Minería y Derecho del Trabajo, por Walter Neil Bühler

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La minería y el derecho del trabajo tienen un punto de importante coincidencia, ya que dos de los pioneros del derecho laboral también tuvieron su fuerte vinculación con el derecho minero. Me refiero a dos de las personalidades más extraordinarias y brillantes que tuvo nuestro país: Joaquín V. González y Juan Bialet Massé. Por razones de espacio me ocuparé solo de este último, ya que, además, el Dr. Ricardo Alonso publicó una excelente semblanza del autor de «Mis montañas» (Tribuno 22 nov. 2011).

Juan Bialet Massé nació en España y en nuestro país descolló como médico, abogado, empresario constructor del dique San Roque y de la fábrica de cales hidráulicas La Primera Argentina, y -en sus últimos años- se recibió de ingeniero agrónomo. Como médico tuvo el honor de que sus obras sobre anatomía y medicina legal fueran consideradas texto obligatorio de estudio en las universidades.

Las clases obreras

En 1904 Joaquín González, siendo ministro del Interior encomienda a Bialet Massé elaborar un informe sobre la situación de los trabajadores en el interior del país. Siendo Bialet un intelectual no elabora su informe desde un escritorio. Recorre el país; lo hace en trenes de carga, en sulkys, a pie, a caballo, en barco, etc. Visita talleres, tiendas, pulperías, recorre estancias e ingenios azucareros. Penetra en tolderías e inspecciona obrajes. Baja a galerías y socavones mineros. Tala bosques, entra en sus picadas. Explora yerbatales. Maneja la pala. Se desempeña en las estibas. Trabaja en trilladoras y corta alfalfa. Es peón albañil; se convierte en picapedrero.

Al cabo de tres meses presenta su formidable informe (tres voluminosos tomos de 400 páginas cada uno), conteniendo estadísticas, estudios comparativos, exámenes de suelos, climas, producciones, características de poblaciones. Y lo más importante: una prosa atrapante, pero también angustiosa. El «Informe» fue el antecedente necesario del monumental proyecto de la Ley Nacional del Trabajo de Joaquín V. González.

Trabajo en las minas

Describe el trabajo en las minas de La Rioja y San Juan. Advierte que a los obreros se les da agua envenenada. Se escandaliza, y expresa «Aquellos muchachos agotados, lo están por el veneno; no puedo menos que protestar y protesto; aquello es inhumano, se está asesinando a la gente. El infierno no puede ser más que eso, porque nada hay más áspero, desigual y siempre negro; ni menos, porque no sería el conjunto de lo peor».

Dirigiéndose al ministro González (originario de La Rioja y autoridad en Derecho Minero) «¿Qué detalle puedo agregar a VE que le sea nuevo? VE antes que yo recorrió aquellas tortuosas y accidentales galerías, siendo los dos únicos hombres de ley, que hemos podido darnos cuenta de la violación del Código de Minas, de la negación de toda regla de precaución y de seguridad que en tales minas deben observarse y no se observan. En buena ley, si la Junta de Minas supiera cumplir con su deber, debería mandar suspender el laboreo de todas las minas de esa región, hasta que se pusieran en condiciones». Y agrega: «Pero la codicia humana lo quiere de otro modo, y se llega hasta alumbrarse con un pedazo de vela de sebo puesta en la punta de un palo, y es lujo el candil de hierro, roñoso, sucio, que desprende un chorro de humo negro y de gases, y se juega la vida de los hombres por la economía de algunos pocos pesos. Una docena de lámparas de minero cuesta 24 pesos, y se encuentran en todas las ferreterías del interior».

Quien expresa esto no es un sindicalista exaltado, Bialet fue un empresario exitoso: instaló la primera fábrica de cal hidráulica del país, construyó el dique más grande del mundo (en ese momento) y en su empresa contrató más de 7.000 operarios, 30 capataces y 16 ingenieros.

El Tribuno