¿Cómo distinguir las monedas y lingotes de oro falsificados con tungsteno y otros metales?

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Una de las principales preocupaciones de los inversores o compradores de oro físico son las falsificaciones. Una lacra que se incrementa en momentos como el actual, en que el precio del oro se encuentra en máximos. Las falsificaciones han evolucionado tecnológicamente, pero también lo han hecho los medios de detección de las mismas.

por José Ángel Pedraza

En un post firmado por Peter Zgorzynski en el prestigioso blog numismático alemán CoinsWeekly, se analizan las últimas innovaciones en el ámbito de la falsificación de lingotes y monedas de oro.

Como explica el autor, las falsificaciones de oro a base de tungsteno comenzaron a proliferar en 2012, por medio de la venta online. El hecho de que el tungsteno (también llamado wolframio) sea un metal con una densidad muy similar a la del oro, lograba engañar a los métodos de verificación que existían en aquellos momentos, y que se basaban precisamente en la medición de la densidad o peso específico del metal.

Las pruebas con rayos X tampoco resultaban consistentes, ya que estos rayos apenas penetran entre 8 y 10 micras en la superficie del oro, por lo que si la pieza falsificada está revestida de una capa de oro más gruesa, el aparato concluirá que se trata de oro macizo.

Como explica Zgorzynski, el único método que resultaba fiable para detectar estas falsificaciones era el análisis por ultrasonidos. El problema es que este método solo era válido para lingotes, ya que requiere una superficie de contacto lisa. Y no para todos, puesto que no se podía aplicar a los lingotes emblistados.

“El temor a que el mercado se viera inundado con Krugerrands y Hojas de Arce falsos, además de lingotes de todos los tamaños, estaba justificado. Sin embargo, el tiempo pasó y no han ocurrido demasiadas cosas”, señala el autor del artículo.

Nuevos métodos

Afortunadamente, con el tiempo se han desarrollado nuevos dispositivos de análisis, no demasiado costosos, que pueden detectar falsificaciones de tungsteno con una precisión cercana al 100%.

El problema es que estas innovaciones han creado una falsa sensación de seguridad, ya que los medios con que cuentan los falsificadores también han evolucionado.

Por ejemplo, se han detectado ya al menos tres generaciones de falsificaciones de los lingotes de una onza de oro de la Perth Mint australiana, cada vez más perfeccionados, tanto por los logos como por el embalaje.

Aunque la elaboración del lingote no es perfecta (está hecho de cobre, revestido de cinc) y no resistiría a un análisis con los medios más modernos, el elevado número de ellos que se han puesto en circulación hace que algunos hayan pasado como auténticos.

Algunas de estas falsificaciones, según explica Zgorzynski, han llegado incluso a pasar los filtros y ser adquiridos por alguna sucursal de las Sparkasse alemanas, además de otras empresas y particulares.

Una de las últimas innovaciones en el ámbito de la falsificación consiste en alterar la composición química del blíster que recubre los lingotes, para ‘engañar’ a los dispositivos que miden la conductividad eléctrica. Así, aunque el cobre tiene una conductividad inferior al oro, el índice añadido por el blíster iguala la conductividad del metal precioso.

Pese a que los falsificadores también disponen de los más modernos métodos de detección para verificar sus falsificaciones, Zgorzynski asegura que “podemos ser optimistas. Los métodos de verificación de los lingotes de oro han alcanzado en estos momentos su máximo nivel de seguridad. Si los dispositivos no detectan anomalías materiales o técnicas y el ensayador tiene la experiencia suficiente como para no ser engañado por las trampas de los falsificadores y es capaz de interpretar correctamente los valores de lectura, no hay nada que impida identificar las falsificaciones”.

Oroinformacion.com