máximo de 943 dólares la onza, un 9% más que en 2017.

La subida de los costes en la región se ha debido a la reducción de la concentración de oro en el mineral extraído en algunas operaciones, especialmente en Nevada, cuyas minas a cielo abierto han requerido aumentar el número de trayectos de los camiones que transportan el mineral, con el consiguiente gasto adicional de combustible.

Además, el precio medio del diésel ha crecido un 25% en Estados Unidos a lo largo del año.

Por su parte, África se ha mantenido como la segunda región con mayores costes AISC, que crecieron un 1% en 2018, hasta los 1.001 dólares la onza. Gran parte de la responsabilidad de esta subida recae en Sudáfrica, cuya producción ha descendido debido a las huelgas y cierres temporales en varias minas, que han disparado los costes.

Además, la ligera apreciación de la moneda local, el rand, respecto al dólar, no ha contribuido a reducir los costes, sino que ha aumentado los gastos laborales y de energía eléctrica.

En Oceanía, región dominada por Australia (que acapara el 76% de la producción), los costes AISC cayeron un 2%, hasta los 843 dólares la onza, gracias a la devaluación del dólar australiano y al descenso de costes en Papúa Nueva Guinea, debido al despegue de las operaciones en la mina de Hidden Valley.

La región de América Central y del Sur vio cómo crecían los costes AISC un 3% en 2018, hasta los 893 dólares la onza, impulsados por la relativa fortaleza de las divisas locales (a excepción del peso argentino y el real brasileño).

Por último, Europa es la región con los costes AISC más altos, 1.011 dólares la onza en 2018, cifra que, no obstante, se ha mantenido en los mismos niveles que el año anterior. No así los costes TCC, que han descendido un 4% interanual, hasta los 718 dólares la onza.

En cuanto a las previsiones para 2019, según los analistas de Metals Focus, la fortaleza del oro va a continuar durante buena parte del año, lo que debería ayudar a las compañías mineras no estadounidenses a controlar sus costes.

Además, tanto la ligera bajada del precio medio del petróleo como la moderación del coste de la energía en algunas regiones debería constituir un alivio.

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