Convivir con los robots

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Por el Dr. Gustavo Carlos Mangisch


Sin duda, uno de los fenómenos con mayor impacto en estos últimos años de profundas transformaciones, es el crecimiento exponencial en el uso de máquinas autónomas programables, a las que llamamos robots.

La palabra “robot” se deriva del vocablo checo robota, que significa “servidumbre”, “trabajo forzoso” o “esclavitud” y el hombre ha comenzado a inventar estos aparatos para reemplazar al hombre en tareas rutinarias o peligrosas…

Todos seguramente conocemos o hemos oído hablar sobre la fabricación de automóviles y varios otros productos en los que, cada vez más, el trabajo humano está siendo reemplazado por robots.

En la actualidad, los robots, fundamentalmente industriales, son ampliamente difundidos y realizan tareas de forma más precisa, más segura, más rápida o más barata que los humanos. Podemos encontrarlos en trabajos demasiado sucios, peligrosos o tediosos para los humanos.

Las áreas de mayor crecimiento son las plantas de manufactura, montaje y embalaje y en la producción en masa de bienes industriales o de consumo, en el ámbito militar, exploraciones en la Tierra y el espacio. También en la limpieza de residuos tóxicos y minería entre otros.

Un capítulo especial de estos años (a pesar de la exageración en los pronósticos que sugieren para el 2020 la circulación masiva de estos nuevos automóviles), es la autonomía en la movilidad que ya es una realidad. Sabemos que puede modificar profundamente nuestra forma de trasladarnos, haciendo innecesario contar con un automóvil personal con todo lo que esto significa en el mundo del trabajo y la arquitectura de las ciudades.

La robotización promete meterse mucho más en nuestra cotidianeidad a través de lo que se conoce como “internet de las cosas” lo cual nos permite automatizar no sólo varias tareas de la casa, sino también incorporar aparatos electrodomésticos para que funcionen autónomamente.

Pero lo que más expectativas ha despertado es la posibilidad de convivir con humanoides. Desde el elemental robot de la serie televisiva “Perdidos en el espacio” de 1965 hasta los sofisticados humanoides de la película “Inteligencia artificial” 2001, pasaron 36 años. El cine ha sido prolífico en imaginar el futuro poblado por estos aparatos.

La ficción ha pasado a la realidad y hoy estos personajes mecánicos encuentran referencias reales por ejemplo en “Asimo”, un humanoide experimental de la empresa japonesa Honda. Lo mismo hace “Sophia” que con un rostro más amigable es capaz de mantener un diálogo coherente sobre variados temas con humanos. “Zora” que es utilizado en varios países del mundo para la atención a adultos mayores. Despierta una gran esperanza, especialmente en Japón, que el cuidado del hogar para la población de edad avanzada pueda ser desempeñado por robots.

En este contexto permítame, estimado lector dejarle algunas inquietudes para que las piense: ¿Está el sistema educativo preparando a la fuerza laboral para vivir en mundo tan robotizado? ¿Cómo me dispongo y me preparo por si en unos años, un robot hace mi trabajo? Y la pregunta más importante: ¿Qué puedo hacer para que estas nuevas tecnologías estén al servicio del hombre?

Por el Dr. Gustavo Carlos Mangisch

(*) Director de la Maestría en Gestión de Nuevas Tecnologías en Comunicación de la UCCuyo

Diario de Cuyo