Una Arminera Light, para una industria que reclama políticas de Estado y gestión

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La minería no escapa a la realidad de un país pinchado y dominado por la inflación y la especulación financiera. A lo que se le debe sumar una  millonaria deuda externa, falta de confianza y parálisis de la producción global. Por eso, ante la abundancia de discursos alentadores o que se expresen metas optimistas, pero vacías de realidad, se debe afirmar que  esta actividad sólo se mantiene con el entusiasmo característico de los mineros y la esperanza de retomar el rumbo de inversiones que supo tener en tiempos no muy lejanos.


 Arminera 2019 fue un fiel reflejo del país. Con maquillaje y otras acciones, se alejó del espíritu fundacional  de esta muestra, aun más, se suprimió la imprescindible tarea comunicacional y de relacionamiento con la sociedad.

Profesionales del sector expresaban del significativo achique de espacios comparados con ediciones anteriores. Todo agravado por la crisis y falta de motivación.

Aquí se pudo apreciar que existe malestar con las actuales autoridades de la CAEM, un sentimiento mezclado entre desilusión y fracaso. Por tal motivo ya no se oculta que existen reuniones  para que, con el cambio de autoridades sectoriales, comiencen hacer proyecciones y representatividad renovadas para un cercano futuro.

En esta versión 2019 de Arminera se mostró el inestable estado que presenta la industria, la cual se sostiene, con los malabares de las Pymes para subsistir, de algunas metalíferas que poseen convicciones para arremangarse a los efectos de no abandonar objetivos y producción y de la calidad de los profesionales y Recursos Humanos de la industria. Resaltándose las inversiones de las empresas exploradoras que no cesan en su lucha. Sumándose el litio como excepción a la bajoneante realidad.

A Marcelo Álvarez, presidente de la CAEM, parece que se le agotó la buena estrella con la cual llegó a comandar la CAEM en noviembre de 2015. Viejos aliados ya están en gran número alejados y sólo se mantiene por condiciones personales y no de consenso. Encima hay quienes se resisten que las empresas mineras sean representadas por Barrick, justo la más desastrosa empresa que sólo ha perjudicado y menoscabado la imagen del sector. Acá no “hay cintura política ni cualidades personales que se resistan” le dijo un ejecutivo a Prensa GeoMinera en clara alusión a Álvarez, hoy representante de la impresentable minera canadiense que opera en San Juan.

La crisis del país, y de la cual la minería no está exenta , se vio reflejada en los volúmenes de interesados en asistir y de promocionar sus productos y servicios. Las que no faltaron fueron las pujantes empresas que poseen importantes contratos, no obstante hizo ruido la  ausencia de constructoras y la principal proveedora de maquinaria. Lo mismo se observó con las distanciadas cementeras que volvieron a pegar el faltazo.

Eso sí, hubo mucho aparato oficial, con la presencia de dos ministros nacionales, y los gobernadores, Gerardo Morales y Alberto Weretilneck.

Eso sí, un hecho levanto ruido y polvareda, cuando el miércoles 8 llegó al Costa Salguero el ex gobernador de San Juan y presidente del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria, José Luis Gioja. Lo hizo para acompañar los 15 años de la empresa ATA, Alta Tecnología Alimentaria.

En la cena de apertura se notaron la ausencia de por lo menos 300 comensales que no fueran de la partida, ya que los organizadores armaron para 280 cubiertos previstos para esta ocasión. Ante esto, un memorioso periodista comparó: “La feria del 2001 fue más grande”, resaltando las “vacas flacas” de aquel entonces. Ahora en esta edición aseguran que fue similar, aunque no falta quien arriesgue a que esta fue más menuda.

Esta edición 2019 dejó muchos entrever algunos desencuentros. Esto quedó demostrado cuando en la Mesa de Competitividad,  desarrollada antes de la inauguración en el predio de Costa Salguero, el máximo dirigente de los trabajadores mineros argentinos, Héctor Laplace, hizo notar que en ese encuentro faltaban los representantes de las cementeras, la minería extractiva, Abrasivos y Pymes en general. Entre otros temas delineó ante los presentes que la industria debe tener tres patas en la mesa de discusión: los trabajadores, las empresas y el Estado. Hizo hincapié en la imprescindible previsibilidad, la estabilidad y la carga de impuestos y tasas que padece esta y otras industrias.

Las falencias detalladas por Laplace pusieron en alerta a propios y ajenos de esta actividad. Partiendo de la base que AOMA siempre se caracterizó por el diálogo y la prestancia para debatir y consensuar políticas de largo aliento.

El diagnóstico de los referentes de la industria es similar. La inflación, que se suma a la inestabilidad económica del país, agregando a la timba financiera que promueve el gobierno y la carga impositiva existente, no contribuyen  a la llegada de nuevos capitales para invertir.

La conflictividad que generan los cierres de yacimientos en Santa Cruz, San Juan, Buenos Aires y Catamarca, entre otros, han sido significantes en el último año. A esos se le deben agregar  los nuevos conflictos que se generan con las arenas para el complejo hidrocarburífero “Vaca Muerta” en Chubut, y en los últimos días en Mina Aguilar, en Jujuy, por citar algunos.

El optimismo del ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, es sorprendente. Entre otras cosas dijo “La Argentina tiene una enorme posibilidad de crecimiento a través de la minería y sabemos que para acercarse a ese potencial se necesita coordinar esfuerzos y mantener políticas públicas en el tiempo”. Frases que la industria sabe muy bien. Lo que debería hacer el ministro, que fuera prestador de servicios de la CAEM, es cumplir lo que manifiesta y no solo expresarlo.

Al hacer público su mensaje, el sector no hizo cuestionamientos a las políticas económicas y destacó en los partes de prensa oficiales, que Marcelo Álvarez, habló que este gobierno contribuye al “cambio los paradigmas”. Esta definición debe ser porque quitó las retenciones y después las volvió a instalar o porque en la última semana el gobierno le aumentó al sector un tasa en 2 % para recaudar veinte mil millones más al año. O por lo pronto explicar cuál es ese paradigma. No quedó claro.

Sin duda que el ex Goldcorp y actual Barrick dejó boquiabierto a muchos. Luego, en el trascurso de Arminera, estos dichos y anteriores pronunciamientos, provocó que viejos aliados que lo llevaron a la presidencia de CAEM, dijeran basta, hasta aquí llegamos y comenzaran a reunirse sobre el futuro de la CAEM.

En resumen, hubo una buena presencia de funcionarios nacionales, muchos flashes y pocos centímetros en la prensa nacional. El calor de Arminera se reflejó en los pasillos donde los abrazos y apretones de mano expresan el verdadero termómetro de la realidad de la industria que explora y explota muy lejos de la Capital Federal.

La preocupación de inversores locales y extranjeros, están cifradas en las modificaciones que se deben realizar en la Ley de Glaciares. Todos saben y comprenden que consensuar en el Congreso de la Nación es imprescindible para rehabilitar las potencialidades mineras del país.

Los mineros pretenden la existencia de previsiones en las políticas de desarrollo, que se logre consenso a una normativa acorde a las perspectivas y con los cuidados técnicos que se deben realizar en cada mina. Urge acordar que las exigencias sean racionales. Los profesionales y representantes de los capitales externos saben que es factible y que lograr este objetivo habilitaría a 4 u 8 proyectos cordilleranos de gran envergadura. Lo que implicaría mano de obra, ingresos y generación de recursos genuinos.

Los temas centrales para los mineros son sin duda estos.

En cambio el gobierno mantiene desarticulado, desde la expulsión de Daniel Meilán, todo tipo de negociación con el Congreso, lo que permite arriesgar que el tema Glaciares, por ahora, no está en agenda. Así lo hacen notar y lo expresan la secretaria de Minería, Carolina Sánchez y el subsecretario Mariano Lamothe. Quienes en público no se manifiestan al respecto y esquivan a la prensa para responder sobre este tema. Además, entre los dos no conforman uno que tenga solvencia y convicciones para plantear nada en el Congreso de la Nación.

Lo mismo ocurre con las leyes provinciales que prohíben la actividad minera a gran escala. Fundamentalmente con Mendoza y Chubut. Aquí, gobierno y en algún caso CAEM, han coincidido en no hacer nada. Es más, desde que el gobernador de Chubut contradijo a Sánchez y Lamothe, estos no se refirieron más al tema. Dejaron de mandar misiones y esquelitas permaneciendo esquivos y mudos al respecto.

Pasó una nueva Arminera. Sirvió para el rencuentro de viejos conocidos. Las escasas seis mil personas que pasaron se llevaron una imagen pálida de la solidez real que posee el sector. De ahora en más, habrá dos años para repensar una nueva presentación en sociedad de la pujante actividad minera. Ojalá se comprenda que tanto movimiento económico arroje resultados que sumen a  ser amigables con la sociedad, con más minería y desarrollo para mostrar.

Por Claudio Gutiérrez

Prensa Geominera