La Asamblea del Año XIII que, entre otras, sancionó la Ley de Minería que también hoy hace falta

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Efemérides, Por Fernando Del Corro

El nacimiento de la Argentina, desde la época virreinal, y su desarrollo durante un par de centurias y hasta su nombre como país, estuvo ligado a la minería como ya, visionariamente, lo planteara Juan de Matienzo, oidor en Charcas y primer gran economista suramericano aunque nacido en España, en una carta dirigida al rey español Felipe II el 2 de enero de 1566.

El hecho quedó claramente reconocido cuando el 7 de mayo de 1814, casi 206 años atrás, la llamada Asamblea del Año XIII, bajo la presidencia del catalán separatista Juan Larrea y la secretaría de Juan Hipólito Vieytes, sancionó la Ley de Minería, enviada por el secretario de Hacienda del Segundo Triunvirato, Vicente López y Planes, hacia fines del mes anterior.

Por esa circunstancia en la actualidad se conmemora todos los 7 de mayo el “Día de la Minería” en la Argentina aunque esa ley tuvo un alcance que excedió en mucho a la sola actividad extractiva ya que apuntó a la industrialización de los metales y hasta a cuestiones de profundo alcance social como las de la libertad religiosa y la generación de esa xenofilia que impregnó a los habitantes.

Que en esta región había plata se sabía desde siglos antes en Europa cuando todavía Cristóbal Colón no había llegado al Caribe. En 1215 el bardo alemán Wolfram von Eschenbach escribió su “Oda a Parsifal”, en la que habla, ubicando correctamente su emplazamiento geográfico, de “un país que Argentum (plata en latín) se llama y se llamará”. Poema en el que, seguramente, se basó el clérigo extremeño Martín del Barco Centenera cuando en 1602 dio a luz su “Oda a la Argentina”.

La plata, mayoritariamente extraída junto con un poco de oro, del Cerro Rico de Potosí, en la actual Bolivia, fue junto con los metales mexicanos, la base de las finanzas del Imperio Español instrumentado por el piamontés Mercurino Arborio de Gattinara, canciller del rey Carlos I, y sirvió como garantía básica para obtener, de Jakov Függer y otros banqueros, los préstamos para comprar el cetro para el mismo Carlos, del Sacro Imperio Romano Germánico, convirtiéndolo así en Carlos V de ese país.

Para trasladar los metales a Europa había que dar un largo rodeo que implicaba 3.400 kilómetros en carreta hasta el puerto de El Callao, en el Perú, el viaje en barco desde allí hasta Panamá, el cruce del istmo centroamericano hasta Portobelo y de allí, otra vez por mar, hasta el Viejo Mundo. Eso fue lo que llevó a Juan de Matienzo a aconsejarle a Felipe II el desarrollo de la Cuenca del Plata y la instalación de la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires como el centro de intercambio entre Suramérica y Europa, cosa que concretó el vasco Juan de Garay en 1580.

Así fue como la economía colonial desde entonces se centró en la plata como, por ejemplo, a través de la crianza de mulas, básicas para la explotación y traslado del mineral. La hoy provincia argentina de Salta fue la gran abastecedora y se convirtió en el principal centro de provisión de mulas del mundo, con un stock del orden de las 60.000.

La Primera Invasión Inglesa, la de 1806, estuvo vinculada con el saqueo de las reservas argentíferas acumuladas en la entonces capital virreinal. William Pius White, un inglés, aunque nacido en los Estados Unidos de América antes de la independencia de este país, que tiene una calle en la misma capital argentina, era negrero y contrabandista. Enterado de que había cerca de dos millones de libras de plata avisó a William Carr Beresford, quién se hallaba en Ciudad del Cabo, y éste, sin consultar a su gobierno en Londres, se lanzó busca del botín, cosa que logró más allá de su derrota militar final, haciendo que el metal fuera paseado en carroza en la capital británica.

La estructura económica y monetaria del Virreinato del Río de la Plata estaba basada en los metales altoperuanos y por ello se hizo tan necesaria la recuperación de ese territorio de manos españolas cosa que recién se logró en la batalla de Ayacucho en 1824. Pero en el ínterin se hacía necesario encontrar otras alternativas y así fue como Vicente López y Planes, autor de la letra del Himno Nacional y más tarde presidente de la Nación como sucesor de Justo José de Urquiza, impulsó una ley de minería.

No es casual que, décadas más tarde, su hijo, Vicente Fidel López, haya sido uno de los grandes impulsores del proteccionismo en la Argentina enfrentando las políticas impuestas por los librecambistas a partir de la presidencia de Bartolomé Mitre y, de esa manera, dar impulso a actividades industriales nacionales como fábricas de paño.

Pero al sancionar la Ley de Minería, la Asamblea del Año XIII, que sesionara del 31 de enero de 1813 al 26 de enero de 1815, completó una serie de cuestiones importantes para el país, más allá de su errónea política respecto de la postura de los pueblos litoraleños liderados por el gran caudillo argentino-oriental, como él se autodenominara, José Gervasio de Artigas.

Generalmente se conoce que la Asamblea creó el escudo nacional, que estableció la Ley de Vientres para las esclavas y que suprimió los títulos de nobleza. Pero también hizo otras varias cosas en el ámbito económico como la eliminación del mayorazgo por lo cual se democratizó la herencia; se eliminó el tributo que se cobraba a los pueblos originarios y se sancionó la referida Ley de Minería.

Claro que esta última incluyó una cantidad de elementos importantísimos para la futura conformación del país como la libertad de culto para quienes impulsaran la actividad minera y la obtención de la carta de ciudadanía a los seis meses de la radicación en el país. Dos medidas claves para la captación de inversores extranjeros para un sector clave por razones económico-financieras y militares ya que la obtención de metales era clave para fabricar armas y proseguir la guerra de la Independencia.

La Ley estableció claras pautas, además, que en el futuro sirvieron para normas futuras en el marco de la expansión del país, sobre todo industrial, como la eximición de aranceles para la importación de la maquinaria a utilizar y de insumos, como el azogue y se estableció un Tribunal de Minería, copiando el existente en México, por entonces aún colonia española. Una norma que poco después fuera ampliada durante la gestión de José Francisco de San Martín como gobernador de Cuyo con el impulso del industrialista fray Luis Beltrán. Cosas que hoy se debieran recuperar como, por ejemplo, establecer la purificación de los metales, como el oro, en el país y lograr acuerdos con los vecinos para su industrialización y comercialización en otros, como el litio.

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