Argentina y Chile: una charla con el hermano mayor

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Errores históricos y recientes hacen que no sea posible un encuentro de igual a igual entre cada lado de la Cordillera de los Andes, al menos en términos de minería. Un debate en la Arminera dejó en claro las diferencias entre el monstruo que exporta 40.000 millones de dólares al año por su minería y nosotros.


Por Carolina Putelli

Puede doler en el orgullo argento, pero nadie, ni el más ciego, está en condiciones de negar que en materia de Minería, de este lado de la Cordillera lo único que podemos hacer es mirar con atención el modelo chileno. Esto se desprende de los números, sobre todo uno: Chile exporta anualmente 40.000 millones de dólares en minerales, mientras Argentina apenas llegó a los 3900 millones en 2018. Esto significa que las exportaciones argentinas representan menos de un 10% de las chilenas y, para colmo, se redujeron de 2017 a 2018 y no hay buenas perspectivas para 2019.

Esta desigualdad no tiene que ver con la riqueza en materia de minerales de los dos países, ya que ambos comparten la Cordillera de los Andes, fuente de yacimientos de calidad. Incluso, Argentina tiene la mayor cantidad de litio del mundo, uno de los productos que más necesitará la humanidad en un futuro cercano. En cambio, las diferencias están en las condiciones económicas, institucionales y sociales de ambos países, que han marcado una historia de desarrollo de un lado y de vaivenes del otro.

Un espejo de esto se pudo ver en la reciente feria internacional Arminera, durante un panel titulado “El potencial de la Industria minera” en el que hablaron la Secretaria de Políticas Mineras de Argentina, Carolina Sánchez, y el Ministro de Minería de Chile, Baldo Prokurica, con la moderación del periodista Marcelo Longobardi. Sólo en la presentación quedó marcada la primera diferencia: mientras el país trasandino tiene un ministerio, de este lado ese cargo desapareció y quedó una secretaría bajo el ala del Ministerio de Producción de la Nación, tras la reestructuración que hizo el gobierno de Mauricio Macri.

Durante la charla quedó en claro y también se dijo de forma literal que Argentina debe aprender del modelo chileno o al menos aspirar a tener su éxito. Es que incluso hay estadísticas recientes en las que el estado trasandino calcula que la reducción de sus índices de pobreza del 40% al 8% actual tiene mucho que ver con el fortalecimiento de la industria minera y sobre todo de las pequeñas y medianas empresas de bandera local que trabajan en el país.

Pero, ¿qué nos hace tan diferentes?

Si la riqueza mineral no es un factor, sólo queda mirar las condiciones que ofrece el país a los inversores mineros, que saben que los yacimientos están, pero no llegan a poner el dinero para empezar a explotar. Carolina Sánchez puso en foco en las diferencias institucionales entre los países. Para la secretaria el país no ha sido “institucionalmente fuerte” durante su historia como para tentar a los que tienen el dinero para que lleguen en masa. Vale aclarar que sí hubo un momento en el que llegaron, que fue durante la primera década de los 2000, cuando por ejemplo San Juan abrió sus minas metalíferas más importantes.

El ministro chileno aprovechó esta intervención para contar cómo es la situación en su país, que este año consiguió subir al puesto número 6 de los mejores destinos para inversores mineros del mundo. “Tenemos un código minero y reglas del juego clara. Chile tomó un camino y gobierno de derecha y de centro izquierda lo mantienen. Hay también una oficina de empleo en el ministerio para allanar el camino a las inversiones”, explicó.

Un contexto muy diferente al argentino, donde en los últimos 15 años hubo quita y reinstauración de retenciones mineras, dos proyectos de ley de Glaciares votadas en el Congreso y hasta la fusión del ministerio de Minería con Energía y luego conversión en Secretaría. A esto se le suma otro factor que se cocina en materia de leyes: una norma para regular el cierre de mina que, si bien es necesaria, hace que inversores estén a la espera de la “letra chica” antes de empezar a desembolsar dinero.

Las retenciones fueron un punto aparte durante la charla. Es que cuando le preguntaron al ministro chileno si en su país existían, Prokurica sólo atinó a preguntar “¿las qué?”. El auditorio estalló en una carcajada, que el funcionario tampoco pudo entender, hasta que Longobardi intentó explicar de qué se trataba este impuesto. La respuesta del invitado fue un simple “gracias a Dios no existen”, mientras Sánchez tuvo que volver a la explicación calcada de otros funcionarios de Cambiemos “es un impuesto distorsivo que se reinstauró por emergencia, pero que esperamos pronto vuelva a desaparecer”. Luego, en una breve entrevista con Tiempo de San Juan, no pudo precisar cuándo será ese esperado “pronto”.

A esto se suman las diferentes políticas económicas que han cambiado fuertemente las reglas del juego financieras y también el precio del dólar. Desde el cepo cambiario durante la gestión anterior, que fue denunciado varias veces por los productores medianos, a la actual fluctuación de la moneda estadounidense, que va acompañada por una inflación que cambia constantemente los costos internos. En el país vecino la inflación interanual calculada para este 2019 es del 2,5%, la mitad de lo que creció sólo en abril en Argentina.

Hay otro factor que marca la cancha en cuanto a crecimiento minero: la mirada social. Si bien puede parecer menor si se compara con el efecto que tiene la macroeconomía, a Argentina el descreimiento en la minería le ha costado que siete provincias tengan prohibida, de una u otra manera la explotación. Entre ellas se encuentran Chubut y  Mendoza, como las que tienen legislaciones más duras.

Sobre este último punto, Carolina Sánchez hizo foco en buena parte de su intervención y aseguró que, además de algunos antecedentes negativos, al país le pesa “un tema cultural”. Según la secretaria, los argentinos tienen “muy claro el desarrollo agropecuario, porque el grueso de la población vive en las zonas donde se destaca y el recurso minero está del otro lado”. La funcionaria dijo que para adoptar la minería hace falta una conversación inteligente sobre el tema.

Prokurica también habló sobre el tema y explicó que en Chile rige un pensamiento contrario y que les resulta “impresentable que la riqueza esté bajo tierra y la pobreza sobre la tierra”. Además, explicó que han conseguido que la gente se apropie de las minas cuando son PYMES locales y cuando la empresa toma contacto “con la localidad y tiene el compromiso de traer crecimiento”. El chileno resaltó el trabajo del ENAMI (Ente Nacional Minero), que garantiza la competitividad de las mineras medianas gracias al sistema de compra del Estado chileno, que adquiere la producción de cobre siempre a un mismo precio de estas empresas, compensando las subas y bajas del mercado internacional, para que no sufran una competencia desleal con las grandes inversiones extranjeras.

Tiempo de San Juan