Los rosicleres o platas rojas

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Por Ricardo Alonso

El mundo de los minerales tiene ejemplos de singular belleza con especies que destacan por la perfección y simetría de sus cristales o la hermosura de sus colores.

El brillo de los diamantes, el amarillo del oro, los cubos de pirita, las gotas de mercurio son ejemplos muy comunes y conocidos por todos.

La plata se presenta en la naturaleza tanto como metal nativo o bien formando numerosas combinaciones, especialmente sulfuros y sulfosales. Existen cientos de especies minerales que tienen a la plata en su composición química. Entre ellas se encuentran las llamadas «platas rojas» que son básicamente los minerales proustita y pirargirita. También se las conocía como las «platas rubíes».

El mineral proustita fue descubierto por el mineralogista y geólogo francés Francois S. Beudant (1787-1850) quien se lo dedicó al químico francés Joseph-Louis Proust (1754-1826). Beudant fue uno de los grandes mineralogistas mundiales de la primera mitad del siglo XIX y descubridor de más de 35 especies minerales muchas de ellas importantes y de distribución global. Proust era hijo de un farmacéutico y de niño vivió en una atmósfera casi alquímica. Logró pasar a España contratado por el rey gracias a una recomendación de Antoine Lavoisier (1743-1794). Se salvó de la Revolución Francesa, cosa de la que no pudo escapar su sabio amigo que terminó en la guillotina.

En España Proust se embarcó en complejos estudios químicos que le llevaron a descubrir una de las leyes de la química, aquella de las proporciones constantes o definidas, también llamada Ley de Proust. Demostró utilizando carbonato de cobre que, ya sea en la naturaleza o en el laboratorio donde esta sustancia se forme o se prepare, siempre contiene proporciones fijas en peso de los elementos carbono, oxígeno y cobre.

Proust junto a otros grandes sabios están entre los fundadores de la química moderna.

Proustita y pirargirita

Las platas rojas proustita y pirargirita forman una serie isomorfa y pertenecen a la clase de las sulfosales.

Proustita es el sulfuro de arsénico y plata mientras que la pirargirita es el sulfuro de antimonio y plata.

Pirargirita toma su nombre etimológico del griego: «roja como el fuego». En líneas generales estos minerales tienen un color rojo claro (proustita) a rojo oscuro (pirargirita). Tienen brillo adamantino, o sea que recuerdan al brillo del diamante. Son minerales blandos, de 2 a 2,5 en una escala de diez. Sus pesos específicos están alrededor de 5,6 a 5,8 y cristalizan en el sistema trigonal. Más oscuras o más claras, lo cierto es que las platas rojas se caracterizan por sus tonos escarlata, sangre, bermellón, rojo carmín a rojo cochinilla y se las ha comparado con cerezas, grosellas o granadas.

Son minerales muy sensibles a la luz y pueden oscurecerse al quedar expuestos. Por lo tanto, muestran su verdadera belleza cromática cuando se presentan en superficie fresca, no alterada por luz o meteorización. Desde antiguo se les ha dado el nombre de rosicler y así se distinguen como rosicler claro a la proustita y rosicler oscuro a la pirargirita.

Rosicler hace referencia al color rojo de la aurora cuando la noche rompe en día y de allí que haya sido una palabra muy utilizada por los poetas en sus cantos al amor. Un interesante estudio sobre la etimología y los usos de la palabra rosicler pertenece al erudito español Ángel Arteaga en su blog Palabraria del 10 de febrero de 2018.

Por la forma de los cristales los mineros en Bolivia llaman canutillos a los rosicleres.

En México en cambio a los minerales muy ricos en plata se los nombra como petlanque y se distinguen como petlanque acerado oscuro, el rosicler oscuro o pirargirita; petlanque colorado o rojo, el rosicler claro o proustita al que también llaman petlanque encarnado; y petlanque negro a la argentita o sulfuro de plata. Otro término de los mineros es «sangre de toro» para referirse al rosicler oscuro o pirargirita. Plata frágil o agria lo utilizaron para definir a los rosicleres en general ya que se rompen al cortarse con un cuchillo a diferencia de otros minerales de plata que son séctiles, o sea dan virutas al rasparlos.

En nuestro subsuelo

Es interesante destacar que los minerales de plata se forman a partir de fluidos hidrotermales de baja temperatura y de origen volcánico en las últimas etapas de la mineralización. Por ello las sulfosales generalmente ocupan el centro de las vetas o bien están crecidas dentro de otros sulfuros. En la década de 1970 los estudiantes de geología tuvimos la oportunidad de bajar al fondo de la mina Pirquitas. El geólogo que nos acompañaba era Fernando E. U. Tuttolomondo, egresado en 1966 de la Universidad Nacional de Tucumán, quien estaba a cargo de la explotación de la mina. Mientras él recorría las galerías a 200 m de profundidad tenía oportunidad de toparse con las vetas que por primera vez veían los ojos de un hombre cuando se disipaba el humo de las voladuras. Allí quedaban expuestos o esparcidos esos bellos cristales de rosicleres que por su alta ley en plata, entre 60 y 65 por ciento daban valor extra a las vetas formadas por minerales comunes y de menor ley. Tuttolomondo supo mostrarnos un frasco grande lleno de rosicleres que coleccionaba como simple afición mineralógica. Esos minerales, hoy muy escasos, se cotizan actualmente a altos precios en el mercado internacional. Los mejores cristales de rosicleres de que se tenga noticias fueron encontrados en la mina Chañarcillo en Copiapó (Chile). Esa fue una de las minas de plata más ricas del continente. Allí se encontraron cristales de proustita o rosicler claro que tenían hasta 15 cm de largo. Los mejores ejemplares se conservan en el Museo Mineralógico de la Universidad de Atacama en Chile.

Una anécdota curiosa es que Domingo Faustino Sarmiento trabajó en esa mina con el cargo de mayordomo en 1841, de traje azul y gorra roja. Él mismo lo cuenta en sus escritos y memorias donde aborda largamente la vida del minero en el desierto reseco del norte de Chile. Lo interesante es que trajo de recuerdo uno de esos rosicleres a nuestro país y luego de llegar a la presidencia de la Nación y crear la Academia Nacional de Ciencias (1869) lo donó para que se integrara a las colecciones mineralógicas. Ese cristal ocupa un lugar destacado en el Museo de Mineralogía y Geología Dr. Alfred W. Stelzner de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, hoy bajo la dirección del Dr. Raúl Lira. Posee el número de inventario 183 y está considerado como el ícono y reliquia histórica de la institución.

En el Noroeste argentino se conocen numerosas minas de plata donde se han encontrado las platas rojas o rosicleres. Ya se mencionó la vieja mina Pirquitas, pero también hay ejemplos en Aguilar, Pan de Azúcar, Rachaite y otras localidades de Jujuy; mina Concordia y minas del complejo volcánico Quevar en Salta; mina Capillitas en Catamarca; mina Cerro Negro y Peregrina en Famatina (La Rioja), entre otras. La gran investigadora de esos minerales en Argentina fue la recientemente fallecida Dra. Milka K. de Brodtkorb. En igual sentido merece reconocerse a Lidia Malvicini, Ricardo Sureda, Silvia Ametrano, Werner Paar, Hubert Putz, Dan Topa, Klaus Robl, Isidoro Schalamuck, María F. Márquez Zavalía, Raúl Fernández, entre otros.

 Y una ironía

Una anécdota mordaz sobre los rosicleres la comenta el archivista e historiador salteño Francisco Centeno, en “El chileno Mena: Las minas y monumentos incásicos de la dilatada Intendencia de Salta” (Revista de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires, 1912). Menciona allí a José Manuel Fernández y comenta: “Estaba tan olvidada la industria minera, que en la segunda mitad del pasado siglo (s. XIX) no había en Salta quién practicara ensayos ni análisis de piedras y metales preciosos, pero ni rudimentariamente, con excepción del virtuoso minero y estimado vecino don José Manuel Fernández, de quién cuéntase que hacía de alquimista, y sus experimentos, machacando el cuarzo en un almirez, le daban siempre rosicler”. ¡No deja de haber una fina ironía en este comentario! Las vetas rojas de plata en el mundo subterráneo recuerdan la metáfora fisiológica de la sangre que fluye por las venas de la tierra.

El Tribuno