La baba metálica del lobo, por Ricardo Alonso

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La historia de los elementos químicos y de los minerales que los contienen resulta las más de las veces un tema apasionante. Uno de ellos es el wolframio o tungsteno.

Platino, wolframio y vanadio fueron todos ellos descubiertos por científicos españoles, pero mientras que el wolframio se descubrió en España, el platino y el vanadio fueron descubiertos en la América Española. El platino por Antonio de Ulloa en el siglo XVIII en lo que hoy es Ecuador y el eritronio o vanadio por Andrés Manuel del Río en México a comienzos del siglo XIX.

La historia de los elementos químicos y de los minerales que los contienen resulta las más de las veces un tema apasionante. Uno de ellos es el wolframio o tungsteno.

Platino, wolframio y vanadio fueron todos ellos descubiertos por científicos españoles, pero mientras que el wolframio se descubrió en España, el platino y el vanadio fueron descubiertos en la América Española. El platino por Antonio de Ulloa en el siglo XVIII en lo que hoy es Ecuador y el eritronio o vanadio por Andrés Manuel del Río en México a comienzos del siglo XIX.

En el descubrimiento del wolframio o tungsteno participaron directa o indirectamente algunos de los químicos alemanes y suecos más renombrados del siglo XIX. La gloria del hallazgo les cabría finalmente a los hermanos Elhuyar. Juan José de Elhuyar (1754-1796) y Fausto Fermín de Elhuyar (1755-1833), fueron dos químicos y mineralogistas españoles nacidos en Logroño (La Rioja).

Provenían de una familia vasco francesa que se radicó allí. El padre quedó viudo y se casó con la empleada doméstica. Los Elhuyar tuvieron una formación académica importante que los llevó primero a estudiar en París y más tarde por distintas vías en Suecia y en Alemania. Suecia era entonces el centro académico a la vanguardia de la ciencia química. Y además fabricaban allí cañones de la más alta calidad. España quería traer esas técnicas y ciencias a la península y financió el viaje y estadía de los hermanos.

Juan José estuvo en Upsala donde enseñaba Torbern Bergman y luego pasó a Koping donde se desempeñaba el químico y mineralogista Carl W. Scheele (1742-1786). Este último estuvo muy cerca de descubrir el elemento y precisamente hoy se conoce en su nombre el mineral scheelita, un wolframato de calcio de gran parecido con el cuarzo. Los suecos sospechaban la presencia de un elemento nuevo al que no pudieron aislar pero que llamaron tungsteno, que en su idioma significa «piedra pesada».

El hermano Fausto tuvo el privilegio de estudiar, además, en la Academia de Minas de Freiberg como discípulo de Abraham G. Werner, uno de los padres de las geociencias. Freiberg era entonces el centro académico por excelencia. Allí se conocieron con Andrés Manuel del Río y Alexander von Humboldt. Al final convergieron en México donde dieron inicio a las ciencias mineralógicas en el Real Seminario de Minería.

Humboldt dictó allí la primera clase de geología en América a la que tituló «Pasigrafía geológica».

Wolframita

Los hermanos volvieron a España y comenzaron a estudiar el mineral wolframita. Este es un wolframato de hierro y manganeso que se clasifica como un óxido y forma parte de la serie ferberita – hubnerita de acuerdo al elemento químico que predomine.

La palabra wólfram provenía del alemán «baba de lobo» y aparece citada como «Lupi Spuma» por Georg Bauer o Agrícola en su obra «De Natura Fossilium» (1546).

Esa espuma o baba de lobo, en latín, pasó al alemán como wólfram y aparece mencionada en la «Pyritologia» de F. J. Henckel en 1725. Los viejos mineros del siglo XVI creían que algunos minerales se comían entre ellos, como el lobo a la oveja, y dejaban su baba como testigo.

Lo cierto es que con las muestras de wolframita que habían recolectado en sus largos viajes europeos, los hermanos Elhuyar comenzaron a trabajar y pronto se dieron cuenta que el ácido que habían separado era el mismo al que los suecos llamaban túngstico o tungsténico. Lo que hicieron entonces fue calentar fuertemente el material con carbón en polvo y así pudieron aislar el metal.

El primer informe del hallazgo fue dado a conocer en 1783 por los hermanos Elhuyar en la «Real Sociedad Bascongada de Amigos del País» bajo el título: «Análisis químico del wólfram, y examen de un nuevo metal, que entra en su composición». Vale aquí mencionar la importancia de esa sociedad. Fundada en 1765, el mismo año de la Academia de Minas de Freiberg, es la institución más antigua de España en su tipo. Se encuentra en Vergara, un municipio de la provincia de Guipúzcoa, País Vasco. Fue creada por un grupo de intelectuales para el cultivo de las ciencias y las artes. Entre ellos se destaca el conde de Peñaflorida que fuera su primer presidente. Los Elhuyar hicieron conocer el hallazgo del metal wolframio un año después, en 1784, en la Academia de Ciencias de Toulouse.

Sabios en América

Fausto de Elhuyar cumplió luego una gran misión en México donde escribió sobre la amalgamación de la plata, la amonedación y una memoria sobre el influjo de la minería en la agricultura, industria, población y civilización de la Nueva España. Luego de la independencia, en 1821 regresó a Madrid, ocupó altos cargos y produjo un informe sobre los famosos yacimientos de Almadén, Guadalcanal y Río Tinto.

Su hermano Juan José fue destinado a Colombia donde trabajó con el famoso naturalista y botánico José Celestino Mutis. En 1983, al cumplirse los 200 años del descubrimiento del wolframio, el gobierno español emitió un sello postal recordatorio. El ejemplo de colaboración científica de los hermanos Elhuyar tiene un correlato en nuestro país con el de los hermanos Florentino y Carlos Ameghino que realizaron una obra paleontológica de alcance internacional.

La bombilla eléctrica

Tungsteno o wolframio se usan como sinónimos. Sin embargo el símbolo químico del elemento se representa con la letra W y ocupa el casillero 74 de la Tabla Periódica. Entre las particularidades se encuentra su elevado peso específico que supera al oro y además es el metal que tiene el más alto punto de fusión (3.422 grados) y un punto de ebullición en 5.930 grados. Gracias a los filamentos de tungsteno Edison pudo fabricar la bombilla eléctrica con la que se iluminó el mundo desde su invención hasta finales del siglo XX, tiempo en que empezaron a ser reemplazadas. El wolframio se usa en fresas odontológicas, en la punta de bolígrafos, resistencias de hornos eléctricos, distribuidores de automóviles, bujías, barnices, electrodos, catalizadores, cerámicas especiales, tubos de televisores, herramientas de corte, etcétera.

Aplicaciones bélicas

Es un extraordinario protector contra radiaciones, incluso mejor que el plomo, dada su gran densidad y estabilidad atómica. Sin embargo su uso más difundido es en la fabricación de aceros especiales y en proyectiles antitanques. Durante la Segunda Guerra Mundial se pusieron en explotación yacimientos de wolframio alrededor del mundo tanto para abastecer a la Alemania nazi como a los aliados. España fue un proveedor importante de Alemania. En los campos de Castilla-León había pircas de cuarzo que contenían minerales de wolframio. Los alemanes pagaban por pircas nuevas para llevarse el metal. Esto generó un conflicto diplomático internacional con España por el tema de la neutralidad que se conoció como “La crisis del wolframio”.

La Argentina, durante la guerra, también explotó wolframio en las sierras Pampeanas de Córdoba, San Luis y Catamarca. Se destacó el yacimiento Los Cóndores en San Luís. Entre los empresarios mineros se encontraba el extrovertido y controvertido millonario Barón Biza, autor de “El derecho de matar”. Fue él quien inculcó ideas estrambóticas en un pintor boliviano al que convenció de que el papa Paulo VI era el anticristo y lo financió para que lo asesinara durante su viaje a Filipinas.

Minerales de wolframio en el norte argentino se han encontrado en la sierra de Liquinaste y también en la mina Pirquitas y Aguilar en la provincia de Jujuy. En Salta se mencionó en las pegmatitas de El Quemado, en los Nevados de Cachi-Palermo, donde hay una compleja mineralogía que incluye más de 65 tipos de especies minerales. Entre ellas minerales de niobio y tantalio (coltán), bismuto, uranio, fosfatos, turmalinas, berilos, etcétera. En general los minerales de wolframio se forman por fluidos calientes procedentes de magmas que se enfrían en contacto con distinto tipo de rocas donde aparecen acompañados por casiterita, turmalina, fluorita, topacio, molibdenita, bismutina, etcétera. Son comunes en depósitos pneumatolíticos del tipo greisen (formados por gases y vapores) y en vetas de cuarzo. Wolframita es un mineral negro y pesado, mientras que scheelita se conoce como “wolfram blanco”. Un país con grandes recursos de wolframio es Bolivia que tiene toda una faja metalífera que llega hasta la provincia de Jujuy.

El Tribuno