Mendoza/Modificación a la Ley 7.722: «El miedo como herramienta de acción política», por la senadora Natacha Eisenchlas

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Una senadora provincial de la Unión Cívica Radical defendió su voto a favor de la Ley 9.209 que modificó la Ley 7.722 de regulación de la actividad minera.Se trata de Natacha Eisenchlas quien hizo conocer su opinión por medio de un documento que se transcribe a continuación.

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo”  (H.P. LOVECRAFT)

Soy una de las las y los legisladores que votamos a favor de la Ley 9.209, que habilita la incorporación de la minería como una actividad más en la matriz económica en Mendoza. Lo hice convencida, y lo sigo estando. Porque confío en que podemos hacer las cosas bien, que los controles  se van a realizar como corresponde, que hay muchas, muchísimas otras actividades que utilizan sustancias como cianuro y ácido sulfúrico o similares, como la agricultura y el petróleo, por citar sólo dos ejemplos. Lo hacen bien, sin producir ningún efecto no deseado. ¿A alguien se le ocurre que la Destilería de Luján tiene que mudarse de lugar aunque el río Mendoza corra por su interior? Porque se controla, porque el Estado está presente. Porque también sé que ningún departamento mendocino está obligado a aprobar  proyectos mineros si los vecinos no están de acuerdo. Es una ley absolutamente fiscalizadora y respetuosa de las identidades locales.

Pero sobre todo, absolutamente por sobre todo, lo  hice porque hay miles de mendocinos que están sufriendo. No tienen trabajo. Si no tienen trabajo no tienen acceso a la salud, a la educación, al deporte,  al transporte, a una vida en paz. Se enfrentan al dolor inconmensurable de vivir cada día la zozobra de  no saber qué van a comer sus hijos ese día, y el que viene… ¿Hay derecho a desoír esta situación y mirar hacia otro lado? Total, pobres hubo siempre…como dicen algunos y como si esto justificara la más cínica indiferencia.

¿Hay derecho a innovar, a buscar soluciones alternativas? Sí. Esta ley lo es: es el producto de años de debate e investigación. Es el producto de la decisión política de un gobernador que ganó por el 52% de los votos (y que junto a su principal adversaria política en esas elecciones, que a propósito también se manifestó siempre a favor de la minería seria, responsable y controlada obtuvieron casi el 90% de las preferencias) y que durante toda la campaña hizo expresa su obsesión de generar empleo genuino al mismo tiempo que no se cansaba de repetir en absolutamente todo el territorio provincial que debíamos incorporar a la minería a nuestra matriz productiva. Y lo primero que hizo, un día después de asumir fue enviar este proyecto a la Legislatura, cumpliendo su promesa de campaña.  No lo hizo por decreto. Lo envió al poder del Estado donde están representadas la mayoría de las fuerzas políticas, tanto mayoritarias como minoritarias.

Podría escribir páginas y páginas acerca de los aspectos técnicos que tanto se han discutido. Seguramente, con igual legitimidad  quienes opinan distinto podrían expresarse con la misma honestidad. Pero a esta altura, y como en todos los aspectos de la vida, todos escuchamos lo que podemos, queremos, o estamos predispuestos a escuchar. El cerebro funciona así: es humano.

Por eso en esta oportunidad siento la necesidad de hablar de otro aspecto que me parece sustancial. EL MIEDO.

Parece una eternidad, pero hace sólo un puñado de días los argentinos festejábamos un enorme paso institucional: por primera vez en 91 años un presidente constitucional  no justicialista le entregaba el mando a otro presidente constitucional, y aquí en Mendoza asumía el décimo gobernador elegido libremente desde 1983 hasta la fecha. Ambos de distintos partidos políticos, ambos habiendo sido electos sin ocultar nunca lo que pensaban: la minería, controlada como cualquier otra actividad o más, es una herramienta de crecimiento económico para que la pobreza deje de ser el principal flagelo y vergüenza que sufrimos en este país. Por supuesto no el único, pero sí uno más.

Pero unos días después el miedo está presente otra vez. La mayoría de los mendocinos no conocen el texto de la nueva ley, es comprensible que así sea. Pero cuando esto pasa los eslogan facilistas se expanden, siembran la confusión, manipulan y juegan con nuestras emociones. El miedo es la emoción más antigua, y de ella se derivan todas las demás. ¿Qué mendocino podría estar en contra de  cuidar el agua? Nadie, absolutamente nadie en su sano juicio. El miedo paraliza, confunde y fanatiza.

Conozco cientos de personas de a pie que están de acuerdo con esta medida. No lo dicen, porque tienen miedo. Miedo al escrache en el supermercado, a lo que le digan a sus hijos, a que les pinten la puertas de sus casas, a que los insulten en las calles. No me refiero a políticos, me refiero a la gente de a pie. Preguntemos en Malargüe, en Lavalle, en Godoy Cruz, en Capital…

Hace unos días unos encapuchados nos mostraron una postal de un  pasado al que no queremos volver. Pero lo hicieron, cobardemente. ¿Realmente están preocupados por el agua y el ambiente?

En estos momentos hay organizaciones que solicitan la no realización de la Fiesta Nacional de la Vendimia.  Paradójico: la vitivinicultura se beneficia ampliamente con la vigencia de la nueva ley. ¿Cómo puede ser? ¿Quién se beneficia con que la Fiesta de la Vendimia no se realice? ¿ Y los productores, y el turismo, y el sector gastronómico, y los artistas, y la inserción de Mendoza en el mundo?. ¿Hay derecho a poner en discusión algo tan preciado como es nuestra gran Fiesta? Tal vez si pensáramos un poco más, si nos midiéramos un poco,   si asumiéramos que las palabras tienen significado, que no se puede hablar por hablar nomás, como si todo diera igual…lo pensaríamos dos veces.

Cuando prima el miedo, cualquier cosa es posible. Pero estamos a tiempo. Podríamos detenernos aquí. Escucharnos, dialogar, ser libres y dejar que los demás lo sean. Honrar a la Democracia. Defender el agua, porque es lo más importante que tenemos. Defender también la libertad del que piensa distinto, la honestidad intelectual y dejar de lado los eslóganes tan simplistas como efectistas. Defender el ambiente: todo el ambiente. El ambiente de paz social, de tolerancia, del que sufre porque los Reyes Magos tal vez este año no pasan por su casa y que necesita que asumamos de una vez por todas lo que tenemos que hacer a pesar de los supuestos “costos políticos” que puede haber, y que felizmente nadie consideró ni privilegió. Conversemos, dialoguemos en serio, evacuemos dudas, démonos una oportunidad. Demostrémonos que estamos a la altura de las circunstancias y que lo que nos motiva  el realmente lo que decimos que nos motiva. Que el miedo nunca más vuelva a entrar en nuestras vidas»

Diario Uno