Japón no es, precisamente, uno de los países que a uno le vienen a la mente cuando se habla de minería de oro. Sus puntos fuertes en cuanto a sectores de producción son otros, empezando por la tecnología. Sin embargo, el país contó en su momento con importantes minas de oro que aún conservan grandes yacimientos de mineral con una alta concentración y cuya explotación está siendo valorada por varias compañías.


por José Ángel Pedraza

Según explican desde Proactive Investors USA, las primeras minas de oro de Japón datan del siglo VII. La producción de este metal continuó en el país hasta el año 1943, en el que las necesidades derivadas de la participación del país en la Segunda Guerra Mundial propiciaron que el Gobierno clausurase las 76 minas de oro que estaban siendo explotadas, para centrarse en la extracción de metales de base, necesarios para la industria militar.

Tras la guerra, tan solo unas pocas explotaciones se reanudaron, apenas una docena, ya que las compañías japonesas preferían invertir en el exterior e importar los recursos necesarios, aprovechando la fortaleza del yen. Ello provocó que en la década de los 70 del pasado siglo, no quedase ni una mina de oro en actividad en todo el país.

Según John Proust, CEO de la compañía Japan Gold, la buena noticia es que aún quedan muchos yacimientos sin explotar en el país, y con una concentración inusualmente alta de metal, lo que hace que su explotación sea económicamente muy rentable.

De hecho, la mina de oro de Hishikari (en la imagen), situada cerca de la ciudad de Kagoshima, en la isla de Kyushu, es la explotación activa con mayor concentración de oro. Desde que se inició la explotación de Hishikari, se han extraído 236,2 toneladas de metal, a una elevada concentración de nada menos que 30-40 gramos de oro por tonelada de mineral. Una cantidad que multiplica por seis u ocho veces la concentración media de oro en las minas explotadas en todo el mundo, que es de apenas 5 gramos por tonelada.

Además, Proust subraya que Japón cuenta con una envidiable situación geológica, ya que en su territorio proliferan las aguas termales que, en su camino hacia la superficie, hacen aflorar oro desde las capas más profundas de la corteza terrestre.

El camino hacia la futura explotación de los recursos mineros de oro de Japón se allanó a partir del año 2012, en que se introdujo una enmienda en la Ley de Minería de Japón, que eliminaba la prohibición de conceder permisos de exploración y minería a las compañías extranjeras.

Precisamente esta prohibición fue lo que impidió que la industria minera de oro de Japón resurgiese tras abandonarse en la Segunda Guerra Mundial, ya que las compañías mineras locales tenían otros objetivos y no querían arriesgarse en tareas de exploración y puesta en funcionamiento de minas en territorio japonés.

Tras esta liberalización, han comenzado a fluir las inversiones exteriores y dos compañías se han posicionado en especial para la explotación de los recursos de oro del país: Japan Gold e Irving Resources.

Curiosamente, ambas compañías son de capital canadiense, la misma nacionalidad que la primera minera de oro mundial, Barrick Gold. Y es que, en cuestiones de minería de oro, Canadá es la mayor potencia mundial.

Las posibilidades de desarrollar la industria minera en Japón son enormes, ya que es un país muy accesible para la exploración, que cuenta con detalladas bases de datos de la composición geológica de sus territorios, que facilitan enormemente la labor, siempre costosa, de explorar.

Además, existe muy poca competencia por los recursos, el país es muy estable desde el punto de vista política y su jurisdicción está libre de corrupción.

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