Las Salinas Grandes de Salta y Jujuy: el desierto de sal gema

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Las Salinas Grandes de Salta y Jujuy comprenden un rico ambiente con gran potencial econóomico y con un poderoso atractivo turístico.


Por Ricardo Alonso

Salinas Grandes fue elegida en mayo de 2019 por votación de la Fundación New7Wonders entre las siete maravillas paisajísticas de Argentina al ser considerada como: “un desierto de sal de más de 210 kilómetros cuadrados a unos 3.600 metros sobre el nivel del mar”, en la provincia de Jujuy.

En realidad es una de las maravillas naturales que comparten Salta y Jujuy; la parte salteña como departamento de La Poma. El acceso es desde San Antonio de los Cobres, al norte, a través de la famosa ruta 40 o bien desde Purmamarca, al oeste, a través de la cuesta de Lipán (4.170 m.s.n.m.), por la ruta a Jama.

Salinas Grandes forma parte de una extensa cuenca cerrada de la Puna Argentina, con drenaje interno, que en su centro contiene un lago seco de sal evaporada que refleja al cielo como un espejo natural en medio del intransigente desierto andino.

Dos enormes brazos montañosos la cercan por el este (Sierra de Chañi y Sierra Alta) y por el oeste (Sierra de Cobres), con alturas medias de 4.500 y 5.500 m sobre el nivel del mar y que se elevan entre 1 y 2 km por encima del piso de la salina.

Con una larga y rica historia, sus playas y bordes fueron habitados por pueblos indígenas quienes explotaron la sal como sustancia de trueque. Los incas y un poco más tarde los primeros conquistadores españoles la tuvieron como un paso obligado, llamándola “Salinas de Casabindo”.

El ambiente es el típico de la Puna con una escasa vegetación, un clima árido a semiárido, fuertes amplitudes térmicas diarias, alta heliofanía, vientos fuertes después del mediodía, y precipitaciones escasas y concentradas en el verano. Es llamativa la presencia de pequeños árboles (churquis) y cardones, los que están ausentes en la Puna Austral. La vegetación rala, xerofítica, está compuesta además por tola, tolilla, yareta, yaretilla, copa, rica-rica, pasto carrizo, paja iru, añagua, etcétera.

La red hidrológica

Con una extensa red hidrográfica, las aguas confluyen en la depresión de Salinas Grandes donde finalmente se evaporan. Gran parte de los caudales llegan en forma subterránea y sólo unos pocos cursos lo hacen superficialmente. Este régimen hidráulico fue mucho más intenso algunas decenas de miles de años atrás a raíz de los periodos glaciarios e interglaciarios del tiempo Cuaternario.

De esta manera la región pasó por etapas de lagos y salares en forma sucesiva. Grandes “deltas” se pueden ver en la desembocadura de dos de los ríos principales: el río de San Antonio de los Cobres por el sur y el río de Las Burras por el oeste. Se trata de enormes abanicos aluviales que en el caso del río de Las Burras corresponde al vaciamiento exorreico de la vecina cuenca de Sey -Pastos Chicos- Susques hacia la de Salinas Grandes, ya que entre ambas media una diferencia de altura que permite un drenaje desde el oeste hacia el este. La cuenca de Salinas Grandes y su continuación al norte -la laguna de Guayatayoc-, se estructuraron durante el Neógeno – Cuaternario y se fueron rellenando con los materiales arrancados por la erosión a las montañas cercanas, así como por la abundante caída de cenizas de los volcanes cordilleranos.

Las aguas dulces, salobres y saladas, frías o termales, se fueron concentrando y por evaporación depositaron distintos tipos de sales minerales entre ellas los carbonatos en forma de travertinos, los sulfatos (yeso), los boratos (ulexita) y el cloruro de sodio (halita o sal gema), con una marcada zonación desde los bordes hacia el centro en función de la solubilidad. Muchas de las aguas se alimentaron superficial o subterráneamente en zonas de aparatos volcánicos como los de Chimpas, Tuzgle, Coranzulí, Niño, Coyambuyo y otros.

Debajo de las rocas

Las rocas que configuran las sierras que abrazan a Salinas Grandes pertenecen a viejas rocas marinas del Precámbrico, Cámbrico y Ordovícico, así como también a depósitos continentales del Grupo Salta (Cretácico) y sedimentitas rojas del Terciario. El Grupo Salta contiene una formación marino – lacustre llamada Yacoraite y que está representada por calizas amarillas que contienen uranio y petróleo.

Es probable que en las profundidades de Salinas Grandes se oculte un depósito de petróleo y gas. Las líneas sísmicas indican que el relleno moderno de la cuenca alcanza un par de kilómetros y, a mayor profundidad, se encontraría la Formación Yacoraite con buenas estructuras para el entrampamiento de hidrocarburos.

Un mundo de sal

Desde tiempos históricos el principal mineral que se explotó allí fue la sal común. Esta se cortaba en panes, con hachas, directamente en la superficie de la salina. Los panes de sal eran cargados en llamas y más tarde en burros y transportados hacia los valles abajeños para su venta o trueque por mercaderías.

Fausto Burgos, en su novela “El Salar” cuenta con lujo de detalles la vida dura y el difícil trabajo de los salineros.

El reflejo de la sal produce en los ojos el dolor y ceguera del “surumpio”, las manos y pies se secan y resquebrajan por la salmuera, el rostro de ennegrece al sol por la doble reflexión producto del fuerte albedo del salar.

En el interior sólo se ve el horizonte de sal y, los espejismos (“fata morgana”), engañan al viajero pudiendo llevarlo a extraviar el rumbo y de allí a la locura o la muerte.

La costra salina puede ser lisa como un espejo o formar polígonos que crecen a diferentes alturas. A la distancia luce como un “desierto de cristal”. Toda la sal es de origen continental y no tiene nada que ver con el mar, aun cuando metafóricamente se vea como un “mar de sal”. De allí que no deba darse crédito a la imagen que aparece en la película “La Deuda Interna” donde un niño levanta una caracola marina de la salina para escuchar las voces que trae el viento. Aparte de los panes de sal, ésta también se explota raspando la costra superficial con la cuchilla de una moto-niveladora o bien cavando piletas y dejando evaporar la salmuera hasta que precipitan los cristales de sal pura en el fondo.

Esa sal se vende para fines industriales y de alimentación. También se explotaron intensamente los boratos entre ellos los de Tres Morros, Huáncar, Cangrejillos y Niño Muerto.

Miles de obreros trabajaron en la extracción de los nódulos algodonosos de ulexita o borato común de los bordes de la salina hacia fines del siglo XIX, y aún hoy se ven las ruinas de los viejos campamentos mineros abandonados.

Un potencial extraordinario

En los últimos años creció el interés por el litio contenido en las salmueras que yacen por debajo de la costra de sal. Esto podría llevar a una tercera era de desarrollo económico que comenzó con la sal gema, siguió con los boratos y ahora podría consolidarse con las salmueras de litio, siempre y cuando se mantenga el interés de los mercados internacionales para la fabricación de autos ecológicos en base a baterías eléctricas. La infraestructura ha crecido sustancialmente y hoy la ruta a Jama, completamente asfaltada, la cruza transversalmente y está acompañada por el Gasoducto de Atacama. De este se deriva el “Gasoducto Minero de la Puna” que corre al pie de la Sierra de Cobres. El turismo y el flujo de tránsito a Chile constituyen un importante movimiento económico para la región.

El interés científico, académico y turístico se refleja en decenas de trabajos publicados, libros, folletos, artículos y tesis doctorales. En noviembre de 2018 se defendió en la Universidad Nacional de Salta la tesis de la Dra. María del Carmen Visich titulada: “Geología, morfología y génesis de la cuenca de Salinas Grandes, Puna Salto-Jujeña, República Argentina”, la que fuera dirigida conjuntamente por la Dra. María Camacho (UNJu) y el suscripto; que mereció la más alta calificación y felicitaciones del jurado. Por su compleja geología, su larga historia y por su belleza paisajística, las Salinas Grandes de Salta y Jujuy comprenden un rico ambiente que merece ser destacado por su potencial económico y por encontrarse entre los principales atractivos turísticos de la región.

Por Ricardo Alonso

El Tribuno