El mendocino y el medio ambiente – Por Natalia Casadidio

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Por Natalia Casadidio – Socióloga UNAP – Chile Magister en Política y Planificación Social de la Universidad Nacional de Cuyo.

Hace poco, en Salta, una compañera de trabajo se acerca y me dice: “¡Qué orgullosa debes sentirte de ser mendocina!” Me tomó por sorpresa y actué intuitivamente en modo ‘menduco’. Pregunté por qué, y me respondió: “Me sorprende que todo un pueblo conozca sus leyes y proyectos de leyes que los pueda afectar”. Luego de esa conversación me llegó una catarata de videos y fotos que relacionaba la reforma de la Ley 7.722 con una destrucción inminente del medio ambiente. De este modo comencé a preguntarme: ¿por qué a los mendocinos les molesta el cianuro que podría utilizar la actividad minera y no les importa el cianuro que utiliza la industria vitivinícola? ¿Por qué les afecta tanto el agua cuando se trata de la industria minera y no les importe el desastre que está realizando el turismo en nuestros ríos? ¿Por qué les interesa los productos tóxicos en la minera y no les concierne el que utiliza la agricultura? ¿Por qué les incumbe que no se reforme esa ley cuando hay varios ítems que se deberían mejorar para un mejor cuidado del medio ambiente? ¿Por qué no reclaman por una reforma participativa y consensuada? Luego me siguieron retumbando las palabras de mi compañera que posicionaba al pueblo mendocino como un gran conocedor de sus leyes cuando claramente, a juzgar por la información que se viralizaba, no tenían idea de la ley, por lo menos en la totalidad de los grupos y personas que me enviaban información. Así que, a modo de sondeo, comencé a preguntar en todos los grupos de redes sociales y a las personas que reenviaban información y decían que irían a manifestar en defensa de sus derechos, si conocían la ley o si la habían leído, pregunta que recibió las siguientes repuestas: No, pero los investigadores del Conicet dicen que la megaminería destruye por esta y aquella razón; que los profesores de la Universidad Nacional de Cuyo dicen que será un daño irreversible por esto y aquello; que un pibe en la pileta de su casa viralizó un video que explicaba muy bien la ley. Inclusive había relatos extremos como los de la diputada Chazarreta que denuncia a las mineras como responsables de no cuidar los cuerpos de las mujeres y la relación directa de la minería con la trata y la prostitución, discurso supuestamente feminista pero que afecta y violenta a las mujeres que trabajan en la actividad. Ante todas estas contestaciones yo tenía que repreguntar: ¿Pero vos leíste la ley? ¿La conocés? Y me volvían a responder con fotos de Chernobyl y otras publicaciones que me mandaban al fin del mundo por culpa de la reforma de la cual ni llegué a preguntar si la conocían, ya que si no sabían la ley actual menos conocerían la reforma.

Es así que de pasar de sentirme orgullosa de ser mendocina me sentí defraudada. Y comprendí que nos les importa la ley. Los mendocinos, al igual que el resto del mundo, estamos siendo espectadores, cómplices y culpables de los peores desastres ambientales de la historia de la humanidad y por lo tanto necesitan hacer algo por el medio ambiente y la mejor forma que encontraron es la manifestación en contra de una ley que pocos conocen. De esta manera a través de la catarsis, esa forma maravillosa ya aplicada por la Iglesia Católica a través de la confesión, cuya metodología consiste en manifestar y expresar (mediante redes) que están repreocupados por el medio ambiente y así expiarse de sus pecados, mientras usan celulares y consumen millones de productos de la megaminería que no están dispuestos a renunciar.

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