El minero y navegante José Lavarello

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Por Ricardo Alonso


Navegar el Bermejo era cosa seria en los siglos XVIII y XIX.

No solo por los obstáculos naturales que imponía el río sino también por la agresividad de los indígenas que atacaban a las embarcaciones que por allí se desplazaban.

Desde la pionera expedición del padre franciscano Francisco Morillo en 1780, seguida por la de Adrián Fernández Cornejo y sus hijos Antonino Cornejo y Juan José Cornejo en 1789, se sucedieron incontables viajes de exploración con éxitos y fracasos diversos.

Entre ellos merece citarse en 1826 la expedición del francés Pablo Soria, acompañado por su piloto genovés Nicolás Descalzi y el inglés Luke Cresser que terminaron prisioneros del dictador paraguayo Gaspar Francia por cinco años; la de José Ramón Nabea de 1855, traicionado y abandonado por su gente en medio del Chaco; la de los hermanos Emilio y Prudencio Palacios en 1862; para la misma época la del inglés Isman que perdió su fortuna en la empresa; la de Vinei y la de Felipe Saravia; la de Tomas J. Page y Natalio Roldán en 1871; la de Natalio Roldán y Emilio Castro Boedo en 1872, por mencionar algunas de las más importantes.

Expedición en el Bermejo

Uno de los viajeros que navegó varias veces el río fue el controvertido marino italiano José Lavarello. Su nombre quedó inscripto con luces y sombras en la épica expedicionaria del Bermejo. Lo que resulta prácticamente desconocido en su historia biográfica es su actividad de cateador y empresario minero en las montañas del norte argentino en la segunda mitad del siglo XIX.

Nos encontramos así con un interesante viajero, navegante y minero decimonónico que suma a las ricas páginas de la historia poco conocida de Salta y el noroeste argentino. José Lavarello fue un marino italiano nacido en Camogli (Génova) hacia 1815. Camogli es un típico pueblo marinero genovés y actualmente un centro turístico. Probablemente su nombre de pila fue Giuseppe el que cambió a José al llegar a Buenos Aires alrededor de 1835. Al parecer era un experimentado marino y armador que llegó al Plata como patrón de cabotaje. Al notar la falencia de navegación fluvial creó y promovió la empresa de los remolcadores en los ríos. Pronto ganó fama como uno de los más hábiles armadores de patachos y pailebotes y muy idóneo en materia de cabotaje fluvial. Precisamente esa experiencia lo trajo a interesarse por navegar el Bermejo, tanto aguas arriba subiendo desde el río Paraná y el río Paraguay, así como también aguas abajo descendiendo desde la región de Orán.

Sabemos que llegó a Salta hacía 1850. Al parecer convenció a un rico vecino de la ciudad, el coronel Evaristo Uriburu, de financiar una expedición de navegación por el Bermejo. En 1854 se construyó bajo la dirección de Lavarello el vapor «Zenta», considerado como el primer buque de vapor de bandera argentina construido en el país. La carga a bordo eran suelas, lanas y abundantes muestras de ricos minerales de Santa Victoria.

Navegó el Bermejo aguas abajo hasta llegar a Paraná en Entre Ríos. En esa ciudad construyó una nueva embarcación a la que bautizó como «El Explorador». Encaró el retorno remolcando al vapor Zenta por el río Paraná y el Paraguay y comenzó a remontar el Bermejo pero a poco de andar chocó con un raigón y El Explorador se hundió. Continuaron viaje aguas arriba con el Zenta.

Fracaso y conflicto

Evaristo Uriburu (1796-1885) junto a otros ricos vecinos salteños volvieron a confiar en Lavarello para adquirir un vapor en Liverpool. Se pagó 30 mil pesos fuertes por una embarcación desmedida a las condiciones del río con siete pies de calado en lugar de dos. En abril de 1855 intentó remontar el Bermejo pero llegó solamente hasta La Cangayé desde donde emprendió el regreso. Los accionistas salteños de la Sociedad de Navegación del Bermejo estaban furiosos contra Lavarello y enviaron a José Ramón Nabea a quitarle el vapor y dos chatas de hierro que estaban en su poder. Nabea intentó continuar la misión de navegación pero hombres leales a Lavarello lo despojaron del mando y lo abandonaron a su suerte sin recursos de ropa y alimentos. Nabea y un par de ayudantes lograron sobrevivir e iniciaron una acción penal contra Lavarello, cuestión ruidosa que se tramitó ante los tribunales.

Casi una década más tarde, en 1863, Lavarello aparece de nuevo en acción esta vez al mando del vapor «Gran Chaco» construido con un socio capitalista, el señor Ángel Baso. Remontaron el Bermejo y llegaron hasta Rivadavia donde el vapor permaneció anclado por cinco meses. Lavarello se presentó en los tribunales de Salta y pidió el embargo del vapor. El Juez de Comercio se apercibió de la jugada de Lavarello y autorizó a Baso a retornar a Buenos Aires.

Transporte de minerales

No sabemos con certeza cuando comenzó Lavarello su aventura minera.

Como se dijo en 1854 transportó en el vapor Zenta muestras de minerales a Buenos Aires que no sabemos si eran propias o de terceros.

Lo que sí está claro es que vislumbró el potencial de minerales vírgenes de la región y la posibilidad de explotarlos. Luego del pleito con Baso en 1863 se radicó en Salta y enseguida dejó de navegar por la guerra del Paraguay.

La primera mina a su nombre aparece en el informe sobre censo y estadística de Salta de 1865 que fuera publicado por el italiano Plácido Aimó en 1868. Dice que: «A 10 leguas de la capital y en el cerro de Santa Rufina, en estos días fue denunciada por el capitán Lavarello, una mina de plata y los ensayos hechos han sido muy satisfactorios».

Se refiere a las viejas minas de plomo y plata de La Caldera que fueron explotadas en el siglo XVIII y que cita Filiberto de Mena en su informe de 1791. En 1878 el gobernador de Salta Juan Solá y su ministro Eliseo F. Outes remiten un informe al gobierno nacional sobre «descubrimientos mineralógicos» en la provincia y allí figura Lavarello con una mina de cobre en Iruya.

En 1889 aparece la Memoria Descriptiva de Salta de Manuel Solá, una obra valiosa y nunca superada. En minería contó con el auxilio del alemán Otto Klix y del francés Emilio Fressart, largamente radicados en Salta.

A Lavarello se lo menciona como propietario de varias minas, entre ellas Nuestra Señora del Milagro (plata y cobre) y la Lavarello (plata) ambas en Iruya (1880). Probablemente bautizó también a una mina como Garibaldi.

Para 1881 aparece como concesionario de seis minas: Meridiano, Círculo Antártico, Círculo Ártico, Equinoccio, Cáncer (plata) y la Ercole de oro, todas en Iruya.

Los nombres que impuso a las minas dan fe de su pasión marina. También se lo menciona como que habría estado a cargo de la vieja mina de cobre Chacabuco en Iruya continuando los trabajos de explotación de Marcos Amar de 1882. Esta fue una rica y vieja mina de cobre y plata de donde probablemente salieron los minerales con los cuales navegó por el Bermejo.

Al respecto Solá señala en su memoria que: “Varios son los criaderos de esta región de Iruya, siendo el principal y más importante el de la mina Chacabuco.

El mineral es el cobre llamado pecho de paloma argentífero y ferruginoso. Actualmente es una veta muy metalera y promete serlo mucho más. Fue trabajada desde hace mucho tiempo, pero modernamente renovó dichos trabajos el señor Lavarello, a quien sucedieron los actuales propietarios, señores Martínez y Cía.”.

El final

En el padrón minero de 1885 figura como socio de Waldino Riarte en una mina en Santa Victoria y luego su nombre desaparece de los registros. Probablemente en 1885 regresó a Buenos Aires donde reinició sus actividades como navegante de cabotaje fluvial con los remolcadores. Se menciona que en estas tareas murió trágicamente cuando navegando por el Río de la Plata, a la altura de Maldonado, quiso auxiliar a los náufragos de una pequeña embarcación de exploradores franceses. Al parecer exigió demasiada potencia al motor que explotó falleciendo él y todos sus tripulantes. En 1888 sus hijas, Luisa Lavarello y Matilde Lavarello, entregaron al Congreso de la Nación los mapas, planos, diario de viaje y documentos de su padre relativos a la navegación del Bermejo.

El Tribuno