San Juan: Un gigante de cobre en la herencia familiar

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Walter Pujado (53) lleva casi la mitad de su vida trabajando en el Proyecto El Pachón. Es carpintero y un día puso su taller en alquiler porque sabía que la minería le abriría las puertas al progreso. Siendo minero fue papá de cuatro hijos y hoy ya tiene dos nietos.

Desde niño escuchó hablar del Proyecto El Pachón. En charlas donde participaba más de un integrante de su numerosa familia y donde los hombres adultos eran, en su mayoría, arrieros que conocían como la palma de la mano la Cordillera calingastina. Nacido y criado en Barreal, siguió esta especie de “tradición” familiar, heredada, y trabaja desde el año 1997 en el cuprífero que hoy opera la empresa Glencore.

De oficio carpintero, estuvo unos años trabajando en una productora de bentonita cuando faltaba tecnología y todo era artesanal. “Primero fui chofer y después me metía adentro del cerro a sacar mineral. Recuerdo que era un túnel de 400 metros con realces a 80 metros, bastante lejos de la superficie”, comenta Pujado.

Su puesto en Glencore-El Pachón es Supervisor de Máquinas en movimiento de suelos, pero antes pasó por varias funciones y se fue acomodando a cada empresa que llegaba para hacerse cargo del Proyecto.

“Toda mi familia ha trabajado en El Pachón. Y yo vengo siendo el último de esa generación. Ellos llevaban el cargamento que se hacía a mula, con hasta 80 animales, cuando se inició el Proyecto. Después subieron las primeras máquinas y armaron el primer Jeep”, detalla el calingastino antepenúltimo de ocho hermanos.

Walter Pujado tiene tres hijos y todos pudieron estudiar en el departamento del oeste. Su hijo mayor de 25 años es Técnico en Geología, su hija dos años menor es Profesora y su otra hija, la menor, cursa el 5° año del secundario.

    “Preferí trabajar en minería porque me convenía tener un sueldo fijo y obra social. Pensé en el futuro y en mi familia. No se compara el sueldo que se gana trabajando de otra cosa en el departamento con el de una minera”

Pujado recuerda sus primeros años en El Pachón cuando supo estar hasta cuarenta días en la Cordillera sin comunicación familiar “porque no teníamos internet ni teléfono. Después de la campaña de verano, hacíamos turnos de 21×21 para ir en helicóptero y mandar datos sobre la nieve y el agua. Yo lo hacía porque quería progresar y así fue”, concluye.

Cámara Minera San Juan