Minerales con forma de cruz, por Ricardo Alonso

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La presencia de rocas y minerales con aspecto de cruz llamó la atención desde antiguo y en especial por la profunda relación existente con el símbolo máximo del cristianismo. Una piedra o cristal con forma de cruz tenía toda una carga mística y mágica para su descubridor.

Desde antiguo ya se mencionan cruces en algunos textos que las clasificaban como «piedras figuradas». Así era muy común encontrar venas de cuarzo o calcita, blancas, en pizarras o rocas esquistosas oscuras que se cortaban a 90 grados y dejaban ver una forma de cruz. Generalmente eran el relleno de diaclasas ortogonales, esto es fisuras en las rocas que se cortaban en ángulo recto y estaban rellenas por alguna sustancia mineral. También cristales de pirita erosionados de la roca de caja que los contenía, quedaban liberados dejando un vacío. Esos huecos cúbicos se conocen como «box works» y a veces muestran una forma de cruz. Las colecciones antiguas enseñaban una mezcla caótica de minerales metalíferos, no metalíferos, sales, rocas varias, aceites minerales, a los que se sumaban fósiles, pseudofósiles, y piedras con toda clase de figuras que por analogía recordaban elementos antrópicos como huesos, dientes, calaveras, cerebros, corazones, riñones, entre otros. Los muñecos de tosca son uno de los mejores ejemplos y han llevado a serias confusiones. También piedras como aquel famoso «feto petrificado» salteño que se hizo conocido en la década de 1980 y que resultó ser simplemente un alga estromatolítica. Incluso piedras blancas de cuarzo, con cristales negros de turmalinas con forma de ojos hexagonales y una forma redondeada tipo cráneo deformado encontrada en Cachi (Salta) y curiosamente atribuida a un extraterrestre.

Las cruces

El pensamiento mágico es hermoso porque permite soñar con imposibles. La ciencia, en cambio, hace el papel de mala, al poner en negro (tinta) sobre blanco (papel) los duros datos de la realidad. Ahora bien, existen algunos minerales que efectivamente tienen una clara y notable forma de cruz. Entre ellos se destacan claramente quiastolita y estaurolita.

Quiastolita no es una especie mineral sino una variedad de andalucita. Andalucita es un silicato de aluminio que toma el nombre de Andalucía de donde originalmente se pensaba que provenía. El nombre le fue dado por Jean-Claude Delamétherie en 1798. Este mineralogista francés, además de ateo y materialista, adhería a la idea neptunista de Abraham G. Werner donde todo había comenzado en un océano universal. Delamétherie creía en un océano primitivo en el que las rocas y la vida se formaron a través de innumerables edades gracias a los procesos de cristalización. Sostuvo que todas las formas de vida conocidas por el hombre se desarrollaron a partir de un número restringido de prototipos igualmente generados por formas específicas de cristalización.

El mineral, en su variedad quiastolita, ya había sido descripto por el fraile franciscano José Torrubia en 1754. Torrubia, quien misionó en Filipinas y América del Sur, es el autor de una obra emblemática de las ciencias naturales, especialmente de la geología, mineralogía y paleontología, a la cual tituló «Aparato para la historia natural española». Allí concibe a los fósiles como restos reales de seres que existieron en el pasado y no como «piedras figuradas».

Andalucita, la especie mineral, tiene otros dos minerales polimorfos que se llaman cianita y sillimanita. En Salta se conocen importantes depósitos de sillimanita en la sierra de Tacuil. Se trata en todos los casos de silicatos de aluminio de cristalización rómbica que pertenecen a la subclase de los nesosilicatos.

Minería y fe

Quiastolita es una andalucita que tiene una forma de cruz que se da por el crecimiento de grafito en la estructura. Se la conoce como «piedra cruz» y era muy apreciada desde antiguo en el camino de Santiago de Compostela donde los peregrinos la llevaban de recuerdo. Los ejemplares provenían de algunos puntos de los Pirineos, Asturias y Galicia. Fray Torrubia no solamente la describe en 1754 sino que también la ilustra y por lo tanto debe ser considerado como el primer autor de la especie, tanto de andalucita como de la variedad cruciforme quiastolita. Incluso se comenta que Cristóbal Colón cuando llegó a América tenía en su dedo un anillo engarzado con una quiastolita. En general, la «piedra» está formada por una hermosa cruz negra sobre un fondo claro.

Uno de los mejores yacimientos se encuentra en el sur de Chile, en el río Cajón y el río de las Cruces (este último toma de allí el nombre), donde las aguas transparentes dejan ver los cristales en el fondo del lecho pedregoso. Este lugar, en Bío Bío, fue descubierto el 24 de febrero de 1710 por el astrónomo, geógrafo y botánico francés Louis Éconches Feuillée, quien estaba realizando un viaje a lo largo de las costas de Sudamérica. Feuillée era además sacerdote y su hallazgo lo motivó a escribir que esas piedras en forma de cruz eran una prueba de que Jesús debía ser adorado en toda la Tierra. Se las extrajo durante muchos años para comerciarlas al natural y también para la realización de colgantes, gemelos y otros objetos.

Creencias araucanas

Se sabe que un lapidador chileno, José Cambra, fabricaba en la década de 1970 unos hermosos rosarios con esas gemas. Se la llamaba también piedra de la «Cruz del Sur», nombre que le fuera dado por el médico y gemólogo Juan Grau (1917-2009).

En el sur de Chile se cuentan muchas leyendas, entre ellas que pertenecen a las almas de los araucanos convertidas en piedra. O que son las lágrimas de una doncella cristiana raptada por un cacique araucano, que se enamoró perdidamente de su raptor, el cual se perdió en el bosque mientras ella lo buscaba desconsolada y llorando.

De allí que todavía se use como amuleto para alcanzar amores aparentemente imposibles.

Otro mineral con forma de cruz es estaurolita, un alúmino silicato de hierro con cantidades variables de magnesio y zinc. Su etimología proviene del griego «stauro» (cruz).

Cristaliza en el sistema monoclínico y puede formar cristales aislados pero lo más común es que se presente en forma de individuos que se asocian para dar una macla.

Las maclas son agrupaciones simétricas de cristales idénticos. Los cristales de estaurolita cuando están maclados se compenetran entre sí. Dichas maclas de penetración dan la apariencia que un individuo se hubiera introducido en el interior del otro. De esta manera se forman dos tipos de cruces.

Una en ángulos rectos a 90 grados que se conoce como macla en “cruz de Bretaña”, por ser muy común en esa localidad de Francia y otra en un ángulo de 60 grados, más en equis, que se conoce macla de “cruz de San Andrés”. También se las menciona como “cruces de las hadas” y “lapis cruciferum”, por piedra en cruz. Se presentan bellos ejemplares de estas estaurolitas en muchas rocas metamórficas alrededor del mundo.

El color café rojizo oscuro de los cristales en cruz tiene un parecido con maderos. Su uso en ornamentos, especialmente en colgantes, adquiere gran valor para los creyentes cristianos. Ello en razón de ser una cruz de piedra, formada por la naturaleza y que representa la cruz de Cristo. Desde el punto de vista científico es un mineral valioso como geotermómetro y geobarómetro y se lo usa para identificar zonas de metamorfismo de una determinada presión y temperatura. Es un mineral común en rocas metamórficas de las Sierras Pampeanas. Tal vez el mejor ejemplo de maclas en cruz de estaurolita tipo Bretaña y San Andrés, se encuentra en esquistos de mica negra (biotita) en rocas serranas del extremo noroeste del salar de Centenario en la Puna Salteña.

Joya ignorada

Algunas de esas cruces alcanzan hasta siete centímetros de largo. La localidad fue estudiada por los doctores José Viramonte, Ricardo Sureda y Mario A. Raskovsky y los resultados publicados en el VI Congreso Geológico Argentino en 1975. El suscripto, en carácter de estudiante, participó entonces como ayudante en los trabajos de campo. Puede verse allí como los esquistos biotíticos se descomponen en un material fino y deleznable que libera los cristales de estaurolita con los dos tipos de maclas señaladas y también unos hermosos ejemplares rojos de granate almandino perfectamente cristalizados en dodecaedros rómbicos. Estaurolitas y granates se incorporan además como detritos en los aluviones que bajan por los faldeos del filo de Centenario.  Estaurolita es una de las joyas minerales desconocidas de Salta.

El Tribuno