Coincidencias y diferencias entre la minería de Argentina y Chile

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Separados y unidos a través de 5.000 kilómetros de cordillera, Argentina y Chile recorrieron un camino bastante distinto en la explotación de sus recursos minerales: con el cobre como locomotora, las exportaciones del país trasandino alcanzaron en 2018 los u$s 40.000 millones al año; las de nuestro país u$s 4.000 millones.


En la explicación de esas cifras conviven muchos elementos: cuestiones culturales, matrices productivas, exigencias ambientalistas más o menos permisibles, o simplemente mayores y menores rentabilidades.

La exposición industrial internacional Arminera, que se llevó a cabo en Costa Salguero, fue una buena oportunidad para conocer la visión de ambos países sobre algunos de los ejes más actuales.

  1. ¿Cuál será su impacto económico?

“En Argentina necesitamos la minería y tenemos grandes oportunidades con el cobre, el litio y otros minerales que se usan en las nuevas tecnologías. Hasta ahora no fuimos muy fuertes institucionalmente como para desarrollarla, pero podemos ser un excelente destino para las nuevas inversiones porque tenemos el recurso”, afirmó la secretaria de Política Minera, Carolina Sánchez.

La funcionaria destacó que “tenemos 50 proyectos en exploración avanzada en fase de evaluación económica y hay un crecimiento de los presupuestos exploratorios. Otro buen indicador es que dos de los mayores operadores del mundo en oro y plata están queriendo ampliar sus operaciones en el país, junto al desembarco de compañías canadienses y australianas que son insignia y planean inauguran oficinas. No es una utopía pensar que para 2025 podamos duplicar las exportaciones mineras”.

Baldo Prokurica Prokurica, ministro de Minería de Chile, dio datos de la actividad del otro lado de la cordillera, uno de los pilares del modelo económico: “La minería representa el 56% de las exportaciones y el 11% del PBI. Producimos casi un tercio del cobre del mundo”. Según explicó, “Chile hace 40 años tenía el 40% de la población debajo de la línea de la pobreza y descendió a 8,3%. En eso tuvo mucho que ver la minería y no se logró en un día ni en un año, los distintos gobiernos de izquierda o de centroderecha lo hicieron posible con reglas claras y permanentes”.

El funcionario del gobierno de Sebastián Piñera contó que “algunos lo toman a mal que la actividad represente el 56% de lo que exportamos, pero sucede que hay regiones entras que viven de la minería”. Uno de los riesgos latentes es que una caída en los precios del cobre termine afectando la economía, pero estimó que “a mediano plazo, si se arregla el conflicto entre Estados Unidos y China el precio debería subir considerablemente porque no hay muchos yacimientos nuevos. En Chile hace 30 años que no descubrimos uno”.

La gran apuesta son los autos eléctricos. “Los vehículos a combustión tienen 33 kilos de cobre en promedio; los eléctricos tendrán 83 kilos”, explicó.

A lo mismo apunta la Argentina. “El litio es un recurso superabundante en todo el planeta, pero en el norte de nuestro país, al igual que en el norte de Chile y Bolivia, tiene una concentración especial en los salares de altura”, sostuvo Sánchez.

“Tenemos importantes reservas, hay mucha demanda por las nuevas tecnologías y los precios se mantendrán competitivos durante los próximos años”, vaticinó. “Entendemos que la gran oportunidad está en los autos eléctricos y las baterías eléctricas”.

  1. ¿Qué hacer con las retenciones?

Para el ministro chileno, los impuestos como las retenciones constituyen “la forma de evitar que funcione” una actividad, aunque entiende que en definitiva la política de impuestos “obedece a la filosofía de los países y el plan que diseñan para crecer”.

“Nosotros somos un país chico sin masa crítica para la fabricación nacional de autos o aviones como la Argentina, porque somos 17 millones y ustedes son 40 millones. Por eso adoptamos la visión de un país basado en el comercio exterior, y poner retenciones sería como querer correr los 100 metros sin zapatillas”, añadió.

La funcionaria nacional también criticó el impuesto aplicado a las exportaciones de minerales, al que calificó de“distorsivo” y adelantó que “la tendencia es a su desaparición”. “Opino lo mismo que el presidente Macri: es un pésimo impuesto, pero fue creado con carácter temporario, como una emergencia hasta corregir condiciones macroeconómicas y lograr el equilibrio fiscal”, razonó.

  1. ¿Será sustentable o no será?

Para Sánchez, cierta actitud de desconfianza de los argentinos hacia los proyectos mineros viene desde la misma gestación de nuestra patria. “Ya en los orígenes, el desarrollo económico estuvo asociado al campo”, aseguró. En los tiempos modernos, esa sensación “se acentuó en los años ‘70 con los movimientos ecologistas, posiblemente con base en evidencias reales, pero hay que aggiornarse y entender que no es la misma minería de antes. Hoy los mecanismos de participación de la sociedad son mucho más importantes. Que tengamos la actividad prohibida en varias provincias es el fracaso de la conversación inteligente sobre el aporte que podría hacer la actividad minera”.

“Va a hacer falta mucho mineral para las sociedades, gracias a las nuevas tecnologías será posible disminuir la huella de carbono del hombre y salvar vidas gracias a estudios médicos avanzados, porque habrá un progreso de la medicina basada en los minerales. También la necesitaremos para nutrir los suelos donde producir alimentos para el mundo. Hay que sacarse la careta y ser coherentes”, concluyó.

En el mismo sentido, Prokurica Prokurica criticó “eso de que la mejor minería es la que no se hace”. “Uno es un funcionario con responsabilidades en un país subdesarrollado. Hay naciones que se dan ese lujo porque pueden lanzar cohetes al espacio y vivir de otros recursos, nosotros no. Estoy de acuerdo con eso de que ‘en los países subdesarollados es impresentable que la riqueza esté bajo la tierra y la pobreza sobre la tierra’”.

Resaltó que en la actualidad “quien daña el medio ambiente no puede vender sus productos” y puso como ejemplo el caso del cobalto: “Chile no lo producía desde 1945, volvimos a hacerlo porque los africanos, que son quienes más cobalto tienen, comenzaron a sufrir problemas por las denuncias sobre trabajo infantil y Europa decidió no comprarles más. Si no, no podríamos competir”.

Para finalizar, admitió que “históricamente no ha sido vista como una actividad económica amigable con el medio ambiente, pero el sistema hizo que hoy en día cualquier proyecto deba cuidarlo para funcionar, tener el apoyo de la opinión publica y encontrar compradores”.

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