La columna de la semana: El litio combate la depresión

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Tenemos los granos, las carnes, y ahora el litio. El hilo conductor es el medio ambiente. Pero tenemos también a los argentinos.

Por Héctor Huergo

Todo tiene que ver con todo. Hubo dos grandes noticias relacionadas con el sector rural esta semana. La más notoria fue que le dieron el Premio Nobel de Química a tres científicos que vienen investigando al Litio desde hace años. La otra viene de Colonia, Alemania, donde se celebró una nueva Anuga, la gran feria de alimentos, con un éxito fenomenal para la carne vacuna argentina.

Veamos cuál es el hilo conductor. Lo del Nobel es una buena elección, sin duda, que le da notoriedad a un elemento clave en la vida moderna, por sus dos virtudes fundamentales: es hiper liviano y tiene la capacidad de transportar y almacenar energía. Justo lo que se necesita en un momento en el que la humanidad, preocupada por el cambio climático, busca alejarse de las fuentes de energía que incrementan el tenor de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Y lo interesante es que la Argentina cuenta con importantísimos yacimientos de litio. Una gran oportunidad.

El boom del litio se desencadenó con la llegada del auto eléctrico, en particular cuando el polémico empresario sudafricano Elon Musk, radicado hace años en Estados Unidos, decidió colocar en el mercado un modelo capaz de competir en precio con autos convencionales de similar gama. Sucedió hace tres años, con el lanzamiento del Tesla 3, que apuntaba a la producción masiva (500.000 autos por año).

Para ello tuvo que instalar una gigantesca fábrica de baterías de Li-Ion, con una inversión de 5 mil millones de dólares. Muchos redoblaron la apuesta a que se fundiría. Pero ahí está la Gigafactory y don Elon cumpliendo con todos los pronósticos. De su planta en San Francisco salen 10.000 autos por semana. Ya es la automotriz de mayor valor bursátil en Wall Street, habiendo superado nada menos que a GM y Ford. A nivel mundial sólo está atrás de la japonesa Toyota y la alemana Volkswagen. Y todas lanzando autos eléctricos para achicar la brecha.

En la misma dirección del ahorro de emisiones, está la cuestión del metano de las vacas. En los últimos tiempos arreciaron los embates del movimiento vegano, que mezcla el tema del derecho de los animales como el impacto de las emisiones fruto de la fermentación ruminal. Esto tiene en vilo a los ganaderos de todo el mundo. Pero como suele decir Jorge Castro, la realidad siempre se subleva.

La realidad es lo que ocurrió en Anuga. Y lo que viene ocurriendo con la carne argentina. Las treinta empresas que fueron a la muestra con el IPCVA paladearon el “momentum”. Los chinos siguen arrasando con todo. Pero ahí están Corea y Japón, y hasta los uruguayos, que van a venir a buscar asados a la Argentina porque ya vendieron toda la carne posible y encima colocaron una gran cantidad de terneros en pie.

Hace pocos años, añorábamos alcanzar los mil millones de dólares en exportación de carne vacuna. Este año posiblemente superemos los 4 mil millones. Un producto de altísimo valor agregado, miles y miles de empleos de calidad y bien remunerados. Y encima, con el atributo ambiental único de nuestro sistema de producción: rotaciones, pasturas (incluyendo las implantadas sobre montes degradados), eficiencia en la terminación reduciendo la huella de carbono. Así como hemos creado la agricultura más eficiente del mundo en términos ambientales, también lo es la ganadería que se basa en esos recursos y en esa trayectoria.

Tenemos los granos, las carnes, y ahora el litio. El hilo conductor es el medio ambiente. Alimentos eficientes, energía renovable. Para el mundo que quiere lo viejo, tenemos el shale. Tenemos de lo que quieran.

Pero tenemos también a los argentinos. Uno de sus usos más tradicionales del litio es el tratamiento del trastorno bipolar. Para combatir la depresión. Y huir hacia adelante.

Clarín