Ser creíbles, trasparentes y coherentes: el desafío de la CAEM después de tararear tantos espejitos de colores

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En el festejo del Día de la Minería del año 2016, el arribado presidente de la CAEM de entonces, Marcelo Álvarez, anunció que entre los años 2016 y 2021 se efectuarían inversiones por un total de US$ 19.686 millones de dólares. Esa cifra, quien sabe de dónde la había sacado, consideraba la suma de capitales para la exploración y construcción de nuevos proyectos mineros, algo que no sucedió, ni sucederá, en los próximos 12 meses.

El ahora ejecutivo de Barrick Gold, expuso en su emocionado y rimbombante discurso que las mayores inversiones se concentrarían entre los años 2018 y 2020 arriesgando (al hacer una frustrada futurología) que una suma cercana a los US$ 14.589 millones se obtendrían durante la construcción de los mayores proyectos: El Pachón, Taca-Taca, Agua Rica y Los Azules.

Sin duda le falló el oráculo. Salvo el proyecto Agua Rica en Catamarca, los otros no anunciaron absolutamente ningún movimiento de significancia. Es lógico decir, que si se llegan a concretar, no será antes del 2021.

Álvarez, que en ese entonces recién llegaba al país tras su paso por Colombia y México, se encontró con el camino allanado para ser el elegido para romper con el Status Quo existente hasta en ese entonces dentro del club de los ejecutivos mineros. Cabe destacar, para refrescar la memoria, que él tras cuatro años de gestión no los exterminó, se acopló a él.

Ese puñado de buenas intenciones futuristas comprendidas en el “Desafío CAEM 20/212  también sostenía que entre los proyectos que podrían comenzar a construirse más rápidamente se destacaban Navidad (Chubut) y Lindero (Salta). Otro fiasco. A esta altura se puede concluir que la “bola consultada” estaba floja de consistencia. Eso sí, este enjambre de anuncios le permitió posicionarse y crear fuego amigo con algunos medios y funcionarios, como ese “Mesías” que necesitaba el grupo de los ejecutivos de la actividad minera.

El “pronosticador fallido” se esperanzaba que durante el período 2016-21, el sector podría llegar a superar exportaciones por US$ 24.700 millones, nueve veces más de lo que se exportó en 2015.  Un anhelo que quedó muy lejano. Sentenciaba allá por el año 2016 que el mayor aumento en las exportaciones se verificaría una vez finalizada la construcción de los principales proyectos, los cuales hoy sabemos, que siguen en la misma situación que entonces.

Podríamos seguir en esta línea de recuerdos mediante la reiteración de aquellos disparatados anuncios pero sabemos que esto no le sirve a nadie, y menos resiste un análisis intelectual y serio. Fue una reverenda payasada en la que muchos creyeron y se sintieron parte y luego se desinflaron cuando la realidad de Argentina los sorprendieron al comprender que esas cifras no pueden aportar nada, y se encuentran lejos de la construcción de un relato certero y sólido.

La idea de recordar el “Desafío CAEM 20/21”, cuyo autor intelectual  fue Marcelo Álvarez, es para advertir que de los ridículos no se tiene regreso, y más cuando se sostiene desde la falsedad ideológica.

El auténtico desafío de la nueva CAEM debería ser el no dejarse tentar por los atajos y aferrarse a  las cuestiones que demanda el sentido común.

Todos sabemos que los inversores, jefes y dueños de las empresas, les exigen a sus empleados que los retribuyan con mejores ganancias o resultados positivos en mejores tiempos. Pero hay que hacer de antemano una aclaración sustancial: estamos en Argentina. Y esto demanda de otra lectura.

Este es el posicionamiento que la CAEM debería alcanzar. Establecer un punto de entendimiento para satisfacer a las partes. Por un lado dejar conformes a sus patrones y por el otro a los inevitables socios: los Estados. Concluyendo que deben ser muy trasparentes las relaciones. Ya que don Estado, en sus distintas manifestaciones, posee un perfil de relacionamiento que pretende hacer cumplir y las empresas saben que deben ajustarse a ello. De lo contrario deberán migrar a otros destinos.

Con la llegada de Alberto Carlocchia a la presidencia de la CAEM se pudieron traslucir ocultas definiciones. Es la primera vez que un ejecutivo minero reconoce que a los inversores de esta actividad “con el peronismo no les fue mal”. Por el otro lado, el representante de la empresa Patagonia Gold, perteneciente a Carlos Miguens, dejó otra definición muy precisa “nosotros desde CAEM debemos cuidar a los inversores”. Ambas apreciaciones poseen obviedades que eran omitidas. Siempre los que ocuparon ese mismo lugar se golpeaban el pecho y extendían largos lamentos sobre las penurias del sector. Ahora se blanqueó. Quizás, como se señalaba en una nota anterior, llegó el tiempo de poner una gran bisagra en la construcción de esta etapa dentro de la cámara.

Sabemos que la CAEM de los últimos 12 años no es el mejor de los referentes para exhibir. Fue presidida por un abogado que no tenía empresa; por un funcionario nombrado por el gobierno nacional y por un arribista sin antecedentes en la industria. Esos historiales no se borran fácilmente. 

Por eso, bien vale recordar el “Desafío CAEM 20/21” para saber lo qué no se debe hacer. Se impone consolidar una nueva modalidad de relacionamiento con la sociedad y los representantes ocasionales del Estado para romper con esa manía de tener que comenzar de nuevo ante cualquier cambio de escenario.

Otra necesidad es dar por enterradas la grandilocuencia de números y tablas inentendibles, dando paso a un lenguaje sencillo, lo que permitirá una mayor franqueza. Esto es un cambio de paradigma en los días que transcurren. Al hombre común no le hablen más de fórmulas y proyecciones, sólo entiende de resultados, y esto, de comprenderse y aplicarse, cambiaría radicalmente el entendimiento.

Lo mismo ocurre con aquellos interrogantes sin contestaciones. Llegó la hora de no esquivar esas ásperas preguntas y cuestionamientos que acusan de saqueo y de contaminación. Hay que responderlas con la verdad. Asumir  errores, no justificarlos. Es imprescindible obtener puntos de acuerdos. Existe una larga lista de cuestiones sin fundamentos. Se agotó el tiempo de exhibir postulados, buenas intenciones y acciones  rimbombantes pero sin efectividad, no alcanza el pensamiento miope como si fuese un club social. Se debe exhibir un mayor compromiso que será sin duda una llave para alcanzar la Licencia Social.

Hoy, la realidad socio económica y cultural de Argentina, conjuga otros arquetipos desprendidos de las necesidad básicas de una Nación en llamas; aparecen en escena la imperiosa acción de  enlazar postulados sobre solidaridad – trasparencia – credibilidad – resiliencia – empatía y el menos común de los sentidos.

La realidad de nuestra Nación necesita gestos de acercamiento y conexión. Si la CAEM logra interpretar esta sintonía habrá dado un gran paso.

El país necesita de inversores reales para lograr levantarse. El presidente Alberto Fernández sabe de esto y ya ha dado claras señales que cuenta con inversiones genuinas.

Por eso se terminó el tiempo de los “vende humo” los traficantes de “espejitos de colores” y los “chantas de ocasión”. Ahora se debe exhibir que tipo de camiseta se lleva pegada a la piel debajo de las costosas camisas que se exponen en público. Llegó la hora de convertirse en gestores de una nueva industria y concretar en realizaciones tantas promesas y anhelos argumentados.

El desafío es muy grande. Pasar del posicionamiento que reza “el que no llora no mama” al de “ganan todos” o “pierden todos” que sin duda es un gran desafío. El reloj de la historia ya comenzó a correr, o se está alerta para acoplarse o nuevamente se pasará la hora.

Valdrá la pena lograr posicionar una industria que puede transformar una porción de la realidad. La minería es una actividad que puede exponer con orgullo su potencial y sus recursos humanos. Con una trayectoria de 20 años ¿habrá llegado la hora de exhibir que la Nueva Minería es una realidad?

Hay muchas tareas para hacer. Incontables respuestas para dar a una sociedad que demanda certezas. Donde se aguardan cientos de verdades para compartir y mostrar. Siempre se deberá construir desde la transparencia y la profesionalidad. Con vocación nacional. Por eso, en esta realidad que nos toca presenciar,  “Mineros al socavón”, hay mucho para realizar.

Claudio Agustín Gutiérrez

Director de Prensa GeoMinera