La CAEM ante el desafío de constituir una bisagra para diferenciarse de un pasado de desencuentros

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El Dr. Alberto Carlocchia que encabezaba la Lista Celeste y Blanca es el nuevo presidente de la CAEM al imponerse por 24 votos a los 19 obtenidos por la Lista Azul que encabezaba Franco Mignacco.


Tras imponerse en las urnas el pasado 12 de septiembre, los ejecutivos de las empresas mineras rápidamente hicieron el traspaso y cuando se presentó ante la prensa especializada, para brindar  su primera conferencia como titular de esta institución, ya había asumido legalmente su nuevo rol. Sin   duda algo expeditivos.

Una de las ventajas con que cuenta el destacado hombre de la actividad empresarial minera hoy trabajando en Patagonia Gold, es que lleva veinte años dentro de la industria. Experimentó diferentes funciones que le permitieron familiarizarse muy bien con las áreas de comunicación y representación institucional.  Su paso por los yacimientos de Cerro Vanguardia, Cerro Moro, Cerro Negro, Cao Oeste, Lomada de Leiva (todos en Santa Cruz) y en este último tiempo en la provincia de Río Negro en el emblemático “Calcatreu”, son una tarjeta de presentación muy robustecida. Posee el conocimiento por haber estado viviendo en zona de mina y de cumplir funciones ejecutivas en las primeras líneas empresariales. Como le dicen en el barrio: “un todo terreno”.

A este sintético “curriculum vitae” hay que agregarle que pasó muchos años asimilando enseñanzas de la mano de su padrino, en este rubro, que fue el Ing. Walter Schamale. Y, como si fuera poco, sumó muchos años como ladero de dos pro hombres de actividad gremial empresarial como el Ing. Jorge Fillol Casas y el Dr. Julián Rooney.

“El Beto”, como lo reconocen cariñosamente, se forjó desde un principio en la dura tarea que  le demandaba el yacimiento y posteriormente en la comodidad de la “City porteña”. Pero siempre se caracterizó por ser un profesional que estuvo en zona, para lo cual mediante, una relación de ida y vuelta con las círculos sociales aledaños a la explotación. Supo aggiornarse a cada desafío, sin perder contacto con la otra realidad minera, basada en reclamos, conflictos,  exigencias, incomprensiones y esa maldita costumbre del sector de no querer comunicar las características peculiares de la industria. Todo esto contribuyó a que hoy  sea un ejecutivo que conoce bien de qué se trata la minería.

No se pude afirmar si esto que se detalla le será algo a favor o le jugará en contra. Carlocchia asume este rol de representatividad, también sabiendo, con qué tipo “de bueyes” debe lidiar, dentro y fuera de la CAEM.

Asume una institución que desde el año 2006 en adelante no encontró rumbo ni dirigente capaz de comandar a los empleados jerárquicos de las empresas mineras.

El representante de Patagonia Gold se destaca por ser un ejecutivo de una empresa minera metalífera privada de capitales nacionales que accede a conducir la CAEM. No es poca cosa que un colaborador  de un empresario nacional,  como lo es Carlos Miguens, acceda a la representatividad de un sector industrial. Carlocchia tiene la oportunidad de convertirse en una bisagra a la triste historia de la CAEM de los últimos trece años.

Para refrescar la memoria y conocimientos de otros, pasaron por la presidencia de esta entidad, pos Fillol Casas, un representante sin empresa en actividad; luego un funcionario nombrado por Decreto Presidencial; nuevamente un empresario sin empresa y por último un desconocido, recién llegado al país, que ante tanta mediocridad y divisiones reinantes, entre los ejecutivos, se perfiló por ser el hombre del cambio y lo único que hizo en los últimos cuatro años, fue auto promocionarse, tal el caso de Marcelo Álvarez, que en 2015 llegó como el “Mesías” y terminó siendo “Job”, para darle una connotación bíblica.

La herencia que recibe Carlocchia no es sólo de desencuentros con los gobiernos de turno que se encargaron de castigar, desde el año 2007 en adelante, a la industria con permanentes cambios en las reglas del juego; atropellos a la estabilidad fiscal y nuevas formas de arrebatar ganancias mediante disposiciones impositivas, contribuciones especiales y retenciones. Muy lejos de la letra Ley de Inversiones Mineras.

También él sabe que estamos en Argentina, y eso necesita de un plus especial. Hablábamos que el principal desafío era convertirse en “bisagra” histórica. Para ello posee conocimiento, ganas y convicciones.

En sus primeras palabras no escatimó abordar cuestiones que los periodistas no estábamos acostumbrados a escuchar de quien ocupara ese espacio.  Se mostró sin temores al precisar que a la minería no le fue mal con el peronismo, reconociendo también que hubo matices lamentables de determinadas personas y sus decisiones. Arremetió con dureza al referirse al Nuevo Acuerdo Federal Minero, que impulsó el despedido ex secretario de Minería Daniel Meilan. Definió que esa intención atrasaba y que era innecesario un instrumento de ese tipo para que esta industria funcione en forma más deficiente, haciendo hincapié que los inversores deben poder opinar para construir desarrollo.

Aseguró que la CAEM debe tender a impulsar proyectos de desarrollo orientado hacia un modelo federal de minería. Aseverando que no todas las regiones son iguales y no es lo mismo hacer minería en una u otra región del país. Deslizó que es imprescindible establecer pautas de trabajo comunes con las que podrán  avanzar desde la territorialidad. Levantando en forma enérgica el concepto de “lograr el federalismo” en la representación dentro de la industria. Bregando a la vez para que la actividad minera se posicione como un jugador en la discusión del desarrollo del país.

Si bien es cierto que el tema de la comunicación sigue siendo un punto negro, tanto para él como para sus pares ejecutivos, al no entender que significa comunicar la industria, se mostró convencido de buscar una imagen que identifique a la actividad privada como industria. No es una de las definiciones más contundente ni lúcidas, pero ante la nada absoluta que muestra la historia, permite sospechar que puede existir algún cambio en material comunicacional.

Carlocchia comprende muy bien que si apuesta a una gestión sólida y diferente a la ya experimentada, deberá aplicar lo que aprendió en el rugby: trabajo en equipo, esfuerzo, compañerismo y confianza. De esa manera podrá tener gratos momentos para acceder a buenos terceros tiempos.

La tarea pendiente es amplia. La agenda de la CAEM exigirá recomponer relaciones entre los bandos que volvieron a disputarse espacios de poder. Si bien la sugerencia de contratar un buen analista que permita tener conclusiones de cómo 52 votantes no pueden consensuar un perfil la institución demanda definir un rumbo con timoneles representativos, sin ególatras, ni operadores de cuestiones y beneficios personales; concibiendo que lo mejor para las empresas es hacer una sociedad que permita acceder en forma conjunta al bienestar para trabajadores, provincias, comunidades y país.

Comenzó para Carlocchia el tiempo de descuento. Llegó la hora de plasmar ideas, conceptos y sueños. De romper con la parsimonia, la mezquindad y el descompromiso. Por eso desde estas páginas hablamos de “bisagra”.

El flamante presidente se preparó para ello. Cuenta con el aval de las empresas más trascedentes que operan en Argentina. Pero sustancialmente, la de un grupo de profesionales y ejecutivos que anhelan otro posicionamiento que se diferencie de la hibrida e inestable imagen institucional que dejó Marcelo Álvarez. Hay tarea para realizar y cambios que ejecutar.

Por Claudio Agustín Gutiérrez, director de Prensa GeoMinera