Los casos de Santa Fe, Mendoza y Chubut nos permiten entender la diversidad de cuestiones que componen las agendas provinciales.

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Las situaciones provinciales muestran debilidades típicas de la política nacional

En un contexto de crisis fiscal generalizada y luego de una década de estanflación, los casos de Santa Fe, Mendoza y Chubut nos permiten entender la diversidad de cuestiones que componen las agendas provinciales.

Por Sergio Berensztein

La vorágine de la agenda pública muchas veces hace que lo urgente tape a lo importante. Discutimos hasta el cansancio el estado de las cuentas públicas nacionales y bonaerenses, sin duda alguna un asunto extremadamente sensible y determinante para el futuro del país, pero por momentos nos olvidamos de las situaciones complejas por las que están atravesando algunas provincias que ponen de manifiesto rasgos típicos del mal funcionamiento del conjunto del sistema político. En un contexto de crisis fiscal generalizada y luego de una década de estanflación, es obvio que ninguna provincia ha salido del todo ilesa. Sin embargo, algunas han logrado estabilizar su situación y otras siguen experimentado dificultades importantes, ya sea en términos económicos, políticos o sociales. Los casos de Santa Fe, Mendoza y Chubut nos permiten entender la diversidad de cuestiones, algunas muy graves, que componen las agendas provinciales.

Santa Fe se encuentra azotada por el flagelo de la inseguridad, particularmente debido al narcotráfico: el tradicional e irresuelto drama que vuelve a golpear con fuerza sobre todo en la ciudad de Rosario. En Mendoza, un intento fallido de legalizar la minería sin un consenso amplio de la ciudadanía fue un duro golpe para un gobierno que intenta ahora encausar y darle un nuevo ímpetu a su gestión. Por último, en Chubut la situación es crítica: una larga crisis fiscal y financiera erosionó la gobernabilidad y Mariano Arcioni se encuentra muy debilitado. Para peor, la amenaza de un eventual default de la deuda chubutense suma más incertidumbre de corto plazo.

Santa Fe

Una matriz de inseguridad ligada a redes de crimen organizado golpea hace años a la provincia. Algunas características peculiares alientan el establecimiento de dichas redes, sobre todo en términos logísticos: el transporte de la droga tanto por vía marítima (el río Paraná) como terrestre (las rutas 11, 12 y 34), así como el desarrollo de una notable infraestructura portuaria, ideal para exportar estupefacientes.

La inseguridad fue uno de los pilares fundamentales en los que se apoyó la campaña del gobernador Omar Perotti, quien prometió, emulando a Roca, “paz y orden”. Sin embargo, a poco de iniciada su gestión se observa una sorpresiva ausencia de planificación en dicha materia. El gobierno provincial desarrolla una política de confrontación directa con la policía provincial que, según el ministro de seguridad Marcelo Sain, tiene vínculos estrechos con las bandas criminales. En concreto, el desplazamiento de más de 30 jefes policiales es una de las hipótesis que las autoridades creen que influyó en el aumento de la violencia. El ministro Sain centra principalmente sus sospechas en el comisario desplazado de Rosario, Marcelo Gómez.

La falta de previsión al abordar cuestiones tan complejas puede arrojar resultados muy negativos, tal como está ocurriendo en Santa Fe. El incremento de la violencia muestra consecuencias alarmantes y suscitó por parte del gobernador Perotti el pedido de apoyo a las autoridades nacionales, reclamando gendarmes para patrullar los barrios más peligrosos de la ciudad de Rosario. Perotti quedó metido en un tembladeral, del cual le costará salir y deberá afrontar altos costos políticos que han afectado el equilibrio de poder en su provincia y limitado su capacidad de acción. De este modo, un gobernador que aparecía como una gran promesa y con potencial de proyección a nivel nacional, ha quedado muy debilitado y envuelto en interrogantes respecto de su capacidad para revertir la situación. ¿Podrá conseguir ayuda de expertos internacionales? Este era uno de los razonamientos que barajaban cerca del gobernador.

Mendoza

El caso de Mendoza parece ser el de una notable oportunidad perdida. Las protestas contra la ley que legalizaba la minería alcanzaron una escala inusitada, al punto tal de que el gobernador Rodolfo Suárez debió volver sobre sus pasos y descartar esa normativa. No parece posible reinstalar la cuestión en la agenda pública de una provincia como Mendoza, con un gran caudal de capital social con capacidad para movilizarse pero que tiene asimismo un potencial minero extraordinario. Asimismo, si bien acaba de descubrirse en la zona sur un interesante yacimiento convencional de hidrocarburos, Mendoza necesita diversificar sus exportaciones y tomar el ejemplo del éxito rotundo que tuvo su vecina San Juan en las últimas dos décadas.

El aprendizaje es muy claro: el gobierno provincial no calibró con precisión cuál iba a ser el impacto en una opinión pública sensibilizada por la cuestión del agua, sobre todo por el momento del año en el que se buscó su aprobación (fin de año). El resultado fue un duro revés para la gestión recién iniciada de Rodolfo Suárez. El gobernador tendrá tiempo para recuperar su liderazgo y se encuentra menos desgastado que Perotti en Santa Fe. No obstante, la incertidumbre después de un tropiezo tan grande apenas iniciada la gestión aún no desaparece.

Chubut

A diferencia de Santa Fe y Mendoza, Chubut arrastra desde hace tiempo una profunda crisis fiscal y financiera. Para peor, la situación de la deuda provincial es sumamente crítica. Como consecuencia, el liderazgo de Mariano Arcioni quedó fuertemente dañado, sobre todo por la imposibilidad cumplir las ambiciosas promesas de campaña.

Es cierto que el gobernador tiene el respaldo de Alberto Fernández, gracias sobre todo a su cercanía con Sergio Massa, pero la realidad provincial es tan compleja que por momentos parece haberse convertido en un activo tóxico para la Casa Rosada. Tensiones políticas internas complican aún más la situación, sobre todo por el enfrentamiento del gobernador con su vice, Ricardo Sastre.

En Chubut, la falta de liderazgos establecidos no es una novedad. La muerte de Mario Das Neves dejó un vacío de poder que aún no pudo ser llenado. En este contexto Arcioni se presentaba como una figura joven y renovada que amagó con ocupar un espacio de centralidad, pero que terminó demoliendo su capital político con promesas de campaña insostenibles dada la situación de estrés fiscal que venía atravesando la provincia.

Aquí también la minería se presenta como una posibilidad para saciar las famélicas arcas provinciales. El proyecto más esperanzador es el llamado «Navidad», considerado el yacimiento de plata más grande del mundo sin explotar, cuya puesta en producción implicaría una inversión privada de por lo menos U$S 1.000 millones por parte de la empresa Pan American Silver. Sin embargo, los proyectos de inversión a tal escala requieren un horizonte de certidumbre, algo que escasea en Argentina, en general, y en Chubut, en particular.

Estos tres casos dan cuenta de errores sustanciales en términos de coordinación y previsión política, y en consecuencia el liderazgo de los gobernadores se ha visto debilitado muy rápidamente. En el caso de Perotti y Suárez, dirigentes experimentados en la arena política y con excelentes antecedentes en gestiones locales que avalan sus credenciales, no tienen reelección y deben sobreponerse pronto a los errores iniciales de cálculo. El gobernador Arcioni atraviesa una situación más compleja, su credibilidad se ha visto severamente erosionada, a la vez que la provincia de Chubut aún no logra recomponerse económicamente. Un elemento esperanzador los unes a los tres: tienen por delante casi los cuatro años enteros de su mandato para lograr superar los obstáculos específicos que enfrentan y así revertir la situación, aunque indudablemente sus gestiones comenzaron en un escenario de adversidad

TN