Historia natural del azufre, por Ricardo Alonso

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El reino mineral está lleno de singularidades.

Tal vez la palabra azufre solo represente en el imaginario colectivo su color amarillo y su olor acre.

O aquellas barritas que se venden en las farmacias y que se usaron desde antiguo para los tortícolis. Aun cuando su efectividad esté discutida. Menos para los inmigrantes italianos que las introdujeron a finales del siglo XIX como un remedio casero, efectivo y barato. Claro, con la salvedad que si no hacen bien, tampoco hacen mal.

Otros asociarán el azufre con la fabricación de la pólvora negra. O mejor aún con el «fuego griego», esa temible arma incendiaria que se usaba en combates navales en la antigedad.

De la Biblia a la alquimia

La Biblia contiene referencias explícitas al azufre cuando habla de la destrucción de las ciudades pecadoras de Sodoma y Gomorra. Y también en un pasaje del libro de Job (18). Sin olvidarse del Apocalipsis, donde se menciona un lago de azufre ardiente en que el demonio se unirá a los pecadores el día del juicio final.

Tal vez porque arde y huele muy feo, el azufre se ha venido asociando al demonio desde los tiempos bíblicos. Es más, si fuera darle a elegir un mineral al mismísimo diablo, con seguridad elegiría el azufre.

El gran sabio persa Jabir Ibn Hayyam (721-815), cuyo nombre fue latinizado como Geber, sostenía que todos los metales eran el resultado de la mezcla en distintas proporciones de azufre y mercurio. El oro, para este alquimista medieval, era la proporción exacta de azufre y mercurio. El pensamiento de Geber influenció en los alquimistas posteriores y su búsqueda de la piedra filosofal.

Según la ciencia

Pero ¿qué es el azufre?

Por un lado, es un elemento químico y además uno de los más importantes, ya que es el noveno elemento más abundante del universo.

Luego del silicio y el oxígeno, el azufre es el mayor formador de minerales, ya que no solamente se encuentra en estado elemental, sino que forma además los sulfuros, las sulfosales y los sulfatos y entra también en la composición de otros muchos minerales.

Precisamente la mayoría de las mineralizaciones metálicas que proporcionan los metales útiles a la humanidad están formadas por sulfuros y sulfosales, tales como pirita, calcopirita, bornita, covelina, galena, esfalerita, molibdenita, antimonita, rosicleres y a partir de ellos se extrae plomo, zinc, cobre, molibdeno, níquel, cobalto, estaño, antimonio, bismuto, plata y una decena de metales raros de gran valor económico (galio, germanio, indio, cadmio, etcétera).

Extensas capas de pirita (sulfuro de hierro), se encuentran en la faja piritífera del sur de la península ibérica.

También los grandes pórfidos de cobre del mundo, como Chuquicamata en Chile, están formados por extensas diseminaciones de pirita y calcopirita en rocas ígneas.

Trillones de toneladas de azufre en forma de sulfuro de hierro y otros sulfuros se extienden alrededor del círculo de fuego del Pacífico. Y también en las cumbres de muchos volcanes donde los gases sulfurosos que llegan a la superficie cristalizan para dar el azufre nativo. Como ocurre ampliamente en la cadena volcánica de los Andes Centrales de Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

«Trillones de toneladas de azufre en forma de sulfuros se extienden por el círculo de fuego del Pacífico»

En las altas cumbres volcánicas los gases azufrados se subliman y pasan del estado gaseoso al estado sólido, generando unos bellos cristales de azufre puro. Esos cristales pueden crecer en las chimeneas o impregnar las cenizas volcánicas formando lo que los mineros dieron en llamar caliche, pero que en verdad debería llamarse sulfiche. Estos caliches azufrados o sulfiches han sido explotados intensamente a mediados del siglo pasado.

En Bolivia se explotó la mina más alta del mundo, precisamente la mina de azufre del volcán Uturunco, a 5.900 m sobre el nivel del mar.

La mano de Martínez de Hoz

En Argentina el principal depósito fue la mina Julia, que dio lugar al Establecimiento Azufrero de La Casualidad.

La mina se explotó entre 1940 y 1980, en que fue cerrada por la administración de José Alfredo Martínez de Hoz al considerar que daba pérdidas por el bajo precio del azufre en ese momento. Sin tener en cuenta que su principal valor residía en ser un baluarte estratégico soberano con Chile y que la actividad de explotación y procesamiento del azufre daba vida a un campamento con más de 3.000 personas en turnos rotativos y mantenía con vida el ramal C-14 del FFCC General Belgrano. Y también a las estaciones y los pueblos que de él dependían, tanto en la Puna como en los valles vecinos.

La epopeya minera de La Casualidad, en las condiciones más inhóspitas y duras de la alta cordillera volcánica limítrofe con Chile, se mantiene viva en los mineros que allí trabajaron, en sus hijos, en los que nacieron en la mina y en los que tienen a sus deudos enterrados en algunas de las 360 tumbas que conserva el cementerio.

El Centro de Azufreros de Mina La Casualidad erigirá un monumento en Rosario de Lerma (Salta) para recordar la proeza de quienes sacrificaron sus vidas e hicieron patria en uno de los lugares más remotos y difíciles de la geografía argentina. El azufre se presenta en la naturaleza en las chimeneas volcánicas, pero también lo hace en fumarolas, solfataras y aguas termales.

Los ricos yacimientos de azufre volcánico de Sicilia abastecieron a Europa y al mundo hasta las primeras décadas del siglo XX.

 Otra de las presentaciones del azufre es en domos salinos asociado con yeso, donde se presenta en mantos como ocurre en algunas regiones costeras de Texas y Luisiana, en el sur de los Estados Unidos. Allí un señor Frasch supo inventar un método que consistía en perforar un pozo hasta el manto de azufre y luego inyectar vapor sobrecalentado a través de tubos triples, disolver el azufre, remontarlo a la superficie y precipitarlo en grandes bateas.

 También se da el caso del azufre biogénico, que es aquel formado por bacterias que actúan sobre bancos de yeso. El yeso es sulfato de calcio hidratado y las bacterias, dicho de una manera poco formal, lo comen y luego excretan el azufre. Su origen biológico le da valor en cultivos orgánicos. El uso del azufre para los suelos (agromineral) y como control de plagas, caso de la filoxera de los viñedos, se aplica desde hace mucho. Pero su mayor uso fue siempre en la fabricación del ácido sulfúrico, una de las cuatro materias primas básicas de la industria.

Hasta en los neumáticos

También tuvo un auge mayor cuando el norteamericano Charles Goodyear (1800-1860) inventó la vulcanización del caucho y lo aplicó en la fabricación de neumáticos. La gama de usos del azufre es muy amplia y va desde fertilizantes, detergentes, tinturas, pigmentos, insecticidas, solventes y explosivos, hasta medicamentos. En tratamientos de la piel y el cabello se usa azufre en jabones y en champús, ello debido a que la queratina incorpora azufre en su composición. El azufre es indispensable para la vida, ya que es el componente de dos de los aminoácidos que forman las proteínas y el cuerpo humano tiene en promedio unos 140 gramos de azufre. Es más, se piensa que la sopa prebiótica que dio origen a la vida a fines del periodo Hádico y comienzos del Arcaico, unos 4.000 millones de años atrás, comenzó en fumarolas ricas en azufre en el fondo oceánico. El azufre es un mineral no metálico, nativo, que tiene una dureza de 2 y un peso específico de 2, y que a pesar de su color amarillo se transforma en un polvo blanco si se raya o tritura. Los cristales son transparentes a traslúcidos y tienen un brillo resinoso o graso, hasta adamantino en algunas caras cristalográficas. El azufre arde con llama azul al calor de una vela, despide un fuerte olor acre y funde en un líquido rojizo. La etimología de la palabra azufre viene del latín en el sentido de “piedra que arde”, como también se lo conoce en inglés (brimstone). Se electriza por frotación y es mal conductor de la temperatura por lo que forma parte de los minerales llamados “cálidos”, o sea dan una sensación caliente al apretarlo entre las manos. Cristaliza en romboedros amarillos brillantes si la temperatura está por debajo de 95 grados (azufre-alfa), o en cristales monoclínicos de color amarillo pálido (azufre-beta) a temperaturas más altas. La historia del azufre en Salta representa una de las páginas más notables y menos conocida de la minería, los mineros y el ferrocarril cordillerano

El Tribuno