¿Estamos condenados al éxito?

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Ahora que el país enfrenta otro default, la polémica frase del expresidente Duhalde podría ser analizada para hacer las cosas bien aplicando medidas eficaces

Por Emilio Luis Magnaghi

“Los argentinos estamos condenados al éxito», afirmó el entonces presidente Eduardo Duhalde hace casi dos décadas, cuando la Argentina atravesaba una de las peores crisis de su historia y fue designado para conducir el país en la emergencia.

Hace pocos días el exministro de Economía de dos administraciones, Domingo Cavallo, sostuvo que la frase era una tontería. Probablemente lo sea, pero creemos que merece, al menos, un análisis a la luz de nuevos elementos de juicio.

¿Cuales son estos nuevos elementos que nos impulsan a este análisis?

“La Argentina va camino a una recuperación a ‘tasas chinas’, una vez que la pandemia pase a la historia”. La frase no la dijo el optimista Duhalde, sino el Banco Barclays –uno de los referentes de Wall Street– que estimó en su último reporte que el PIB argentina podría crecer nada menos que 9,3% en 2021.

Concretamente, el informe del Barclays fue elaborado por el economista Sebastián Vargas, un argentino muy respetado entre sus colegas de Wall Street por haber acertado en sus diagnósticos sobre la economía argentina en los últimos años.

Por ejemplo, Vargas fue casi el único que el día que Mauricio Macri anunciaba un inédito acuerdo con el FMI en 2018, recomendó vender bonos argentinos al prever que esa ayuda extraordinaria no salvaría al país de la devaluación y del default.

Hoy sabemos, con el diario del día lunes, que, efectivamente, el expresidente Dualde, si no estuvo totalmente acertado en su polémica profecía, acertó en algo: la economía argentina se recuperó bastante rápidamente después del default del 2001.

Decimos no totalmente, porque con el paso de los años, en palabras de Macri, “pasaron cosas” y el país enfrenta hoy la posibilidad de otro default.

Lo que no hemos analizado lo suficiente es por qué la Argentina salió tan rápido de la crisis de su default en el 2003. Veamos.

Como todos recordamos, el gobierno de Kirchner –quien asumió el 25 de mayo del 2003– continuó con los lineamientos establecidos por Lavagna durante la presidencia de Duhalde, el que mantuvo la devaluación del peso mediante una fuerte participación del Banco Central que compraba las divisas necesarias, a la par que de que se impulsaban las exportaciones.

Sus políticas fueron exitosas, ya que las reservas internacionales pasaron de US$ 14.000 M en el 2003 a más de US$ 47.000 M en el 2007. El rol del Estado en la economía se amplió, lo que se materializó con la estatización de Aerolíneas Argentinas, del Correo Argentino, del Astillero Río Santiago y con la creación de ENARSA y de AySA.

Por otra parte, los índices de pobreza y de desempleo disminuyeron notoriamente, el salario mínimo, que era en 2003 de $360, se elevó a $1.240 en el 2007 y además se obtuvo un excelente crecimiento del PBI con un promedio de un 8,5%.

Con estos activos se pudo sacar al país de la cesación de pagos más grande de toda su historia. Al efecto se canjeó la deuda soberana, de valor nulo tras la crisis del 2001, por nuevos bonos indexados por la inflación y el índice de crecimiento económico.

Para ello, se propuso y se obtuvo una quita del 75% de la deuda, que implicaría una disminución de US$ 61.350 M sobre el capital, la que quedó reducida a US$ 20.450 M.

En junio de 2004 se llegó a un acuerdo con los organismos internacionales y con los gobiernos de los tenedores de bonos, a los que se les reconocieron los intereses atrasados.

El 3 de enero de 2006, se abonó totalmente la deuda pendiente con el FMI con un pago anticipado de US$ 9.530 M.

Para octubre del 2012, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, ya se habían pagado más de US$ 270.000 M, con lo que la deuda había descendido a US$ 141.803 M. Para el 2013 quedaba un remanente de unos US$ 10.000 M de bonos en default, con lo que se reducía el peso de la deuda externa del 153,6% al 34,7% del PBI.

Obviamente que no todo salió perfecto y que son muchas las cuestiones que podrían cuestionarse, tales como el reconocimiento a los acreedores de la jurisdicción de los tribunales de Nueva York, lo que nos traería la larga saga con el juez Griesa, o la cancelación de la deuda al Club de París en un solo y excesivo pago.

Más allá de los temas vinculados con la deuda, tampoco se pueden cerrar los ojos a los mecanismos de recaudación ilegal montados a caballo de la obra pública. Y menos a la resucitación de los juicios de lesa humanidad contra militares y civiles por los excesos en la represión durante el Proceso Militar.

Nos preguntamos: ¿y si nos encontráramos ante una nueva posibilidad similar, qué es lo que habría que hacer para que esta vez todo terminara bien?

En principio, si se diera una situación similar habría que invertir nuestras ganancias en lo siguiente:

1 – Reactivar la economía real mediante medidas destinadas a reducir drásticamente los impuestos nacionales, provinciales y municipales, especialmente el IVA a los alimentos, a los combustibles y a las tarifas de servicios públicos. Esto, a los efectos de que las familias y las PyMes cuenten con capital para volver a funcionar.

2 – Poner en marcha toda la infraestructura estatal productiva de la que dispone el país, desde las fábricas militares hasta los astilleros, pasando por los laboratorios medicinales. También las empresas mixtas de alta tecnología, como el INVAP.

3 – Rediseñar y poner a funcionar todos los modos de transporte estratégico disponibles al servicio del desarrollo nacional, tales como el ferroviario, el aéreo y el marítimo, potenciando, entre otros, los ferrocarriles y Aerolíneas Argentinas y recreando ELMA.

4 – Custodiar y explotar nuestro Mar Argentino para, por un lado, evitar su depredación por agentes pesqueros extranjeros y, por el otro, desarrollar y potenciar nuestra industria pesquera.

5 – Nacionalizar la administración de nuestros recursos mineros mediante la creación de un organismo estatal que disponga de la capacidad técnica para monitorear y controlar a las poderosas compañías mineras que operan en varias de nuestras provincias.

Como lo vemos, los argentinos no estamos condenados al éxito, pero tampoco al fracaso. Solo es cuestión de hacer, esta vez, las cosas bien.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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