Nueva etapa de la relación con China

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Es un destino privilegiado para productos del sector agropecuario argentino.

Por Sabino Vaca Narvaja

Este 10 de diciembre se inauguró un nuevo capítulo para la Argentina; en este novedoso contexto nuestro país asume la oportunidad y el desafío de consolidar y diversificar sus relaciones internacionales en un escenario global caracterizado por una integración económica, política y cultural sin precedentes.

En su discurso ante la Asamblea Legislativa, el presidente Alberto Fernández precisó los trazos gruesos de su política en materia internacional, la cual definió a la vez plural y global. Plural, porque nuestro país ha de construir relaciones maduras con todos los países, sin exclusión. Global, porque la integración es con el mundo y con lo local a la vez: “una Argentina inserta en la globalización, pero con raíces en nuestros intereses nacionales”.

Este singular proceso (de globalización) incorporó a nuevos actores en la escena de las relaciones internacionales, entre ellos a los estados subnacionales, algunos de los cuales se interconectan cada vez en mayor medida al orden global, insertándose a las grandes cadenas globales de valor.

Para mejorar sus posibilidades, las provincias argentinas deben resolver el interrogante de cómo potenciar el desarrollo local y la competitividad en un contexto global de múltiples cambios. Es decir, cómo hacer para dotar de nuevas oportunidades a sus economías en un mundo que modificó su paradigma tecno-económico.

Una posible respuesta a este interrogante podemos encontrarla en China, país que se ha consolidado como potencia mundial en los últimos años. Argentina y China poseen una relación económica de complementariedad, y esto —en un contexto de alta escasez de divisas— puede ayudar a restablecer un círculo de exportación virtuoso para nuestro país.

Si bien Argentina sufre un gran desequilibrio en su comercio bilateral con China (el déficit comercial total de Argentina con aquella nación fue de 7.862 millones de dólares en 2018, duplicando el que tuvo con el resto del mundo), creemos que igualmente son muchas las oportunidades que el gigante asiático puede ofrecernos.

China ha señalado que América Latina y el Caribe son parte de la extensión natural de la Ruta de la Seda Marítima y por lo tanto participes indispensables de esa iniciativa. Ser parte del proceso puede constituir una oportunidad única para nuestro país, aumentando las posibilidades de financiamiento e inversión en vectores importantes para el desarrollo de las economías regionales.

La iniciativa —considerada por Beijing como el núcleo de la política exterior china— es trascendente no solo porque pretende reconfigurar la geoinfraestructura comercial del mundo: también intenta resolver las crecientes desigualdades internas derivadas del proceso de transformación económica y crecimiento. China busca expandir su desarrollo hacia las regiones menos aventajadas del centro y el oeste, a través de la política de “Go West”.

Esta política, formalmente lanzada con el X Plan Quinquenal (2001-2005), sigue manteniendo plena vigencia e incluso ha sido profundizada. Con una economía altamente descentralizada, aun bajo el control central del PCCh, la Franja y la Ruta ofrece a nuestro país grandes oportunidades al facilitar el acceso al nivel subnacional chino. Algunas provincias poseen mercados, sistemas financieros y avances tecnológicos de igual o mayor peso que algunos países del mundo. De las 31 provincias chinas, 25 superan el PBI de Buenos Aires y más de la mitad lo duplican o triplican.

Aparte del inmenso mercado interno chino, la Franja y la Ruta puede ser decisiva al momento de conseguir financiamiento para la construcción de líneas ferroviarias, autopistas, puentes, túneles, dragado de ríos y puertos aéreos y navales no solo para nuestro país, sino para el conjunto de la región de América Latina y el Caribe, favoreciendo la logística y la conectividad, y estimulando a la vez el comercio intrarregional y la gestación de cadenas regionales de valor.

Si bien el gran mercado chino es un destino privilegiado para productos provenientes del sector agropecuario argentino, países con estructuras productivas similares a las que posee Argentina tienen superávit comerciales con la potencia asiática al promover la exportación minera y los combustibles.

Para paliar dicho déficit, algunos especialistas han propuesto la creación de «clústeres» tecnológicos ligados a los recursos naturales —agro, minería y petróleo— con el objeto de agregar valor a nuestros recursos, desarrollando tecnologías encadenadas a su proceso de explotación, superando la falsa dualidad entre el sector primario e industria.

El objetivo detrás de esta apuesta es desarrollar sectores económicos que generen empleo a la vez que estimule la generación de divisas. Para ello, China debe volverse un aliado estratégico en materia de cooperación tecnológica, de inversiones y de comercio para Argentina. La creación de los mencionados «clústeres» no solo brindaría a China los insumos que necesita para sostener su seguridad alimentaria y energética: también ha de servirnos para estimular la producción nacional, ampliando las posibilidades de financiamiento e inversión en algunos vectores importantes para el desarrollo, en particular en el sector pymes.

La industria turística puede convertirse en otro campo relevante en la relación bilateral. El turismo es una de las actividades económicas que más está creciendo a nivel global (6% en 2018) y que más empleos directos e indirectos genera. Si bien las últimas devaluaciones frenaron varios años de crecimiento ininterrumpido de déficit en dicho sector, el turismo emisivo en Argentina sigue superando al turismo receptivo (en los primeros ocho meses de 2019, el déficit de cuenta corriente por dicho concepto se redujo en un 43% con respecto al año anterior).

En los últimos 10 años, el turismo proveniente de China llegó casi a triplicarse y es considerado un mercado emisor de gran potencial, con uno de los mayores promedios de gasto por día por turista a nivel mundial, por lo que consideramos que todavía queda mucho por hacer en este campo. El turista chino, además de privilegiar los destinos de naturaleza —en nuestro país, los destinos preferidos son Cataratas, la Patagonia y la Antártida—, adquiere paquetes que incluye otros destinos dentro de Latinoamérica. En este sentido, será significativo estimular una estrategia continental a modo de ofrecer a los principales operadores de viajes chinos itinerarios que incluyan los más destacados puntos de interés turístico a nivel regional.

Como país, el gran desafío de Argentina es acordar con China un plan de facilitación del turismo que incluya la apertura de nuevas rutas aéreas, los acuerdos de códigos compartidos entre aerolíneas, la facilitación de visados, la oferta de promociones especiales por parte de las principales agencias de turismo chinas, la celebración en Beijing de la semana del turismo argentino-chino, el rodaje en regiones turísticas argentinas de importantes programas televisivos, la promocion en redes sociales chinas (WeChat, Youku, Weibo), la consolidación de acuerdos de promoción del turismo chino hacia Argentina vinculados a importantes eventos futbolísticos, la ruta del enoturismo y los viajes de estímulo e incentivo para los empleados de diferentes empresas estatales chinas, entre otras numerosas acciones.

Los ejes propuestos constituyen solo un pequeño muestrario de la potencialidad en la relación con China. El vínculo con la Nación del centro puede encaminarse hacia un “futuro de progreso compartido”, que jerarquice institucionalmente la relación bilateral con la finalidad de desarrollar y ampliar nuestras capacidades estratégicas y coordinar eficientemente una agenda nacional respecto al gigante asiático.

El autor de esta columna es Director del Programa de Cooperación y Vinculación Sino-Argentino, dependiente del Departamento de Planificación y Políticas Públicas de la UNLa.

Clarín