Catamarca/Análisis: Gente sensible, por Javier Vicente- Especial para EL ANCASTI-

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Febrero 2020. Hollywood. Entrega de los Oscar. Joachim Phoenix agradece su premio al mejor actor y habla “por los sin voz”, tal su expresión. Tengo familiares que se alegran públicamente de que lo haga. Enarbola un para mí impecable discurso sobre desigualdad de género, racismo, derechos LGTB y de los pueblos indígenas. “Una nación, una raza, un género o una especie no tienen derecho a dominar, a explotar, controlar y usar a otros con impunidad”. Como hay muchos que no piensan así y algunos de ellos son presidentes de países, es importante que una figura mundialmente reconocida recuerde esos postulados. Pero inmediatamente Joachim abunda sobre la invasión al mundo animal, y detalla: “nos creemos con derecho a inseminar las vacas, les robamos sus crías, “aunque su dolor y angustia sean inconfundibles” y “tomamos la leche que era para ellas”. Grandes aplausos de los presentes en la ceremonia y plácemes de muchísima gente, entre ellos, muchos de mis amigos y familiares; supongo que más de uno se cuestionaría el daño sicológico infringido a otra especie y la eventual disminución o eliminación en su dieta del consumo de leche para evitar la culpa.

Mediados de 2018. Buenos Aires. Noticiero Telenoche, de Canal 13. Título: “Jóvenes despiden a las vacas en un matadero de Morón”. Las imágenes muestran un grupo de jóvenes abrazados a un par de camiones de hacienda, que lloran y le dicen al notero:  “Ves la cara de esta vaca? Ves lo que está sufriendo? El subtítulo dice :”Van a darles el último adiós”. En estudios, María Laura Santillan comenta que las imágenes son “muy fuertes”, que es exactamente lo mismo que dice de un paro de canillitas, un tren descarrilado en Pakistán con 129 muertos o la caída de un ciclista en Haedo … Martín Ciccioli, quien dirige la nota, finaliza diciendo que este tema integra “la nueva agenda de la Argentina”.

Febrero 2020. San Fernando del Valle de Catamarca. Ocho jóvenes sostienen frente al Juzgado de Minas una bandera que reza ”Catamarca es agua, vida y agricultura, No a la megaminería”. Esa imagen está en la tapa de un importante medio local y abarca un tercio de la misma, e ilustra el título “Sin licencia social no puede haber minería”, que refleja lo declarado por el Juez de Minas.

Cuando terminó la ceremonia de los Oscar, los actores de la industria láctea internacional le pidieron a Phoenix que se informara.

Si uno desea hacerlo, el sitio de la FAO (la organización de la ONU dedicada a la alimentación) revela que “150 millones de hogares en todo el mundo se dedican a la producción de leche. En la mayoría de los países en desarrollo, la leche es producida por pequeños agricultores y la producción lechera contribuye a los medios de vida, la seguridad alimentaria y la nutrición de los hogares. La leche produce ganancias relativamente rápidas para los pequeños productores y es una fuente importante de ingresos en efectivo. ¿Habrá considerado esto Joachim cuando mostró al mundo su sensibilidad? Parecen datos suficientemente importantes como para repensar la crítica al consumo de leche y sus circunstancias. Respecto de estas últimas y sus productoras, en mis años de paso por las actividades agropecuarias recuerdo a las vacas en el destete, cuando las alejan de sus terneros: más que tristes, desorientadas.

Mientras los jóvenes abrazaban los camiones de hacienda y hablaban de “holocausto” y que estaban brindando a las vacas “la primer y última muestra de afecto que tendrían en sus vidas”, la agenda de los verdaderamente grandes problemas de la Argentina reflejaba que aumentaban las tarifas del transporte en CABA, el dólar pasaba de 23 a 40 pesos, se comenzaba a debatir sobre el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, se producía una marcha multitudinaria de camioneros, el policía Chocobar era acusado por la Justicia de matar a un delincuente por la espalda, y se producía una caída record en las ventas minoristas; el riesgo país alcanzaba su nivel más alto en tres años, la industria nacional sufría el mayor retroceso desde la crisis de 2002, la economía caía un 2,6% y se confirmaba la recesión… En ese marco, es de suponer la cantidad de hogares con niños necesitados de afecto y algo más que habrían recibido con los brazos abiertos a corazones bienintencionados y sensibles, en este caso con la especie humana, no ya con las vacas.

En el grupo de 8 defensores del agua y de la agricultura de Catamarca encontramos gente sensible, relacionada familiarmente con el arte y la cultura. Estoy seguro de que desean lo mejor para todos y el daño de nadie, y se movilizan en defensa de lo que creen más sagrado, y en solidaridad con regiones postergadas, o sacrificadas, o expuestas a supuestos peligros tremendos denunciados por voceros ambientalistas. Lo que deseo recordarle a esos jóvenes es que el Estado en el que cumplieron funciones por años sus padres se financiaba en gran medida con el producido de la minería, dilapidado también en gran medida por sus administradores de entonces. Las carreras que estudian  y en las que alguno se graduó en una universidad pública están financiadas por el Estado nacional con aportes sustanciales, entre otros, de la actividad minera. Los profesionales de las ciencias “duras”, de los cuales hay muchos y buenos en Catamarca podrán ratificarle que, por ejemplo, la carencia de agua o su disminución en zonas cercanas a trabajos mineros se deben en gran medida al calentamiento global, como sucede en tantos lugares del planeta que nada tiene que ver con la minería.

Seguramente esos jóvenes conocerán el hecho de que la actividad minera, que es una de las más controladas, utiliza entre el 1 y el 5% del agua disponible; el 85% promedio está dirigida al consumo humano y agrícola, que se lleva la parte del león en regadíos generalmente poco eficientes. Como estudiosos del tema, sabrán que cientos de familias de la provincia viven del trabajo vinculado a la minería, con sueldos mucho mejores que el promedio. Respecto del supuesto daño ambiental, todas las expresiones ambientalistas o directamente anti mineras están buscando un eventual afectado por la contaminación en planta industrial o en el terreno para presentarlo como prueba, pero no pueden encontrar un solo afectado después de veinte años de producción en la provincia, por la sencilla razón de que no lo hay.

Pregono en mi ámbito familiar, con mis amigos y en mi praxis política la solidaridad, y cuando puedo, la ejerzo. Cuando muchas veces me interrogo sobre el eventual éxito o fracaso de mi gestión como padre de cuatro hijos, concluyo que, asumiendo muchos errores, estaré conforme y tranquilo si mis hijos, más allá de sus “éxitos”, como todos, relativos, son buenas personas. Y esta calidad de buenas personas estará marcada sin dudas por la solidaridad, que no les resulte indiferente la suerte de los demás, como principal cualidad humana. Pero también les recomiendo que no sean ingenuos. Sobre todo hoy, en el reino de las redes sociales, se ofrecen colectivos para causas nobles a los que uno gustosamente subiría, pero muchas – demasiados veces – prometen ir al norte y terminan yendo  al sur …

Más allá de sectores interesados política y económicamente, que por supuesto los hay, la gente  bien intencionada y sensible que habitualmente acompaña los reclamos antimineros se espanta ante las profecías apocalípticas: términos como uso excesivo del agua, contaminación, cianuro, lluvia ácida, producen pánico … Es muy probable que esas personas crean que no puede haber tanto ruido si no existen efectivamente los problemas. Los estudios científicos demuestran contundentemente lo contrario, pero … ¡hay que leerlos! Es como leer esta novela … ¿quién dedica más de tres minutos de su tiempo a leer algo hoy, en el reino de la inmediatez que sólo roza la superficie de los temas? Y como indudablemente es más fácil juzgar que pensar – y eventualmente corregir un punto de vista equivocado – juzgamos rápidamente que “algo habrá” o “algo habrán hecho”, razonamiento que, como sabemos, tuvo en otras épocas y con otros temas consecuencias siniestras en nuestra sociedad.

Sólo pido que cuando queramos ejercer nuestra sensibilidad y solidaridad, tratemos de confrontar los hechos, nos informemos lo más posible “por las nuestras”, no con dichos de dichos, y pensemos en TODOS los actores involucrados en cada tema. No es fácil, claro. Casi nada lo es.  

El Ancasti