Entre lo sustentable y lo sostenible, nos olvidamos del desarrollo, por Eddy Lavandaio

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Deberíamos tratar de solucionar ese desequilibrio poblacional creando fuentes de producción y trabajo en otros lugares del territorio nacional para que las familias, y sobre todo los jóvenes, tengan las mismas oportunidades de progreso que otros buscaron en Buenos Aires. Así, el trabajo digno y las mejoras sociales que trae aparejadas, serían las condiciones que, en definitiva, mejoren su calidad de vida.

Queremos analizar uno de los ejemplos mas sencillos de distorsión de conceptos básicos que se ha producido en perjuicio del progreso económico y social del país.

El desarrollo sustentable fue definido por el informe Brundtland, Nuestro futuro Común, en la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo, en 1987, de la siguiente forma:

…»Desarrollo sustentable es el que permite satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades»

La palabra desarrollo es el sustantivo de la frase y está relacionado directamente con la satisfacción de las necesidades del presente y de las generaciones futuras. Damos por sobreentendido que los ciudadanos y sus familias deben satisfacer necesidades económicas y sociales en un medio ambiente sano, apto para la vida. En consecuencia, el cuidado del medio ambiente donde vivimos es una de las condiciones necesarias para que la definición se cumpla pero no deben dejarse de lado las económicas y las sociales (Principio Nº 4 de la Conferencia de Río de 1992).

Sin embargo, hemos podido apreciar que, poco a poco, se fue exagerando el rol del cuidado ambiental a la vez que se minimizaban los otros componentes de la definición original hasta hacerlos desaparecer. De esa forma, el adjetivo sustentable cobró vida propia y para que tenga entidad como tal se lo transformó en el sustantivo sustentabilidad. También surgió la polémica sobre si no es más correcto usar la palabra sostenible en lugar de sustentable. De esa manera se empezó a hablar de sustentabilidad y de sostenibilidad, y hasta se ha llegado a definirlos como cosas diferentes.

El resultado es que hay una tendencia a calificar cualquier actividad con alguna de esas dos palabras. Se habla de lo sustentable o de lo sostenible y se trata de descalificar a las actividades que se consideran insustentables o insostenibles con meros argumentos ambientales y sin considerar los económicos y los sociales.

Todas las distorsiones han sido sutilmente introducidas por organizaciones ecologistas que no responden necesariamente al interés nacional y por eso han dejado deliberadamente de lado la palabra desarrollo. El progreso económico y social de la Argentina mediante la generación de fuentes de producción y trabajo no es el objetivo de esas organizaciones. Lo lamentable es que muchos de nuestros políticos se han contagiado de ellos y toman decisiones en la misma dirección.

Uno de los justificativos que más esgrimen los políticos que adhieren a ese ecologismo es el de mejorar la calidad de vida entendiendo que eso se logra solo con medidas ambientales.

Sin embargo, asumamos que la Argentina es una nación donde casi la mitad de su población vive en el gran Buenos Aires. En gran medida ese es el resultado de la emigración de provincianos que no tenían futuro en sus lugares de origen y por eso se fueron a la gran ciudad, porque allí hay mas oportunidades de trabajo y de progreso social. Cabe destacar que esa urbe no posee el mejor medio ambiente del país, ni por la calidad del aire, ni por la del agua ni por la biodiversidad, y sin embargo muchos se fueron a Buenos Aires buscando una mejor calidad de vida para sus familias.

Se trata de una realidad que no podemos ignorar ni esconder. Deberíamos tratar de solucionar ese desequilibrio poblacional creando fuentes de producción y trabajo en otros lugares del territorio nacional para que las familias, y sobre todo los jóvenes, tengan las mismas oportunidades de progreso que otros buscaron en Buenos Aires. Así, el trabajo digno y las mejoras sociales que trae aparejadas, serían las condiciones que, en definitiva, mejoren su calidad de vida.

La insustentabilidad del sustento

Uno de los ejemplos de distorsión, tal vez el mas notable de los últimos tiempos, es la descalificación de la minería. Influyentes dirigentes de organizaciones ecologistas, basados en que la minería extrae recursos no renovables y produce un impacto ambiental, la han calificado como una actividad insustentable. A partir de esa descalificación hemos visto realizar costosas y bien organizadas campañas para «concientizar» a niños, adolescentes y adultos de que la minería es dañina y debe prohibirse. Y también hemos visto a gobiernos y legisladores tomar decisiones acordes con esa descalificación.

Ese es el resultado de la distorsión del concepto original. En efecto, sin minería no existirían ni las industrias ni la producción de energía, ni las demás cosas que tenemos y usamos. Nuestro desarrollo industrial se sustenta en el uso de materias primas minerales. Es decir que el sustento del desarrollo industrial fue calificado como insustentable.

Esto es una incoherencia que va más allá de un simple juego de palabras. Es un ejemplo para advertir que se vienen adoptando medidas y dictando normas de exagerada protección ambiental que en muchos casos desalientan las inversiones y la creación de fuentes de producción y trabajo.

Nuestra Argentina de hoy, además de la pandemia, padece deudas, inflación, pobreza y desocupación, en suma, una crisis de la que no vamos a salir si seguimos insistiendo en defender postulados conservacionistas sin hacer nada para solucionar lo verdaderos problemas que nos aquejan.

Las materias primas minerales son imprescindibles para la continuidad de las industrias de ahora y del futuro. Necesitamos que la exploración y la producción de minerales se sume y forme parte integral del desarrollo sustentable del país, porque acá, como en cualquier otra parte del mundo, la gente mejora su calidad de vida con producción y trabajo.

EL AUTOR. Eddy Lavandaio. Geólogo. Matrícula COPIG 2774A. Miembro de la Asociación Geológica de Mendoza.

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