México en la carrera por el litio: ¿podría convertirse en el principal productor del mundo?

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Después de que en 2019 se encontrara una de las reservas de litio más grandes del mundo en México, el país se dirige a competir en la carrera de una de las industrias más codiciadas del momento.

El litio es uno de los minerales más requeridos en el mundo por su importancia en la fabricación de baterías recargables y autos eléctricos. En la última década, la demanda de este mineral aumentó a la par del uso de dispositivos electrónicos portátiles, por lo que, se prevé que el llamado «oro del futuro» se mantenga en el top de los recursos más requeridos durante los próximos años.

Bloomberg New Energy Finance estima que las ventas anuales de baterías hechas de iones de litio podrían llegar a tener un valor de 100.000 millones de dólares para 2029 y cerca de 116.000 millones de dólares para 2030.

Por ello, los países que tienen reservas de litio —entre ellos, varios países de América Latina— han comenzado a alistar diversas estrategias para potencializar las ganancias de este mineral en beneficio de sus economías internas.

En este escenario, se encuentra México que, recientemente, descubrió uno de los yacimientos de litio más grandes del mundo. Según Mining Technology, los Estados Unidos Mexicanos lideran la lista de países con las mayores reservas de dicho mineral al contar con un depósito —ubicado en Bacadéhuachi, Sonora— de 243,8 millones de toneladas de reservas probadas y probables.

El litio en la etapa posterior a la pandemia

En febrero de 2020, el subsecretario de Minería, Francisco Quiroga, dijo que después del hallazgo del yacimiento en Sonora diversas compañías internacionales mostraron interés por iniciar proyectos para la explotación del litio mexicano.

Con la pandemia por COVID-19 parecían haberse detenido las operaciones mineras, pero no es así pues el proyecto Sonora Lithium continúa. En este, la empresa británica Bacanora Lithium y la china Ganfeng Lithium invertirán alrededor de 420 millones de dólares.

«Sonora será una operación a cielo abierto que se propone desarrollar en dos etapas, y la primera tendrá una capacidad de producción de 17.500 toneladas anuales de carbonato de litio. La segunda etapa duplicará la capacidad de producción a 35.000″, indica el informe llamado Las 10 minas de litio más grandes del mundo.

De acuerdo con Oliver O’Donnell, director de investigación de VSA Capital, la industria del litio se podría beneficiar en la etapa posterior a la pandemia en la medida en la que se busque una recuperación económica basada en alternativas verdes que, a su vez, impulse el mercado de los vehículos eléctricos.

O’Donell, consultado por Milenio, dice que la crisis sanitaria por el COVID-19 ocasionó suspensiones temporales y retrasos en Sonora, pero con un impacto relativamente menor. Una planta piloto de procesamiento fue clausurada a fines de marzo para reabrir en junio y el proyecto por parte de Ganfeng se retrasó debido a la cuarentena en China a principios de año.

«Eso sumó unos tres meses al cronograma de revisión, pero más adelante este año deberíamos tener algunos resultados clave, como posibles reducciones de gasto de capital y algunas optimizaciones de procesos», comentó el directivo.

Por otra parte, los trabajos de los consultores estadounidenses también se retrasaron, por lo que el diseño del concentrador y la optimización del horno se aplazaron tres meses. Sobre esto, O’Donell apunta que Bacanora debería estar lista a finales del tercer trimestre «para avanzar y comenzar el proceso de financiamiento del proyecto».

México en la carrera del litio

Si bien, la industria del litio en México se proyecta para ser una de las más competitivas, el camino que le falta aún es largo en comparación con otros países que llevan décadas en la explotación del mineral. En la región de América Latina, por ejemplo, destacan los casos de Bolivia, Chile y Argentina, que llevan la delantera en experiencia.

A principios del siglo XXI el valor del litio tenía precios por debajo de los 2.000 dólares por tonelada, pero en 2018 aumentó a 16.5000 dólares por tonelada. Pero con el aumento en la demanda del mineral, la producción ha venido creciendo por arriba del 10% al año. En 2019, el precio se colocó en 10.500 dólares por tonelada.

De acuerdo con el diario mexicano, la expectativa es que a mediano plazo los precios se estabilicen alrededor de los valores vigentes; esto, debido a que al crecimiento de la oferta le corresponderá un incremento de la demanda de los vehículos eléctricos y el uso del litio en el sector energético como medio de almacenamiento.

«Había pocos proyectos y eso hacía prever que podría sobrevenir una escasez, pero hoy hay muchas iniciativas en carpeta en Australia, Argentina y Chile, lo que hace que el precio esté en niveles más reales», expone Pablo Terrazas, vicepresidente ejecutivo de Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) en Santiago de Chile.

En consecuencia, México que recién comienza en la cerrera del litio podría verse beneficiado por la demanda constante y la proyección de precios altos durante los próximos años. Como factor adicional, al país le podría ayudar la cercanía que tiene con los centros de fabricación de autos eléctricos más importantes del mundo: Estados Unidos, Europa y Asia.

«La industria automotriz mexicana está mucho más integrada a las cadenas de producción globales que las industrias sudamericanas. Hay mayor probabilidad de que el litio pueda industrializarse en México antes que en Argentina, Chile o Bolivia», explica Gustavo Pérego, director de la consultora ABECEB en Buenos Aires.

A pesar del potencial de la industria del litio en México, esta podría tardar en desarrollarse forma óptima debido a que el Gobierno no ha desplegado estrategias que apunten hacia una recuperación económica basada en la potencialización de los proyectos existentes ni ha iniciado nuevos.

Aprender de la experiencia

Dado que México recién comienza su camino en la industria del litio, expertos consultados por Milenio señalan que el Gobierno deberá analizar experiencias de otros países de América Latina que llevan más tiempo en la explotación del mineral para poder potencializar la industria nacional.

Augusto Rodríguez Díaz, especialista en Recursos Minerales y Geotérmicos del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), advierte que «falta una estrategia del Gobierno y un acercamiento a otros países de la región con un desarrollo más avanzado para aprovechar sus experiencias».

Con esquemas de explotación diversos, Chile, Argentina y Bolivia conforman el «triángulo del litio» porque juntos concentran más del 60% de las reservas probadas del mineral a nivel mundial. Por lo tanto, la experiencia de estos países podría servir de guía para que el Gobierno de México optimice su propia industria del litio.

En este caso, Chile sirve para representar las barreras que deberán superarse para lograr la integración de la actividad minera con la cadena productiva. Pues a pesar de que con el salar de Atacama, las exportaciones chilenas cubren alrededor del 40% de la demanda mundial, el país sudamericano no ha logrado darle un mayor valor agregado a su producción.

Por su parte, Argentina tiene un esquema que prioriza la participación privada a través de concesiones, lo cual le ha permitido tener un crecimiento muy importante en lo que se refiere a la cantidad de proyectos.

«México puede tomar nota de los modelos que se pusieron en práctica en Suramérica porque toda la región tiene marcos jurídicos basados en la antigua Ley de Minería, que establece que todo lo que está bajo tierra pase a ser parte del Estado», añadió Pérego de ABECEB.

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