La senadora Cristina Fiore participa del “espacio de confluencia” convocado por el jefe de Gabinete, Fernando Yarade, con el objetivo de diseñar un programa de gobierno para la provincia.


Francisco Sotelo

En diálogo con El Tribuno, la presidenta del Partido Renovador (Pares) destacó la “fragilidad del escenario económico y la profundidad de la incertidumbre política a nivel nacional”.

Cristina Fiore puso el acento en “el protagonismo que les corresponde a los municipios en esta nueva etapa”, recalcó la gravedad de la pobreza “que es el problema que no nos da ni nos puede dar tregua”, y enfatizó: “Salta no puede manejarse con tabúes ni voluntarismos, necesita un programa de desarrollo sustentable que compatibilice los requerimientos ambientales, las necesidades sociales y los condicionamientos económicos de la región”.

¿Cómo evalúa usted el inicio de este año de alto voltaje electoral?

El escenario económico es tremendamente complejo. Estamos en una encerrona que se prolonga sin visos de solución. En este momento nos movemos en un círculo vicioso, porque la falta de crecimiento económico genera retroceso, pero para eliminar el déficit, frenar la inflación y contener la cotización del dólar, se aumentan las tasas de interés; entonces, resulta más rentable poner la plata en el banco que en una empresa. Si de cada cinco dólares que ingresan al país, cuatro van al mercado financiero, es difícil generar riqueza y desarrollo.

Como senadora ¿cree que hay diálogo entre el Gobierno nacional y las provincias?

Creo que es insuficiente, y condicionado por cierta soberbia. Indudablemente se abre una etapa en la que resulta imprescindible la consolidación del Estado federal, pero las circunstancias no ayudan. Hay demasiada incertidumbre frente a una economía que parece carecer de rumbo y una exasperante imprevisibilidad política.

¿Cómo vislumbra el escenario salteño?

La provincia vive un final de ciclo y se abre una nueva etapa en política salteña.

¿Cree que los nuevos protagonistas están mostrando la luz al final del túnel?

Todas las aspiraciones son legítimas. Pero al ciudadano le interesa saber cómo le vamos a llevar certidumbre sobre su trabajo, sus negocios, la educación de sus hijos y la prestación de salud. Por eso estamos trabajando muy fuerte con Fernando Yarade, porque el eje de la campaña que viene tiene que estar centrado en la situación económica, en la gestión de la escasez, en el impulso a la producción, en el empleo y la educación. Salta necesita un gobernador con experiencia de gobierno y conocimientos de economía. Salta va a necesitar un gobierno con objetivos y decisiones sólidas.

¿Salta necesita un golpe de timón?

Salta necesita prepararse para momentos difíciles, porque, gane quien gane a nivel nacional, la recuperación de la economía y, sobre todo, la posibilidad de retomar la tendencia progresiva de crecimiento va a demandar un enorme esfuerzo. Es evidente que desde hace una década muchas cosas han cambiado y nuestro país no encuentra el rumbo.

Pero la provincia no puede sentarse a esperar…

Hay algunas cosas que se deben mantener; una es la descentralización, que obliga a cada intendente a hacerse responsable de lo que pasa en su municipio. Pero hay asignaturas pendientes que no nos dan tregua, especialmente los elevados niveles de pobreza. Ese es un tema que preocupa y que tiene que ver con los problemas regionales. Hoy el 71% de las pymes están asentadas en las ciudades de la región central. Mientras se mantengan las tremendas asimetrías, como las de nuestro país, la fractura social va seguir profundizándose.

Más allá de lo que pase a nivel nacional, la divisoria de aguas pasa por si se opta por un modelo de desarrollo productivo local o se mantiene la dependencia ya insostenible de la coparticipación federal… Salta recibe el 4% de coparticipación, tiene un 3% de la población nacional y un producto bruto geográfico equivalente al 1,5% del PBI.

Hay variables que escapan a la determinación de la provincia, pero nosotros estamos trabajando en un proyecto que apunte a centrar esfuerzos en la recuperación económica, que es la clave para generar empleo genuino y para llevar desarrollo a cada localidad, en colaboración con los intendentes. La Argentina y Salta se hicieron con educación y trabajo, y ese camino es el que nos va a llevar a alcanzar las metas que nos vamos proponiendo. Estamos diseñando proyectos concretos en cada localidad, con equipos técnicos y colaboradores con experiencia política.

La provincia tiene fortalezas como el campo, el turismo y la minería, pero da la impresión de que uno no se puede conformar con “lo que se hizo siempre”. Los tiempos han cambiado. ¿Usted cree que se valora el potencial real de Salta?

Tenemos potencial, pero falta infraestructura. Y los inversores miran potencial e infraestructura. Hoy la minería ofrece perspectivas auspiciosas, pero hacen falta caminos, ferrocarriles, servicios en las localidades de la Puna.

Hoy existen probabilidades muy concretas de que el litio se convierta en un boom productivo. Pero si hacemos lo que “se hizo siempre” van a surgir objeciones: a la militancia antiminera internacional se va a sumar el reclamo de los salteños, más concretos: “Se llevan todo y no dejan nada”.

La minería es una fuente de ingresos. La historia de Chile y la experiencia reciente de la provincia de San Juan lo demuestran. El acuerdo tiene que ser claro: en primer lugar, que acepten negociar inversiones en infraestructura que ellos necesitan, pero que sean ejecutadas pensando en el beneficio de cada pueblo. Me refiero a los establecimientos sanitarios, las instalaciones para servicios y saneamiento, la provisión de energía, etc. Y, además, es imprescindible gestionar para que al mineral se le agregue valor en territorio salteño.

Los empresarios mineros advierten que falta personal calificado en la provincia, y que van a tener que traer técnicos de afuera.

Ese es un aspecto importante, la calidad educativa adecuada a las exigencias locales de salida laboral. Es algo que va más allá de la minería, porque es lo que reclaman en todos los barrios de Salta. Creo, además, en la necesidad de unir fuerzas en el objetivo de superar el divorcio entre la universidad y la empresa, que es un tema de alcance nacional. La educación y la actividad productiva no pueden ir por caminos paralelos, porque se necesitan una a otra. Sin profesionales y técnicos formados en el manejo de las nuevas tecnologías. Al mismo tiempo, percibo buenas perspectivas para el desarrollo de la ganadería.

Hay que enfrentar los tabúes ambientalistas.

Salta no puede manejarse con tabúes ni voluntarismos: necesita un programa de desarrollo sustentable que compatibilice intereses ambientales, necesidades sociales y condicionamientos económicos de una región. Tenemos que definir cómo potenciamos los recursos y formular objetivos de gobierno orientados al desarrollo. El tema ambiental debe ser asumido en función del conjunto de las necesidades de Salta: preservación del medio, exigencia de trazabilidad de los mercados, aportes de la ciencia y la tecnología e incorporación de valor agregado. Y, además, hay que introducir un cambio sustancial: tenemos que tomar el ejemplo de Corea del Sur y atrevernos a diversificar nuestro modelo productivo.

¿Cómo definiría el espacio de confluencia del que participan usted y Fernando Yarade?

Estamos trabajando para una propuesta seria para Salta. Se trata de un lugar de análisis y proyección, basado en la realidad de la provincia, la región y el país, en un mundo con cambios vertiginosos. Es un espacio plural, donde la coincidencia está en los objetivos. Por eso allí confluyen personas de diversos partidos y sectores de la actividad. La idea es que los roles de cada uno vayan surgiendo de lo que necesite el proyecto.

El Tribuno