Hasta en cuatro ocasiones se han anunciado encuentros. En 2018 se vivieron momentos de tensión por el gas que finalmente culminaron con una cesión boliviana, rebajando los volúmenes de exportación


¿A la quinta va la vencida? Desde la toma de posesión de Mauricio Macri en el Gobierno Argentino, a finales de 2015, se han anunciado cuatro cumbres bilaterales entre Bolivia y Argentina, tres en Buenos Aires y una en Jujuy, y aunque ninguna se ha llegado a producir – una de ellas se suspendió por motivos de salud del presidente Evo Morales – los temas en común no han dejado de crecer.

El único encuentro más o menos formal se dio en la cumbre del Mercosur de Mendoza en julio de 2017, pero fueron diez minutos para tratar precisamente los temas propios de la reunión, que por entonces contemplaba la censura de Venezuela.

En enero de este año fue el viceministro de Comercio Exterior e Integración de Cancillería, Benjamín Blanco, quien puso fecha para el encuentro: 22 de febrero. Pero no se cumplió. Esta vez es el embajador argentino Normando Álvarez, citado en una nota de David Maygua en El Deber, quien confirma una pronta visita de Morales a Buenos Aires, aunque sin precisar fecha, pero sí agenda: fijar el precio internacional del litio.

Bolivia, Argentina y Chile tienen más del 80 por ciento de las reservas mundiales de litio, y que la industria japonesa del automóvil haya despejado sus dudas sobre la tecnología del coche eléctrico del futuro, supone – según Álvarez – una oportunidad para el desarrollo y para que sean estas regiones las que fijen el precio de la materia prima y no que otros mercados lo fijen. Bolivia a su vez tiene más de la mitad de esas reservas en el Salar de Uyuni.

Temas escabrosos

El tema del Litio vendría a formar parte de la agenda amable entre las dos naciones, involucrando además a Chile en lo que sería el inicio de una nueva agenda bilateral post-Haya con dos naciones que se han vuelto a descubrir mutuamente, sin embargo, en la agenda entre Argentina y Bolivia hay asuntos más peliagudos esperando desde hace meses y que afectan especialmente a la frontera tarijeña.

El último en sumarse es la “crisis bagayera” en Bermejo luego de que arranque la aplicación del decreto de la Provincia de Salta que grava severamente las importaciones menores – el bagayo -, exige el empadronamiento en Orán y cierra para siempre los gomones, entre otras cosas. Si bien el decreto es provincial, se alinea con las políticas de Macri y su ministra de Gobierno, Patricia Bullrich, ha supervisado personalmente lo que acontece en esa frontera con Bermejo. Los pobladores bermejeños reconocen la necesidad de luchar contra el narcotráfico y el contrabando, pero consideran que los gravámenes son excesivos y sumirán a la ciudad en una nueva crisis.

En los grandes temas, Argentina es la principal beneficiaria del “acuerdo” entre Jair Bolsonaro y Sebastián Piñera de llevar el tren bioceánico por el norte de Argentina hasta los puertos chilenos y descartar el plan boliviano de llevarlo por su territorio hasta el sur peruano, por lo que el asunto debería estar en agenda.

Por otro lado y por su cuenta, Argentina desarrolla el plan Belgrano, con grandes investigaciones en infraestructura en el norte del país que llegan hasta las fronteras tarijeñas, particularmente en Salvador Mazza, lo que requeriría una complementación. Bolivia también está interesada en mejorar el puerto en Rosario con la conexión por la hidrovía con Paraguay, que sin embargo avanza despacio.

En cualquier caso, el gran tema que ha generado discrepancias en el último año y ha sido la matriz de la no concreción de los encuentros es el tema de hidrocarburos. Desde mayo de 2018 Argentina dejó de pagar por el gas y en noviembre, cuando el Ministro de Hidrocarburos decidió ejecutar la boleta de garantía, el país vecino redujo a mínimos sus nominaciones causando daños de consideración en la producción. El problema fue a más, pues el gesto del Ministro – en plena negociación del país vecino con el FMI – sin tener una alternativa de mercado para su gas le dejó en posición de debilidad y Argentina precipitó la renegociación del contrato reduciendo volúmenes obligatorios a 11 millones de metros cúbicos durante nueve meses del año y 16 los tres restantes de invierno, exactamente lo que planteaba el vecino país que prevé ahorrarse 500 millones de dólares.

Diferentes analistas han advertido un específico peso ideológico en la decisión del Gobierno argentino de recortar sus compras a Bolivia, y la escasa voluntad de encuentro parece ratificarlo.

El País (Bolivia)