La minería rechaza la «superioridad ética» de los diamantes sintéticos

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Los productores de diamante naturales intentan contrarrestar uno de los argumentos más empleados por los fabricantes de diamantes sintéticos: El respeto al medioambiente.


La industria minera del diamante trata de neutralizar uno de los principales argumentos comerciales de los fabricantes de diamantes sintéticos y asegura en un informe que la emisión de gases contaminantes para crear estas gemas en un laboratorio triplica a la producida por la explotación minera.

Según la DPA, asociación que agrupa a grandes firmas mineras como De Beers, Alrosa, Rio Tinto o Lucara Diamonds, para conseguir un diamante de un quilate la actividad minera genera unos 160 kilogramos de C02 mientras que, para obtener la misma piedra, un laboratorio estaría emitiendo más de 500 kilos de este gas de efecto invernadero, lo que supone casi un tercio más de emisiones contaminantes. Y eso partiendo de una estimación “conservadora” como aseguran los responsables del análisis.

Esta es la conclusión más llamativa del informe El Impacto Social y Ambiental de la Minería a Gran Escala, elaborado para la Asociación DPA por la consultora especializada en medioambiente Trucost (propiedad del grupo S&P, la agencia de calificación que jugó un dudoso papel en la crisis financiera de 2008).

Cuadro comparativo entre las emisiones de CO2 a la atmósfera de diferentes industrias (textil, tecnológica…etc) junto a las de la minería de diamantes (en azul) y las de la producción de diamantes de laboratorio, en rojo.

Sin embargo, la propia obtención de esos datos es precisamente la cuestión que más dudas genera sobre los resultados. Los responsables del estudio reconocen las “dificultades” para obtener una información contrastada del consumo energético de los fabricantes de diamantes de laboratorio y achacan estas deficiencias a la “falta de transparencia” de esta industria.

Para justificar sus cálculos el informe recoge algunos datos genéricos que ofrecen unos pocos fabricantes como la empresa II Technologies, con base en Singapur; o la norteamericana Ada Diamonds, pero sobre todo se ciñe a estimaciones y opiniones de “expertos de la industria” como el periodista especializado Rob Bates o el analista del mercado del diamante Paul Ziminsky.

Es en este aspecto donde la publicación adquiere tintes con apariencia de rigor pero mostrando cifras basadas, en su mayoría, en opiniones personales más o menos interesadas y las mezcla con datos procedentes de fuentes como el banco ABN Amro, que en 2017 realizó un informe sobre el ‘Coste de los Diamantes’.

En este documento la entidad bancaria destacaba, por ejemplo, que cada quilate producido en un laboratorio consume en torno a los 26 Kilowatios/hora, mientras que el caso de la extracción esta cifra asciende a más del doble (57 Kw/h) pero este detalle no se refleja en el informe de la consultora.

goldandtime.org