Beijing-Brasilia-Buenos Aires, el triángulo virtuoso de las 3 B – Por Diego Guelar

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La soja, las carnes y los mariscos, principales bienes exportados a China.

Brasil exportó a China en el 2019 u$s 65.000, centralmente mineral de hierro, soja y carne. Argentina lo hizo por u$s 7.000 millones (soja, carnes y mariscos). Para ambos, la perspectiva para el año 2020 es un aumento de entre 20 y 30% de las exportaciones con ese destino.

Brasil tuvo un superávit con China de u$s 30.000 millones (en el 2019) y seguirá creciendo. Argentina, por primera vez, desde el mes de abril, tiene a China como su primer socio comercial y se viene modificando dramáticamente el histórico déficit (en el 2018 -u$s 7.500 millones-, en el 2019, u$s 2.200 millones) para llegar a un superávit en el 2020 que superara los u$s 2.000 millones.

Por otro lado, el comercio entre Brasil y Argentina bajó de u$s 40.000 millones a u$s20.000 millones en los últimos 10 años.

Conclusión: pese al Covid-19 y las caídas de PBI proyectadas para el 2020, el eje más dinámico del Comercio Exterior de Argentina y Brasil -y, por lo tanto, del Mercosur- será el comercio con China.

A este panorama se suman los créditos “swap” entre los Bancos Centrales de China y Argentina -por u$s19.000 millones- que hoy representan el 40% de nuestra reservas.

En el caso de Brasil no hay swaps pero, pese a las tensiones que comenzaron a desatarse este año por el alineamiento del Presidente Bolsonaro con el Presidente Trump, las inversiones chinas en Brasil no han parado de crecer a un ritmo del 25% por año durante el último quinquenio.

En Argentina, COFCO – el gigante agro-industrial chino- es hoy el principal exportador de granos argentinos; Pan American Energy -50% China- es la segunda petrolera después de YPF. China es también nuestro principal socio hidroeléctrico -las dos represas en Santa Cruz y la recientemente adjudicada “Portezuelo del Viento” en Mendoza.

En materia de Energías Renovables, los proyectos con participación china representan el 35% del total y PowerChina construyó en Jujuy la planta de energía solar más grande de Sudamérica.

En San Juan, la más importante mina en explotación de Argentina -Veladero- es una asociación entre Barrick de Canadá y Shandong Gold de China.

En Brasil, pese a las poco amistosas declaraciones de su Presidente, China está haciendo inversiones en puertos, generación y distribución eléctrica, comunicaciones, bancos, automotrices, minería y agronegocios por más de u$s 100.000 millones.

Chile, socio estratégico de Argentina y Brasil, tiene también a China como su más importante socio comercial y tiene con el coloso asiático un TLC desde el 2006. En el 2019, el comercio bilateral fue de u$s 40.000 millones con un superávit a favor de Chile de más de u$s 7.000 millones.

En este mismo contexto tenemos que incluir a Uruguay -que también tiene a China como principal socio comercial- con 31% de sus exportaciones totales.

Desde el 2010, China propone al Mercosur negociar un Tratado de Libre Comercio.

Al mismo tiempo, tenemos una positiva y muy fluida relación con los EEUU, que no se ha alterado pese a las alternancias ideológicas de los gobiernos sudamericanos.

La realidad demuestra que es posible conciliar buenas relaciones con las dos superpotencias y, más allá de las tensiones actuales, es de nuestro interés individual y regional mantener este esquema que se ha desarrollado exitosamente durante los últimos 20 años.

Nuestras prioridades para la próxima década son reducir la pobreza, crear empleo y diversificar nuestra matriz productiva.

Para alcanzar estos objetivos, pivotear sobre el eje Beijing-Brasilia-Buenos Aires es central para la región y no debe oponerse a nuestro vínculo con los EE.UU. ni al reciente relanzamiento de nuestras relaciones con la Unión Europea.

Consolidar la integración regional debe ser nuestro único alineamiento.

* El autor es ex embajador en EE.UU, la UE, Brasil y China

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