Catamarca: Los Apuntes del Secretario nos cuentan del “panquequismo” de El Ancasti con CAMYEN

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Si bien es cierto que el transfuguismo existe desde tiempos inmemoriales, hay que reconocer que su significado político cobró notoriedad en el presente siglo.

 Los medios de comunicación, en su momento, lo asociaron a los panqueques (por la forma en que se dan vuelta en la sartén) o lo inmortalizaron como “borocotización”, en abierto desprecio a la conducta asumida por el doctor Eduardo Lorenzo Borocotó, quien en 2005 fue electo diputado nacional por el PRO pero, apenas asumió, resultó cooptado por el kirchnerismo. Aquella ondulación en las convicciones, sin embargo, con el tiempo, fue más allá de las arenas de la política y llegó a la prensa. De esta manera, hoy tenemos demasiados ejemplos de panquequismo o borocotización mediáticos. Uno de ellos se materializa en nuestra propia tierra con el diario El Ancasti, que hizo de sus conductas reversibles un deporte provincial. Sirva la explicación para comentar la publicación, de hace una semana, sobre la empresa con participación estatal mayoritaria “Catamarca Minera y Energética” (Camyen).

Durante largos años, por lo menos siete, el decano de la prensa local –La Unión, del Obispado de Catamarca, desapareció en 2016- criticó de manera recurrente a la Camyen y la consideró, sin evidencia probada, un organismo inservible, oneroso y corrupto. Tras destacar la reciente exportación de rodocrosita a Hong Kong y enfatizar que se hizo sin intermediarios, concluye que con esa sola operación la firma alcanzó equilibrio financiero, cuando desde su creación –agrega- el Estado tuvo que aportar recursos “hasta para pagar los salarios” de sus empleados. Si no entendimos mal, antes o ahora talló la mentira. ¿Con una sola exportación, mágicamente, se solucionaron la inmensa cantidad de problemas que existían hasta hace siete días y que fueron denunciados por El Ancasti con asombrosa frecuencia? Salvo un milagro, cuesta creer que el giro de la empresa haya alcanzado 180 grados. Vamos por la verdad. No hubo milagro. El diario cambió de opinión y, siempre y cuando lo aclare, no está mal que lo haga. Es mucho pedir, eso sí, que los lectores crean que una exportación de rodocrosita a la China es la panacea para un organismo al que tildaban de inconsistente.

El capricho de El Ancasti por ensombrecer a una empresa que, desde su nacimiento, hizo mucho por la organización de la minería tiene largo arrastre. Por lo menos tres veces, con grandes titulares, quiso instalar la existencia de una comercialización ilegal de la gema andalgalense. En todas ellas, con pruebas fehacientes y desmentidas que no pudieron ser rebatidas, quedó demostrada la inexistencia de dolo. Lo de los aportes del Estado también servía para escandalizar, sin aclarar que el dinero no tan solo iba a sueldos. Gran parte era destinado a trabajos y recuperación de las instalaciones de Capillitas. Más allá de los bulos ancasteños, nunca se aclaró que Camyen nació para sepultar al monumento a la corrupción que fue Somica, la sociedad que destruyó la mina y de la cual se favorecieron varios pícaros de la política. Todavía sigue irresuelta en estrados federales la conducta de su último presidente, Raúl Doering, a quien le detectaron “de la noche al amanecer” cuentas en paraísos fiscales. También se omite en esta “voltereta en el aire” del diario que Camyen recuperó el área de Cerro Atajo que, judicialmente, estaba comprometida y que acordó ganancias futuras para la explotación eventual de Agua Rica. Con este rosario de mentiras y omisiones, es fácil deducir que alguna orden superior proclamó que, a partir de hoy, “dejamos de hablar mal de Camyen y pasamos a ponderar sus acciones”. ¡Curiosa forma de hacer periodismo!

Al menos, en medio del festival de la mentira, hay un reconocimiento. Tilda de “tristemente célebre” a la exSomica, una expresión que varias veces supo utilizar este secretario para explicar el “monumento a la corrupción” que fue aquella sociedad minera que, por su desquicio”, abrió las puertas en 2012 a la creación de Camyen. Después, siguiendo con la minería, la nota de El Ancasti apunta a la gestión anterior de YMAD, para lo cual redobla embustes, falsedades y asombrosas elucubraciones. El amanuense de turno insiste en que haber alquilado a la empresa Yamana (propietaria mayoritaria de Agua Rica) las instalaciones de la Alumbrera, de las cuales el organismo interestadual es socio, a cambio de un adelanto de 12.500.000 de dólares, fue un legado nefasto de las gestiones que llevaron adelante los macristas Santiago Albarracín y Luis de Miguel. Para sostener este disparate tampoco hay explicaciones o contextualización de la noticia y/o el comentario. No se dice, por ejemplo, que la UTE Alumbrera-YMAD solamente puede ofrecer el ducto –justipreciado por el diario en 1.300 millones-  a un único interesado: Agua Rica. No hay otro cliente como para andar discutiendo precio y condiciones. Tampoco se aclara que esos 12.5 millones “verdes” sirvieron para sostener Farallón Negro, leit motiv de la existencia de YMAD, que cuenta nada menos que con 500 empleados que viven en Catamarca. Sus instalaciones estaban en el límite y requerían atención inmediata, sopena de que pudiere producirse algún desastre. Por lo tanto, la operación a cuenta, no solo fue necesaria, sino muy oportuna para sostener una fuente de trabajo como hay pocas en la provincia. Que la Universidad de Tucumán -vocera necesaria para avalar la mentira- haya estado en desacuerdo con el arreglo y no concurriera, con sus dos representantes, a la asamblea donde se abrochó el convenio, es “harina de otro costal”.

La falsedad de la nota, asimismo, tiene que ver con la designación de Fernando Jalil como presidente de la empresa. Para El Ancasti, esa situación determinó que Catamarca tenga mayoría en el directorio. No es verdad. En todo el ciclo macrista, la provincia tuvo mayoría en relación a la Universidad de Tucumán porque, tanto Santiago Albarracín como De Miguel, designados por el expresidente, funcionaron codo a codo con los directores nombrados por Lucía Corpacci, esto es, Ángel Mercado y Daniel Barros. Lo que se recuperó con Jalil –su designación, sin dudas, resultó buena noticia- fue la presidencia de YMAD que, en los años 90, fuera ejercida por otros dos catamarqueños: Efraín Saadi y Luis Álvarez. Por ahora, bastan estas aclaraciones para desarmar las mentiras, que son muchas más y tienen que ver con intereses comerciales y no precisamente periodísticos.

El Esquiú.com